Editor: Esdras Mendoza Rios

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Lo que le hace daño a la tierra…

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El génesis de la oración

La oración es el ejercicio de nuestra autoridad sobre la tierra al darle a Dios la libertad de intervenir en los asuntos terrenales.

 

Puede que cuando oramos y no recibimos respuesta a nuestras oraciones nos preguntemos: “¿Cuál es el propósito de la oración?” ¿No hace Dios todo lo que Él quiere hacer, sin importar cómo? ¿Por qué tendríamos que orar cuando ya Dios: lo sabe todo, lo  controla todo, lo predetermina todo y él no cambia?

Para comenzar, Dios hace todo con un motivo, pues Él es un Dios de propósitos. Sus actos no son arbitrarios. “Jehová de los ejércitos juró diciendo: Ciertamente se hará de la manera que lo he pensado, y será confirmado como lo he determinado” La humanidad fue creada para reflejar la naturaleza de Dios y para tener compañerismo con él.

 

La humanidad no puede revelar la imagen y semejanza de Dios si no entabla una relación con Él.  “El consejo de Jehová permanecerá para siempre; los pensamientos de su corazón por todas las generaciones” Isaías 14:24. “Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; mas el consejo de Jehová permanecerá” (Salmo. 33:11). Dios es un Dios de propósitos y todo lo que Él ha creado en este mundo, incluyendo hombres y mujeres, ha sido creado para cumplir Sus propósitos. Por eso, cuando Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Génesis
1:26), ¿qué revela esta declaración acerca de Sus propósitos para la humanidad y la razón para orar?

Primero, Dios creó a la humanidad para reflejar Su carácter y personalidad. Fuimos creados para ser como Él, teniendo Su “imagen” y “semejanza” (Génesis 1:26). Esto significa que fuimos creados para tener Su naturaleza y carácter moral. Esa debía ser la esencia de nuestro ser. La razón personal de Dios para crear la humanidad fue para establecer una relación de amor mutuo con ella.
Dios creó a la humanidad a Su propia imagen para que el amor pudiera ser dado y
recibido libremente entre el Creador y lo creado. La única razón para que el hombre pueda tener compañerismo con Dios es que Dios lo creó de Su propia esencia. Él creó al hombre con espíritu, así como Él es Espíritu. “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24).

Aunque Dios es el Creador, Él siempre ha enfatizado que es el Padre del hombre. No ha sido Su deseo que primeramente se piense que él es un “fuego consumidor”  (Deuteronomio 4:24). Dios quiere que nos acerquemos a Él como un niño lo haría con un padre amoroso: “¿No es él tu padre que te creó? Él te hizo y te estableció”  (Deuteronomio 32:6). “Como el padre se compadece de los hijos, se compadecerá Jehová de los que le temen” (Salmos 103:13). El hombre fue creado de la esencia de Dios, aunque siempre depende de Dios como su Fuente. Como seres humanos, no somos autosuficientes (Salmo 100)  (Juan 15), aunque nos gustaría pensar que lo somos.
No podemos revelar la imagen y semejanza de Dios si no entablamos una relación con Él. La idea era que reflejáramos la naturaleza de Dios en el contexto de estar conectados continuamente con Él en compañerismo. Primera de Juan 4: 16 dice, “.. .el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él”. Ningún ser humano estará verdaderamente satisfecho con la vida hasta que él o ella amen a Dios. Dios debe tener el primer lugar en nuestras vidas porque fuimos diseñados para hallar cumplimiento y máximo significado en Él.

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