Editor: Esdras Mendoza Rios

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Espero esa cita…

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Cuando pasamos por dificultades, nuestra vida de oración parece incrementarse, cosa que no debiera ser así, pero es lo que muchas veces sucede. Recurrimos a Dios para buscar de su ayuda y salvación. Es en esos momentos que esos encuentros vuelven a reavivarse, no entendemos porque dejamos de acudir a la cita, siendo que éste es el encuentro que nos conforta y llena de paz para sobrellevar este mundo atiborrado de muchos males y pesares.

Es a través de estos momentos, cuando oramos agradeciendo que nos damos cuenta de lo maravilloso que es el amor de Dios para con nosotros, cuantas bendiciones, cuanto gozo, cuanta paz. Nos habíamos olvidado de enumerar cuantas bendiciones llegan diariamente a nuestra vida.

Después de orar, siento algo en lo hondo de mi ser; agradezco a Dios por tanta bondad y cuidado, pero no quiero terminar de estar a solas con Dios. Me levanto y al parecer mi vida sigue igual, pero nada más en apariencia, yo ya soy otra persona. Regreso a mi rutina con gozo y alegría, pero, sin embargo, siento una cierta tristeza, un sentimiento sutil de aplazamiento, como cuando la oscuridad apaga los brillantes colores de una puesta de sol perfecta y uno se da cuenta de que tiene que esperar otra tarde para volver a disfrutar de esa belleza.

A menudo no estoy seguro de querer abrir los ojos, pero cuando lo hago, me doy cuenta de que el amor de Dios ha cambiado todo. El clima, el tráfico, el trabajo, las personas, los problemas, todo ya no presentan un reto; las personas que han tratado de hacerme daño ya no son mis enemigos; veo a todos a través del amor de Dios como mis hermanos. El estar lleno del amor de Dios es lo que nos da más dicha y vale cualquier esfuerzo.

Le doy gracias a Dios por ese tiempo especial y por los muchos recordatorios de su amor: el sol, la luna, las estrellas, la tierra, el nacimiento de un niño, la sonrisa de una amistad. Le doy gracias por su Palabra, por el privilegio de tener la oración y por el recordatorio más maravilloso de existencia: Su amor.

Mis Pensamientos breves

Cuántas veces al orar “El Padre Nuestro” aplicándolo como modelo en nuestras oraciones no llegamos ni siquiera al momento de “…Hágase tu voluntad…” porque en ello perdemos la propia. Sólo que todo lo que digamos después carece de sentido.

Dios es un Dios perdonador, el nos perdona, somos nosotros, por increíble que parezca que ponemos el requisito: “… como nosotros perdonamos a nuestros deudores…”

En muchas ocasiones te has encontrado orando: “Señor quiero ayudar, pero no tengo recursos…” ¡Qué magnifica oportunidad se te presenta hoy! ¿Desear ayudar? ¿Deseas sacar de deudas a alguien? ¡Perdona! El perdonar es saldar una deuda que alguien ha contraído contigo.

Elías, un hombre común

 

10968426_10203844001714469_8949386514378342959_nEn la búsqueda de edificar una poderosa y efectiva vida de oración, ayuda mucho y es sabio ver los ejemplos de la gente que modelaron ese tipo de vida de oración. Existen muchos ejemplos en la Palabra,  sólo que ahora, vamos a ver por un momento a Elías.

 

Aquí tenemos a un verdadero guerrero de la oración, un hombre que entendió el aspecto de escuchar en oración. En 1 Reyes, leemos que invocó fuego del cielo, resucitó al hijo de la viuda, e hizo todo tipo de milagros. Santiago nos dice que cuando Elías oró para que la lluvia se detuviera, no llovió por tres años y medio. Después oró para que lloviera-¡y sucedió! Es difícil identificarse con Elías. Sus hazañas fueron tan increíbles, nos lo imaginamos como a alguien fuera del alcance de la gente ordinaria. Parece mucho más que un común seguidor de Dios. Pero Santiago 5:17 nos dice que “Elías era un hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras.” En otras palabras, era como tú y como yo-de pasiones semejantes. Elías sabía lo que era tener miedo. Estar desanimado. Conocía las emociones y debilidades que experimentamos. Y cuando leemos que Dios lo usó poderosamente, a pesar de su flaqueza humana, sabemos que Dios puede usarnos también.

 

Elías puede enseñarnos mucho con respecto a la oración. Su historia confirma que la oración no es, y nunca debe ser, un monólogo. En lugar, la oración es realmente un diálogo-una conversación con Dios.

 

En 1 Reyes 17:1, Elías abordó al Rey Acab y dijo, “vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra.”

Lo que Elías estaba diciendo era, “voy a (más…)

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Aquí puedes descargar una guía para estos 40 días.

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¿Pedís y no recibís?

¿Has pasado muchos momentos en oración y sientes que no tienes una respuesta? O al menos no la que tú estás esperando y pareciera que Dios ha cerrado su oído para contigo, pues bien, déjame decirte que “Atento esta Dios a los que le temen”, Dios siempre escucha nuestras oraciones pero por lo regular no nos da lo que pedimos sino lo que necesitamos, muchas veces van a coincidir, pero otras muchas no, y es ahí donde surge la duda ¿realmente Dios me escucha? ¿Por qué no me da lo que le estoy pidiendo?

 

Aspecto 1.-No recibimos porque… Pedimos mal (Santiago 4:3) “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.”

Nada de lo que provenga de la codicia, envidia, o deseos sensuales provocados por nuestras pasiones será digno de responderse, Dios nos ha dicho que no somos de este mundo, que no debemos permitir que este mundo nos apriete en su propio molde, sino que debemos cambiar nuestra forma de pensar, y entonces estaremos de acuerdo que la voluntad de Dios, o sea, lo que resulte para nosotros, es agradable y mejor, es perfecta; Y ese cambio en la forma de pensar nos lleva a pensar como Dios piensa, no de una manera egoísta, sino siempre a favor del reino de Dios, debemos recordar que todo lo que hagamos sea de palabra o de hecho debemos hacerlo para el Señor quien dirige nuestras vidas, ya no vivimos nosotros, sino Cristo en nosotros y a través de nosotros.

Por ejemplo, hay quienes pasan sus vidas pidiendo a Dios una camioneta, y dicen Dios no oye, no me da lo que le pido, la pregunta es; ¿Hemos oído nosotros a Dios? Cuando nos demanda que intercedamos por los demás, cuando nos pide que hagamos vallados por las ciudades, cuando nos dice que velemos y oremos, cuando dice: ¿Quien irá por nosotros?

¡Cambia tu forma de pedir! Como me bendice escuchar y conocer incluso, hermanos a los cuales, sin haberlo pedido, Dios les concede de manera inexplicable y de quien ellos no conocen algunas bendiciones, entre ellos, algunos vehículos, mejor de lo que pudiésemos imaginar comprar.

Nuestras oraciones no deben ser: “Deseo”, “Quiero”, o peor aún, “exijo”, pongamos la mira en las cosas de arriba, en las cosas que tengan valor para el reino, somos negociantes del mismo y debemos buscar los intereses del rey,  pensemos en todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, lo que es de buen nombre, en todo aquello que veamos virtud o algo que merezca alabanza y aprobación de nuestro Señor. (más…)

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Que es la oración

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La oración

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