Editor: Esdras Mendoza Rios

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El Egoismo

Tomado de 20 Enemigos Del Matrimonio – Rodolfo Loyola

Dice un diccionario moderno: “Egoísmo (del latín ego, yo). Inmoderado amor que uno se tiene a sí mismo y que le hace buscar siempre el bien propio, sin cuidarse de los demás. Y pone como contrario el altruismo”.

Es muy difícil para una persona comprender y aceptar que es egoísta, a causa de ese mismo defecto.

Con el egoísmo hay que tratar desde la niñez, si se descubre en los hijos pequeños. Todo ser humano tiene tendencias egoístas, pero que pueden ser controladas y atenuadas por la satisfacción que produce la práctica del amor. Hay más probabilidades de que un hijo único sea egoísta, pues se ha criado sin compartir nada con nadie y los padres están volcados sobre él.

Aunque el diccionario dice que lo contrario de egoísmo es el altruismo, pienso que, de acuerdo con la Biblia, el egoísmo es el amor al revés.

Una de las cosas que más me convenció del Evangelio fue el énfasis en la enseñanza y en la práctica del amor. De hecho, yo tenía unos tíos por parte de padre que hacían sufrir mucho a sus buenas esposas y todo por un marcado egoísmo de ellos. Recuerdo que alguna vez venían ellas a casa llorando a contar sus penas a mi madre. Se comentaba entre familia que los Loyola, de mayores eran insoportables, que tenían alma de mayorales de esclavos. Y en mi adolescencia me preguntaba: “¿Tendré que ser yo como ellos? ¿Haré de mi mujer una sirvienta esclava?” Pero cuando Cristo vino a mi vida, enseguida supe que no iba a ser así. Cuando escribo estas líneas he pasado de los cincuenta, y cada día amo más a mi mujer y trato de ser más considerado con ella.

Algunas veces, en talleres mecánicos, en viajes, he oído a jóvenes hablar sobre el matrimonio. Les he preguntado: “¿Para qué piensas casarte?” En un porcentaje muy alto me contestan que necesitan una mujer que les sirva, que les sacie el apetito sexual y cosas por el estilo. De verdad, esto me produce mucha pena. La mujer objeto parecería estar eliminada del siglo XX, pero abunda donde menos debe existir: en el matrimonio.

La otra cara de la moneda es la mujer que aspira y llega a compartir su vida con un hombre útil. A lo que se llama comúnmente amor por interés, o matrimonio por conveniencia.

Muchas veces al aconsejar a un matrimonio que pide ayuda, encuentro, al escucharles, que cada uno, o una de las dos parten desde sus egoísmos para acusar al otro. Recuerdo a una chica cristiana que me consultó, porque tenía dudas respecto a casarse con el novio que tenía porque —decía ella— era muy tacaño, y temía que iban a tener problemas por causa del dinero. Ella tenía un buen trabajo y ganaba bastante. Comencé a preguntarle en qué forma gastaba ella su propio dinero. Me respondió alegremente: “Me lo gasto casi todo en ropas buenas y modernas, en zapatos, perfumes, prendas, etc.” Ahondando un poco más, descubrí que su novio daba sus diezmos y ofrendas a la iglesia y que ella ni eso hacía. En resumen, ella gastaba lo suyo con facilidad, pero únicamente en ella misma. Es probable que tachara de tacaño a su novio, porque no se extremaba en regalos para ella, en llevarla a buenos restaurantes, etc.

Con mucha paciencia y cuidado le mostré su egoísmo, retándola a que comenzara a invertir su dinero en algo que no fuera ella misma, esto por algún tiempo, como un ejercicio práctico, para encontrar la satisfacción del amor. Más tarde me confesó que le había hecho mucho bien y que seguía aprendiendo en otras áreas de su vida, donde el egoísmo la tenía ciega.

La primera condición que Jesús pone a un discípulo para que le siga es: “Niéguese a sí mismo”. El Maestro sabía muy bien que era difícil hacer solidaria a una persona egoísta. Conocer bien el carácter de Cristo es una ventaja para combatir a este enemigo del matrimonio: El Egoísmo.

El apóstol Pablo da una buena receta para los egoístas, y la da dentro del marco matrimonial: “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a SI MISMO SE AMA” (Efesios 5:28).

Aunque el diccionario dice que lo contrario de egoísmo es el altruismo, pienso que, de acuerdo con la Biblia, el egoísmo es el amor al revés.

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Las precipitaciones

Tomado de 20 Enemigos Del Matrimonio. Rodolfo Loyola

La sociedad actual exige cada vez más alto grado de preparación. Para cualquier empleo suelen preferir al que más títulos aporte, más idiomas sepa, o más experiencia haya tenido en el trabajo en cuestión. Salvo en los países muy subdesarrollados, el porcentaje de personas con carrera es muy alto. Los padres advierten y aconsejan a sus hijos: “Tienes que prepararte para la vida”. Pero, ¿qué preparación recibe una pareja para casarse y formar la tan importante empresa del matrimonio? ¿Dónde están las escuelas para los futuros cónyuges? Cada cual va a su aire, guiándose un poco por los sentidos, por la tradición familiar, etc.

Con el enamoramiento se pierde un poco el sentido común y la psicología que se puede tener o saber para conocer a la otra persona. Es muy corriente que bajo estas circunstancias, en pocos meses se pueda encontrar uno casado con una desconocida, o viceversa. Si bien es cierto que rara vez llegamos a conocer bien a una persona sin haber vivido con ella. Si mucho cuesta conocerse a sí mismo, cuánto más a otro ser de otra familia.

Los padres advierten y aconsejan a sus hijos: “Tienes que prepararte para la vida”. Pero, ¿qué preparación recibe una pareja para casarse y formar la tan importante empresa del matrimonio?

Hoy se usa, inclusive, casarse a espaldas casi de las respectivas familias, sin que ninguno de los dos conozca un poco siquiera a los familiares del otro. Esto se esgrime en defensa de la independencia como pareja, y es muy probable que funcione por algún tiempo y de acuerdo con las circunstancias; pero el tiempo y los encontronazos de la vida tienden a llevamos tarde o temprano a buscar a la familia, ya como recurso, o por el instinto mismo de volver a la raíz.

¿Quién puede aconsejar a un enamorado? ¿El amor es ciego, o es que ve algo y no quiere admitirlo? ¿No es acaso la primera juventud o la adolescencia una época idealista, de poca reflexión, mucha inestabilidad emocional y, por lo tanto inmadura, para algo de tanta importancia como el matrimonio?

No podemos osar cambiar algo que es natural, y en ocasiones tan bonito, que guardamos recuerdos de ello para toda la vida.

Creo que no sería inútil poner algunos ejemplos que pueden ayudar a los aspirantes jóvenes al matrimonio, a padres con hijos casaderos o a parejas muy tiernas en edad.

Suele darse el caso de chicos o chicas enamorados del arte, de la habilidad o la fuerza física de quien desearían como cónyuge. Si esto se hace irreflexivamente, sin mirar a la persona real, desprovista de instrumentos musicales, arte, deporte, etc., puede llegar a vivir con alguien que en el hogar, en la intimidad, puede ser una persona aburrida, falta de sentido común y, muy a menudo, más entregada a su vocación o profesión que a una persona fuera de ella misma.

En el mundo secular se suele dar esto con frecuencia. Los artistas, los músicos, los toreros (donde los hay) que deslumbran a las chicas con lo que hacen en público; idealizan al individuo y, si logran conquistarlo, es corriente que pasado un tiempo, viene la decepción.

Eso no quiere decir que todo hombre público, todo artista o deportista, acabe siendo mal esposo; el asunto está en que son seres comunes y corrientes, que adolecen de las mismas cosas que otro mortal cualquiera, y esto hay que asumirlo con conocimiento de causa.

En el hogar, bajo el mismo techo, donde la ceguera de las pasiones cede a la realidad, es donde sabemos quién es quién y para quién.

Esto que he mencionado con respecto al mundo secular, puede darse en el mundo cristiano, con un joven predicador, o que de alguna manera tenga un talento o ministerio, que destaque en público, en la iglesia local, o fuera de ella.

Como cristianos debemos estar dispuestos a corregimos y ayudar a perfeccionar a la persona que nos ha tocado para hacer juntos el larguísimo viaje del matrimonio. La felicidad no existe como un estado permanente. Hay momentos de la vida, etapas fugaces en las que nos visita la felicidad. Pero recordemos esto: “El teatro y el cine suelen copiar o argumentar de la vida, pero la vida no puede copiar del teatro o del cine

En muchas comunidades o congregaciones, está con más o menos rigor establecido que los que creen haber hallado pareja, o por lo menos hay una atracción mutua, deben decirlo al pastor o consejeros asignados para el caso quienes, con amor, experiencia y visión espiritual, pueden dar unas orientaciones, consejos o advertencias, que a los jóvenes cristianos humildes y obedientes les ayudará a tener un alto porcentaje de aciertos.

Por no ser reiterativo o machacón sobre lo que tanto se ha dicho, sólo quiero citar un curioso pensamiento que leí hace tiempo:

“Si te casas con un hijo o hija del diablo, seguro vas a tener problemas con tu suegro”.

Y, por fin, recuerda que la llamada felicidad, si se consigue, es procurando la felicidad del otro. ¿De acuerdo? Un egoísta no puede hacer feliz a nadie.

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