Editor: Esdras Mendoza Rios

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La-voluntad-de-Dios

Aporte por la Pastora Rebeca Sol Corzo.


Verdaderamente aceptar que la voluntad de Dios, Jesucristo, es lo mejor para nosotros no es fácil, significa renunciar a lo que queremos: a nuestros “tesoros de papel”, a los “becerros de oro deslumbrantes”, a nuestros “castillos de arena” que ofrecen la satisfacción inmediata a nuestros deseos, aun usando “medios espirituales”.

Por seguir nuestra voluntad que parece “buena”, ocupados como Marta en levantar empresas humanas “para el bien”, sin tiempo diario para deleitarnos en Jesús, dejamos de recibir la gracia diaria del crecimiento espiritual que Dios quiere darnos.

El pecador peca no porque no pueda dejar de hacerlo, sino porque no toma la gracia de Jesús para no pecar, quiere dejar de pecar pero a su manera, con sus fuerzas, con su débil mente, pues él o ella “saben cuando dejar ese vicio”.

Dios quiere hacernos “autarkés” capaces de vivir contentos en cualquier situación, pero con Cristo, sin buscar paliativos que mermen la pena (pero evitan aprender a sufrir) o satisfactores (que crean dependencia) aunque temporalmente aumenten la alegría, pero dificultan la obediencia e impiden la madurez.

Dios quiere, no que seamos como los estoicos: autosuficientes en nosotros mismos, sino que veamos a Jesús como lo suficiente para nosotros. Ya lo dice John Baillie en su libro de oraciones: “Pide demasiado quien no tiene a Dios como lo suficiente”. Dios quiere que podamos declarar como lo haría Pablo desde la cárcel: “He aprendido a estar contento cualquiera sea mi situación (pobre o rico, con trabajo y sin trabajo, con experiencias sublimes y sin ellas, solo o acompañado, enfermo o sano)pues…todo lo puedo en Aquel, en Cristo que me fortalece” (Fil 4: 13).

Buscar, encontrar y vivir al lado de Jesucristo es la voluntad de Dios para la humanidad, la clave de la vida plena, pues si Él está a nuestro lado: ¡Todo lo podemos (estar en la escasez o en la abundancia) pues Él nos fortalece para hacerlo!

En Él y solo en Él todas las promesas de Dios son en Él si y en el amén.
(Mensaje del domingo 26 de abril PM)

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El fundamento de la oración

Saludos a todos…

Me pareció impactante está perspectiva acerca de la oración que hoy les comparto, la verdad cambia radicalmente la manera de entenderla y practicarla. Espero sea de ayuda y bendición en tu vida.

Para entender el principio de la oración, es necesario intentar entender la mente y el propósito del Creador mismo. La oración es un resultado de la estructura de la autoridad entre el cielo y la tierra, la cual fue instaurada por Dios; como también es un producto de la fidelidad de Dios a Su Palabra. La oración es tan simple como el respeto a la autoridad de Dios. Esto es debido a que la oración surgió de los arreglos que hizo Dios para la asignación del hombre en la tierra; esto se dio cuando el Credo habló dos palabras durante el proceso de la creación: “y señoree”. Estas palabras son anotadas en el primer capítulo del primer libro de la Biblia: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra” Génesis 1:26-27.

Estas palabras son cruciales para entender el principio de la oración, puesto que ellas definen la relación que el Creador había pensado y deseado con el hombre en el planeta tierra. El mandato del Creador para que el hombre dominara la tierra fue establecido en la declaración, pero los parámetros del dominio fueron establecidos con las palabras, “y señoree”. Con estas palabras, el Creador definió los límites de Su derecho para legalmente influenciar e interferir en el reino terrenal. Esto se basa en el principio de la integridad y el compromiso de Dios para con Su Palabra. ¿Por qué es esto tan importante? Debido a estos cuatro principios:

  • El propósito de Dios es más importante que nuestros planes.
  • Dios ha colocado Su Palabra incluso por sobre El mismo.
  • Dios nunca violará o incumplirá Su palabra.
  • La santidad de Dios es el fundamento de su integridad y fidelidad.

Estos principios son esenciales para entender la naturaleza y el propósito de la oración. Son estos preceptos los que hacen que la oración sea necesaria. El primer principio establece la verdad de que el compromiso del Creador a Su pensamiento original para la creación es una prioridad para Él y éste motiva y regula todas Sus acciones. En esencia, todo lo que Él hace va impulsado por Su deseo propuesto, el cual nunca cambia. De hecho, Su declaración es clara al decir, “Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; mas el consejo de Jehová permanecerá.” (Proverbios 19:21)

Una vez más, Él declara:

“Que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero (Isaías 46:10-11).

“Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié (Isaías 55:11-12).

“En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad (Efesios 1:11).

“Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento (Hebreos 6: 17).

Finalmente, su compromiso para con su propósito es expresado en las siguientes palabras:

“Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido (Mateo 5:18-19).

Estas declaraciones revelan el compromiso eterno de Dios, quien no hace concesiones con su propósito y sus planes. Su propósito es su voluntad y deseo, los cuales Él mismo cumplirá. No obstante, es esencial saber que su compromiso para cumplir su propósito nunca será a expensas de violar su palabra escrita o hablada. Es ese compromiso a su Palabra lo que da la base al principio de la oración. La Palabra de Dios no es solamente una ley para el hombre, porque también es llamada “la Ley de Dios”. Esto implica que cada palabra que Dios enuncia es también una ley que Él mismo debe cumplir. Debido a su integridad, Él se someterá a sí mismo a sus promesas y decretos. En el libro de Salmos encontramos estas palabras: (más…)

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