Editor: Esdras Mendoza Rios

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Hemos olvidado su poder…

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La culpa

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Una de las motivaciones erróneas para cambiar. La Culpa.

La culpabilidad no puede tomar el lugar de la obra del Espíritu Santo en nuestra vida. Funciona aparentemente, pero su influencia y efectos es temporal, al rato ya estamos en la misma condición, por haber vuelto a hacer lo mismo que antes. Sólo cuando te presentas en el altar del sacrificio de todo lo que eres y de todo lo que debes, es cuando empieza a llevarse a cabo la verdadera transformación de la mente y corazón.

Lo único que tiene poder para transformar y cambiarnos de adentro para fuera y transformar nuestro corazón, es el evangelio. Necesitamos arrepentirnos, necesitamos venir a Cristo, necesitamos el fruto del Espíritu Santo para transformarnos de tal forma que brote ese amor que nos va a motivar a hacer lo que no podemos hacer de ninguna otra forma. Esa motivación es la correcta. ¿Cuál es entonces? Si, El Amor que brota en nosotros por medio del Espíritu Santo.

El que quiera salvar su vida…

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Para los que piensan que con  todos los cambios en las leyes permitiendo cosas que la palabra de Dios dice que son ofensivas a Él y que van en contra de la sociedad, no le pasará nada a la iglesia, que no va a llegar a cimbrar sus bases, sus argumentos y su convicción, déjenme decirles que, hace muchos años, sucedió algo parecido.

Según sé, que las cosas quedaron escritas con un propósito: “Estas cosas les sucedieron como ejemplo, y fueron escritas como enseñanza para nosotros, para quienes ha llegado el fin de los siglos.” (1a Corintios 10:11)

Nacido de mujer, no hubo otro como Él, según palabras del propio Señor, refiriéndose al profeta Juan “El bautista”, una dedicación al propósito de su venida, a la pasión por Dios, una vida consagrada de tal forma, que pensaríamos que nada malo pudiera pasarle, porque la gracia de Dios estaba con él y así mismo brillaba la luz de Dios en su vida.

Pero, las autoridades, estando en el poder se obcecan, y parece que pueden hacer todo lo que les parezca, incluso contra las leyes universales y eternas establecidas por el Eterno. Haciendo caso omiso de lo que hasta el momento imperaba, el representante del gobierno en turno, contra toda lógica sensata y toda ley guardada, toma para si a la mujer de su hermano.

¡A ver quien se atreve a decirle algo! Pues bien, para eso estaba Juan, quien no se cansó de denunciar el pecado, aun en su propia cara. Esto le costo el encarcelamiento.

No hubo nada milagroso, ningún Ángel vino a prestar auxilio, no se soltaron las cadenas ni se derribaron los muros…algo estaba a punto de suceder.

Algo que va contra nuestra percepción de lo que deben ser las cosas y lo que les debe suceder a los hijos de Dios.

El mal a todo lo que da, sin rendirle cuenta a nadie, y sin que “nadie” intervenga y ponga límite a sus desvaríos. Ahora ya no es nada más la mujer de su hermano, ahora los ojos están puestos en la hija de su hermano, a quien tampoco parece desagradarle la idea, se ha preparado mucho para ese momento, ha practicado, a seleccionado la vestimenta adecuada, la vestimenta de la tentación, la vestimenta del pecado. Al fin y al cabo tiene el “poder”. Pudo más el desenfreno sexual que amoldarse a los lineamientos de Dios, pudo más ceder a las peticiones de personas inmorales y sucias, pudo mas que el temor a Dios. Aunque sabía que era Santo, por eso no lo había matado antes, sucumbió ante la presión social, atado bajo sus mismas palabras.

Se dictó sentencia, y es traída la cabeza del mayor de los profetas como muestra de la afrenta a Dios y como prueba de la bajeza del hombre. Se tuvo la delicadeza de traerla en una charola de plata, exhibiendo la impunidad, la deshonra, la falta de respeto a las leyes divinas. ¡Que siga la fiesta!

Es noche de celebrar, ha vencido el culto a lo sensual, a los sentidos, a la bajeza, ¡Ha caído un grande! ¡Ha triunfado el mal!

Esperábamos otro resultado, pero así es la palabra, desenmascara todo lo malo que somos, y lo peor, es que no aprendemos la enseñanza.

El profeta Juan se atrevió a denunciar de frente, hoy parece que escondemos nuestra cabeza para salvarla, y callamos nuestras voces. Isaías nos reprende:

“Pues los líderes de mi pueblo, los guardianes del Señor, sus pastores, son ciegos e ignorantes. Son como perros guardianes silenciosos   que no advierten cuando viene el peligro. Les encanta estar echados, durmiendo y soñando.” (56:10)

¡Cuidado! No sea que terminemos como ellos, uniéndonos a su fiesta:

“Vengan —dicen ellos—, consigamos vino y hagamos una fiesta. Emborrachémonos todos.
¡Mañana lo haremos de nuevo, y tendremos una fiesta aún más grande!.” (56:12)

Extractos acerca de la oración Parte 4

 ¡Es mucho lo que nos perdemos por estar centrándonos en lo poco! Jesús regañó a Jacobo y a Juan. No obstante, léase Mateo 20: 20 – 28 como si fuera la primera vez. La madre y los hijos vinieron a Jesús y le adoraron. Aun dando lo mejor de sí, ¡el hombre falla! Ninguno es perfecto. Ellos hicieron una petición. Nótese la respuesta de Jesús: “¿Qué quieres?”. Jesús desea que le pidamos; quiere darnos a nosotros. No es erróneo venir ante Jesús, y pedir de él. El regaño de Jesús es serio, incluso severo. “No sabéis lo que pedís”.

Jacobo y Juan fueron apellidados “Hijos del trueno” por Jesús. El tiempo y la madurez cambiaron la forma como eran conocidos. Jacobo fue el primer apóstol en ser martirizado. Juan se convirtió en el amado “apóstol del amor”. Siendo honestos, miramos con horror lo que alguna vez deseamos. Lo que alguna vez codiciamos resulta ahora repulsivo. La oración nos transforma porque nos madura.

Los otros apóstoles estaban indignados con Jacobo y Juan—esto puede significar que, sencillamente ¡estaban disgustados por no haber pensado ellos antes en tal petición!

Habrá alguno que ore pidiendo lluvia; mientras que otro estará orando porque brille el sol. Hay oraciones que se neutralizan unas a otras. Dios hace que llueva sobre los justos y los injustos. Dios no puede contradecirse a sí mismo. Con cerca de cinco mil millones de habitantes que hay en el mundo, ¡Dios tiene sus manos llenas! ¡Reconózcalo! Muchas oraciones son juveniles. ¡Son egoístas y erróneas! Miramos a Jacobo y a Juan con indignación, luego les tenemos lástima, y por último nos causa risa. ¡Son iguales a nosotros! (más…)

Extractos acerca de la oración 2da. Parte

Muchos reducen la fe a un ídolo -creen en el creer. Aunque contradicen toda lógica, están orgullosos de su fe, se jactan de su fe.

La fe lo hace a uno humilde. La fe se gloría en el objeto de  ella, no en el poseedor de ella. La fe no es ilusión. La fe no es creer que algo es verdadero cuando uno sabe que no lo es. La fe es confianza en Dios, no fe en la fe.

La fe no cambia la realidad. La fe no es certidumbre. A  Abraham no se le dio un mapa de caminos. “Salió sin saber a dónde iba”. Esta es la aventura de la fe, es poner nuestra mano en la mano de un Dios en quien se puede confiar. “Grande es tu fidelidad”.

¡La fe es humildad, dependencia, renuncia, obediencia, vida!. Somos salvados, santificados, glorificados por la fe. La fe ora. La oración es la voz de la fe. La fe es confianza en Dios, no en uno mismo. La fe es estar muerto a uno mismo y totalmente entregado a Dios. Nuestra oración es el concepto real que tenemos de Dios. Nuestra oración es nuestro verdadero concepto de la fe. La fe no consiste en que se han recibido todas las  peticiones; la fe consiste en vivir sin las respuestas. La oración tiene sentido sólo cuando se vive. Job definió plenamente la fe y la oración: “He aquí, aunque él me matare, en él esperaré”.

Sólo hay una conclusión: “Dios es el gran sabedor de todo en la vida!”. “La oración alaba lo altísimo de Dios” (más…)

El fundamento de la oración

Saludos a todos…

Me pareció impactante está perspectiva acerca de la oración que hoy les comparto, la verdad cambia radicalmente la manera de entenderla y practicarla. Espero sea de ayuda y bendición en tu vida.

Para entender el principio de la oración, es necesario intentar entender la mente y el propósito del Creador mismo. La oración es un resultado de la estructura de la autoridad entre el cielo y la tierra, la cual fue instaurada por Dios; como también es un producto de la fidelidad de Dios a Su Palabra. La oración es tan simple como el respeto a la autoridad de Dios. Esto es debido a que la oración surgió de los arreglos que hizo Dios para la asignación del hombre en la tierra; esto se dio cuando el Credo habló dos palabras durante el proceso de la creación: “y señoree”. Estas palabras son anotadas en el primer capítulo del primer libro de la Biblia: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra” Génesis 1:26-27.

Estas palabras son cruciales para entender el principio de la oración, puesto que ellas definen la relación que el Creador había pensado y deseado con el hombre en el planeta tierra. El mandato del Creador para que el hombre dominara la tierra fue establecido en la declaración, pero los parámetros del dominio fueron establecidos con las palabras, “y señoree”. Con estas palabras, el Creador definió los límites de Su derecho para legalmente influenciar e interferir en el reino terrenal. Esto se basa en el principio de la integridad y el compromiso de Dios para con Su Palabra. ¿Por qué es esto tan importante? Debido a estos cuatro principios:

  • El propósito de Dios es más importante que nuestros planes.
  • Dios ha colocado Su Palabra incluso por sobre El mismo.
  • Dios nunca violará o incumplirá Su palabra.
  • La santidad de Dios es el fundamento de su integridad y fidelidad.

Estos principios son esenciales para entender la naturaleza y el propósito de la oración. Son estos preceptos los que hacen que la oración sea necesaria. El primer principio establece la verdad de que el compromiso del Creador a Su pensamiento original para la creación es una prioridad para Él y éste motiva y regula todas Sus acciones. En esencia, todo lo que Él hace va impulsado por Su deseo propuesto, el cual nunca cambia. De hecho, Su declaración es clara al decir, “Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; mas el consejo de Jehová permanecerá.” (Proverbios 19:21)

Una vez más, Él declara:

“Que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero (Isaías 46:10-11).

“Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié (Isaías 55:11-12).

“En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad (Efesios 1:11).

“Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento (Hebreos 6: 17).

Finalmente, su compromiso para con su propósito es expresado en las siguientes palabras:

“Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido (Mateo 5:18-19).

Estas declaraciones revelan el compromiso eterno de Dios, quien no hace concesiones con su propósito y sus planes. Su propósito es su voluntad y deseo, los cuales Él mismo cumplirá. No obstante, es esencial saber que su compromiso para cumplir su propósito nunca será a expensas de violar su palabra escrita o hablada. Es ese compromiso a su Palabra lo que da la base al principio de la oración. La Palabra de Dios no es solamente una ley para el hombre, porque también es llamada “la Ley de Dios”. Esto implica que cada palabra que Dios enuncia es también una ley que Él mismo debe cumplir. Debido a su integridad, Él se someterá a sí mismo a sus promesas y decretos. En el libro de Salmos encontramos estas palabras: (más…)

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