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¿Qué sucede cuando Alabamos a Dios?

¿Qué sucede cuando
Alabamos a Dios?

Pablo y Silas pasaron momentos difíciles, pues ambos fueron azotados y luego echados dentro de una cárcel oscura y sucia. ¿Qué harías tú en semejante situación? ¿Qué haría yo? Lo que hicieron estos dos prisioneros es sorprendente: comenzaron a cantar himnos a Dios (Hechos 16), ¿alabar en estas circunstancias? Como que ellos sabían algo que nosotros muchas veces desconocemos. ¡Qué increíble! Las paredes se derribaron y los grilletes fueron rotos ¡Plena libertad de opresión!

Josué 6:2 “Mira, Yo he puesto en tus manos a Jericó y a su rey y a todos sus valientes. Dad la vuelta a la ciudad una vez al día todos los hombres de armas. Y haréis esto por espacio de seis días. Y al séptimo tomen los sacerdotes siete trompetas de las que sirven para el jubileo, y vayan delante del Arca del Testamento, y en esta forma daréis siete vueltas a la ciudad, tocando los sacerdotes sus trompetas; y cuando se oiga su sonido más continuado y después más cortado, e hiriere vuestros oídos, todo el pueblo gritará a una con grandiosísima algazara, y caerán hasta los cimientos los muros de la ciudad por todas partes, y cada uno entrará por la que tuviere adelante”.

¿Cómo? ¡No pelearemos con nuestras armas!

Claro que no, ustedes sólo obedezcan y verán la salvación de Dios, porque a través de la alabanza (grandiosisima algaraza) él desatará su fuerza libertadora y hará que las barreras sean disipadas delante de ti como se desmorona la arena.

En el camino de Jericó a Jerusalén vemos la curación del ciego en las puertas de acceso. El  relato, uno de los más bellos del Nuevo Testamento, hace referencia al suceso.
“En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó (sugerente ¿no?), estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna; al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello. Le informaron que pasaba Jesús el Nazareno y empezó a gritar, diciendo: ¡Jesús,
Hijo de David, ten compasión de mí! Los que iban delante le increpaban para que se callara, pero él gritaba mucho más: ¡Hijo de David, ten compasión de mí! Jesús se detuvo, y mandó que se lo trajeran y, cuando se hubo acercado, le preguntó: ¿Qué quieres que te haga? Él dijo: ¡Señor, que vea! Jesús le dijo: Ve. Tu fe te ha salvado. Y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios”. Lucas 18: 35 – 43

Hasta este momento nadie había adorado así a Jesús, ¡Hijo de David! Con esto él estaba reconociendo que Jesús era el mesías por lo tanto era Dios y lo proclamo a los cuatro vientos sin importar lo que los demás pensaran al respecto, el resultado: ¡Recobro la vista! Pero si se dan cuenta también produjo un ¡Aleluya! Que traducido es: ¡Alabemos a Jehová! –De la raíz hebrea Hallal que se traduce como Alabanza y la combinación con
el sufijo Yah que es la contracción poética de Yahvé – “… y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios(más…)

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