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El%20espejo%20más%20grande%20del%20mundo%20(El%20Salar%20de%20Uyuni,%20Bolivia)%2019“Salieron del desierto de Sinaí y acamparon en Kibrot- hataava”.

Números 33:16

El orden de marcha.  Vamos a dar continuidad a la siguiente estación. Números 33:16, dice así:

 “Salieron del desierto de Sinaí y acamparon en Kibrot-hataava”.

El desierto de Parán es muy grande y hay muchas estaciones que se dan el desierto de Parán; este es el desierto de sur a norte, el desierto de Sin hacia el centro, el de Sinaí hacia el sur y el desierto del Parán es hacia el oriente de la península del Sinaí.  Entonces a partir de la jornada de hoy comenzamos a subir desde el Sinaí, subiendo en dirección nororiental a llegar al desierto de Parán, que tiene muchas estaciones.

Entonces, “salieron  del desierto de Sinaí y acamparon en Kibrot-hataava”. Esa jornada está explicada en forma desglosada desde Números capítulo 10 versículo 11, hasta Números capítulo 11, versículo 34; es decir, lo que hay en estos dos capítulos, la última parte del capítulo 10 y prácticamente casi todo el capítulo 11, con excepción del último verso, corresponden a esta estación de Kibrot-hataava; la jornada desde el Sinaí hasta Kibrot-hataava; o sea que las lecciones tenemos que aprenderlas en esta porción:

Núm. 10:11-12, dice lo siguiente: 11En el año segundo, en el mes segundo, a los veinte días del mes, la nube se alzó del tabernáculo del testimonio. 12Y partieron los hijos de Israel del desierto de Sinaí según el orden de marcha; y se detuvo la nube en el desierto de Parán”.

El desierto de Parán es muy grande, la primera parte del desierto de Parán, más hacia el sur es precisamente Kibrot-hataava.  En el capítulo 11, versículo 34, dice: “Y llamó el nombre de aquel lugar Kibrot-hataava”. Vamos entonces a analizar un poco las partes que contiene esta estación.

Esta estación contiene dos partes principales: la primera está en la segunda parte del capítulo 10 de Números, que podríamos titular: El orden de marcha.  Lástima que aún no habían aprendido el orden de marcha; porque hasta aquí no habían aprendido eso y comenzaron a aprender el orden de marcha en esta jornada.  Ellos habían salido de Egipto en forma desordenada, un pueblo desordenado; Dios comenzó a atraer al pueblo hacia Sí mismo, y luego en la medida en que el pueblo se iba sometiendo al Señor, el Señor fue poniendo orden en medio de Su pueblo; les dio los diez mandamientos y otras leyes, y les dio la tipología del tabernáculo, con el arca del pacto, la mesa de los panes, el candelero, el altar, el sacerdocio, etc. y les dio también el orden de distribución de los campamen­tos y como debían acampar y marchar en un determinado orden.

Todo esto fue revelado en Sinaí, pero puesto en práctica por primera vez, en esta jornada de ahora. Lastimosamente, aún estando ejercitando el orden de Dios, viene también Satanás a poner el desorden. Una palabra clave, que es la que podemos aprender de este capítulo es la palabra “codicia”. No que debemos aprender la codicia, sino que el problema grave de este capítulo es la codicia.

Fíjense que ellos comienzan aprendiendo un orden.  Nosotros somos desordenados, por causa de que no esperamos en Dios, porque no confiamos en Dios, porque somos angurrientos, ansiosos, insaciables, porque queremos hacer las cosas por nosotros mismos, y justamente esa clase de problema que nosotros los seres humanos tenemos, es la que Dios trata en este capítulo.

Primeramente Él nos enseña a andar en orden; hasta aquí nunca habíamos oído del orden de marcha, porque eso recién se reveló en Sinaí; pero ahora esta primera parte nos muestra que Dios establece un orden de marcha. ¿Qué quiere decir que hay un orden de marcha? Quiere decir que Dios es soberano y que Dios en su soberanía elige quien va a la derecha, quien va a la izquierda, quien va primero, quien va segundo, quien va tercero, quien acompaña de segundo, quien acompaña de tercero, qué levita se ocupa de una cosa, qué levita se ocupa de otra cosa, qué otros levitas se ocupan de otra cosa y en qué orden se deben tratar los asuntos.

Cuando nosotros no somos movidos por el Señor, bajo la dependencia del Señor, sino que nos movemos por nuestros propios impulsos desordenados, nosotros a veces nos adelantamos, no sabemos esperar el turno.  Puede ser que el Espíritu Santo se esté moviendo con alguien que está evangelizando, por ejemplo, y nosotros nos atravesamos en el camino y le impedimos o le dificultamos la evangelización a la persona; a veces sin darnos cuenta podemos hacer esas cosas.  No sabemos el orden de Dios, estamos acostumbrados a conquistarnos a empellones nuestras cosas; empujamos para quedarnos con este puesto en vez de confiar en Dios, el lugar que Él nos dio a cada uno.

Tratando con el desorden y la codicia Dios le dio un lugar a cada uno y una provisión a cada uno; por eso el Señor podía decir: el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.  Como quien dice, tú tienes para cada día algo que darnos; te pido la parte de hoy, nada más.  Y no era lo primero que le pedía, era algo que se pedía casi al final; en cambio nosotros tratamos como logreros, luchar la cosa y pelear por ir adelante, por ir de primero o por lo menos de segundo, pero eso de ir de 19, de 23, de 58, no, eso no viene conmigo.  Yo primero, o si no segundo o tercero, ojalá primero.  Eso por un lado, y por otro lado también en cuanto al orden de nuestra vida, en cuanto a lo que nos conviene, somos desordenados.  Empezamos a pedir y buscar cosas fuera del orden de la provisión de Dios; desconfiamos de Dios, menospreciamos a Dios y entonces queremos que Dios, después, acepte lo que nosotros mismos hicimos; pero en esta jornada Israel aprende una lección muy seria y esto está escrito para nosotros. Dice, y leámoslo de una vez, porque justamente a esto que vamos a leer corresponde 1 Corintios 10:6, o sea lo que hoy vamos a leer de Números 10:11 a 11:34, se corresponde con 1 Corintios 10:6; allí se encuentra resumido así:

“Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron”.

Entonces, ¿para qué se escribió esto? Sucedió y se escribió para enseñarnos a nosotros a mantenernos dentro de los límites asignados por Dios.  Dios establece los límites a cada persona, de su actividad, de su provisión y de muchas otras cosas, y nosotros por nuestra ansia de proveernos nuestros propios límites y provisiones, no confiamos en Dios y menospreciamos el arreglo divino; entonces le toca al Señor corregirnos; de manera, pues, que se escribió para nosotros. Vamos a leer qué se escribió. En el capítulo 10, verso 12 de Números decía:

Y partieron los hijos de Israel del desierto de Sinaí según el orden de marcha”.

Subrayo que esa es la expresión clave  de la primera parte, el orden de marcha.  En el versículo 28 del mismo capítulo dice:

“Este era el orden de marcha de los hijos de Israel por sus ejércitos cuando partían”.

Noten que ahora ya se habla de ejércitos. Al principio en el Evangelio somos creyentes, somos hermanos, pero la palabra dice: combatiendo unánimes en el Evangelio.  Al principio nosotros andamos, pero los soldados no andan, no caminan, los soldados marchan; al principio el pueblo está desordenado, luego el Señor pone orden en el pueblo para que el pueblo marche; hay un orden de marcha; en la caminata no hay marcha. Al principio de nuestra vida cristiana no entendemos la palabra marcha, sólo entendemos la palabra caminata cuando me dé la gana. Al principio, vamos si me da la gana, si no me da la gana no voy; somos totalmente egocéntricos; hacemos sólo lo que nos da la gana, y debemos aprender a marchar.

Marchar no es cuando me dé la gana, ni es cuando yo quiero; es andar al unísono  con los que van conmigo, según el orden de Dios, según la hora de Dios. Qué tal que Dios fuera a depender de la hora nuestra.  Hermanos, debemos saber que nosotros debemos ajustarnos a la hora de Dios, porque Dios no se va a ajustar a la hora nuestra; si nosotros no nos ajustamos a la hora de Dios y no marchamos con las personas que Dios quiere que marchemos y en el orden que Dios quiere que marchemos, entonces, hermanos, Dios no va a poder contar con nosotros; Dios va a hacer sus cosas  con otros que le sigan al paso.  Si nosotros queremos caminar con Dios, tenemos que marchar según el orden de Dios, en la hora de Dios, a la manera de Dios, con las personas de Dios, en el turno asignado a nosotros con Dios, con la provisión asignada a nosotros por Dios y nada de protestas, nada de quejas, nada de desórdenes, como soldados que somos.  Ya no somos turistas.

Al principio, somos turistas, pero en la medida en que vamos madurando vamos dejando de ser turistas y vamos empezando a ser ejército de Dios.

Entonces por eso dice este verso 28 del capítulo 10: “Este era el orden de marcha de los hijos de Israel por sus ejércitos cuando partían”. Fíjense lo que dice aquí, en el verso 13: “Partieron la primera vez al mandato de Jehová por medio e Moisés”.  Yo pienso que aquí no hay ningún problema, aquí empieza un orden.  Nótese la frase: “partieron la primera vez”, o sea la primera vez es primero.  ¿Quién inició el movimiento?  Al mandato de Jehová. Hasta aquí yo pienso que todo creyente no tiene problema. Si es al mandato de Jehová no hay problema; el problema es cuando dice: “por medio de Moisés”. Cuando el mandato de Jehová es por medio de Moisés, ahí es donde hay problema.  Ah no, si fuera el mandato de Jehová por mí, no hay problema, por medio de mi gana, cuando yo quiero, no hay problema; pero por medio de Moisés y después de fulano, zutano y mengano, ¡ay no!  Eso como  que sí es difícil,  Estamos acostumbrados a guiarnos por impulsos desordenados, y esa es la lección que se va a aprender aquí. Continuamos con el versículo 14:

La bandera del campamento de los hijos de Judá comenzó a marchar primero, por sus ejércitos; y Naasón hijo de Aminadab estaba sobre su cuerpo de ejército”.

Esas eran personas escogidas por Dios, no eran personas que se habían hecho voluntarias.  En los capítulos anteriores Dios indicó quiénes serían, en los primeros capítulos de Números; entonces Dios establece: Jehová primero por medio de Moisés, y Moisés dice en nombre de Jehová, Judá primero; y entre Judá, Naasón hijo de Aminadab primero; primeramente; lo segundo, lo tercero, luego, después, dice la Biblia, eso hay que aprenderlo.

15Sobre el cuerpo de ejército de la tribu de los hijos de Isacar, Natanael hijo de Zuar. 16Y sobre el cuerpo de ejército de la tribu de los hijos de Zabulón, Eliab hijo de Helón”.

Fíjense aquí, esta es la vanguardia que Dios estableció; hay una sola bandera en la vanguardia y la lleva Judá; la tribu de Isacar acompaña de segundo, la tribu de Zabulón acompaña de tercero; es el orden de marcha por tribus. Dios comienza a revelar sus cosas de avanzada, su vanguardia a determinados hermanos, a determinados líderes que Él pone, y determinado grupo comienza; luego a ese grupo Dios le añade un segundo grupo y luego Dios le añade un tercer grupo y los otros grupos están en otra cosa.  Todavía no pasan por aquí, porque por aquí tiene que pasar primero la vanguardia.  A veces nosotros quisiéramos, y decimos: hermano, por qué no somos más democráticos y entramos todos al tiempo; pero Dios sabe que eso no es así.  Eso revela una desconfianza en Dios, eso revela temor, eso revela angurria, preocupación por mí; no confiar en que lo que Dios me dio es lo óptimo para mí.

17Después que estaba ya desarmado el tabernáculo, se movieron los hijos de Gerson y los hijos de Merari, que lo llevaban”.

Es decir, que primero iba una vanguardia de ejército, como diciendo: allá va el ejército de vanguardia.  Una vanguardia son los que van abriendo brecha; después vienen los Gersoni­tas, que se encargaban de las cortinas; los Meraritas que se encargaban de las tablas y ellos van preparando el tabernáculo para cuando lleguen los Coatitas a tratar las cosas interiores.  Fíjense que no llegan todos los levitas al tiempo, sino que primero van los Gersonitas y los Meraritas para preparar el tabernácu­lo, para luego venir como dice aquí:

18Luego comenzó a marchar la bandera del campamento de Rubén por sus ejércitos; y Elisur hijo e Sedeur estaba sobre su cuerpo de ejército”.

Primero era la del oriente, porque el sol sale por el oriente, era la de Judá, luego era la del sur; había una bandera al oriente que estaba con Judá, Isacar acompañaba de segundo y Zabulón acompañaba de tercero. Luego que iba esa vanguardia, iban unos levitas: Gersonitas y Meraritas  para preparar el tabernáculo en aquel lugar donde se abrió la vanguardia. La vanguardia  abrió brecha, entonces van los que van a preparar el tabernáculo. Noten que los Gersonitas y los Meroritas hacen un trabajo más superficial, así como iba primero Felipe y evangelizaba primero, pero después venían Pedro y Juan y profundizaban. O primero llegaban unos varones y evangeliza­ban en Antioquía, pero luego venían Bernabé y Saulo y profundizaban; entonces primero había una vanguardia, una evangelización de avanzada, pero luego tenían que venir, habiendo oído que en tal parte habían recibido la palabra, y enviaron a fulano y a zutano para llevar la palabra a un nivel más profundo. Cuando fue Felipe no habían recibido el Espíritu Santo de la manera como lo recibieron cuando fueron Pedro y Juan; hay un orden establecido por Dios. Luego fíjense en el versículo 18, la segunda bandera:

18Luego comenzó a marchar la bandera del campamento de Rubén por su ejércitos (eso es al sur); y Elisur hijo de Sedeur estaba sobre su cuerpo de ejército.  19Sobre el cuerpo de ejército de la tribu de los hijos de Simeón (que acompañaba de segundo al sur), Selumiel hijo de Zurisadai. 20Y sobre el cuerpo de ejército de la tribu de los hijos de Gad, Eliasaf hijo de Deuel”,

que acompañaba de tercero al sur.  Noten, no todos llevaban la bandera, no; pero ¿por qué los de Rubén van a llevar bandera y nosotros no?  Porque Dios les dio la bandera a ellos; no siempre vamos a tener la bandera nosotros.  Hay cosas donde Dios nos dio la bandera a nosotros  y vamos más adelantados que otros, y otros nos van a acompañar de segundo o de tercero; pero quizá en otras cosas otros van delante de nosotros y nos llevan la delantera y la bandera, y nosotros les vamos a acompañar de segundo o de tercero y no podemos pretender llevar siempre la bandera.  Tenemos que estar dispuestos a ocupar el lugar, cualquiera que sea.

21Luego comenzaron a marchar los coatitas llevando el santuario; y entretanto que ellos llegaban, los otros acondicionaron el tabernáculo”.

Observen como se intercala el ejército con los levitas, el ejército y los levitas; es decir, unos servían de vanguardia, los otros acondicionaban el tabernáculo, los otros los protegían, los otros venían después para trabajar sobre lo que los otros habían acondicionado.  Hermanos, tenemos que entender que a veces somos llamados sólo a acondicionar el trabajo de otros, y a veces somos llamados a trabajar donde otros han acondicionado el trabajo; tenemos que aprender ese orden de marcha de parte de Dios.

22Después (otra palabra, miren cómo Dios está tratando con nuestra naturaleza desordenada) comenzó a marchar la bandera (éstos son los del occidente) del  campamento de los hijos de Efraín por sus ejércitos; y Elisama hijo de Amiud estaba sobre su cuerpo de ejército. 23Sobre el cuerpo de ejército de la tribu de los hijos de Manasés, Gamaliel hijo de Pedasur. 24Y sobre el cuerpo de ejército de la tribu de los hijos de Benjamín, Abidán hijo de Gedeoni”.

Miren una sola bandera, la de Efraín; ¿Quién acompaña de segundo? Manases; Benjamín acompaña de tercero. Hermanos, qué interesante cuando salimos, por ejemplo, un grupo de tres o cuatro hermanos a evangelizar, o salen cinco hermanos y van por allí; fíjense en el orden de Dios.  Quizá no sea usted el que tiene que evangelizar, sino el que tiene que orar, quizá sea otro el que tiene que evangelizar; si usted se pone, a lo mejor va a traer dudas y va a colocar situaciones difíciles; hasta el mismo diablo lo puede usar a usted para impedir que la persona se vaya a entregar al Señor, y usted salió con una disertación por la izquierda, o por la derecha, pensando estar aportando, cuando debía estar callado apoyando.

Esto tenemos que aprenderlo, esta es una cosa delicada; tenemos que aprender a apoyar a cada uno en lo suyo.  Si nos damos cuenta que los de la música son fulanos y zutanos, estamos con ellos en ese momento.  Si en otro momento el Espíritu está con el hermano y con la hermana en tal cosa, estamos con ellos; es decir, hay que aprender a apreciar a los demás, considerar a los demás como superiores a nosotros, aprender a andar en orden y no en desorden.

La necesidad de guardia y de retaguardia

25Luego comenzó a marchar la bandera del campamento de los hijos de Dan (esta es la del norte) por sus ejércitos, a retaguardia de todos los campamentos; y Ahiezer hijo de Amisadai estaba sobre su cuerpo de ejército”.

Existe una retaguardia. ¿Qué es la retaguardia?  Son personas que cuidan las espaldas; hay personas que Dios las utiliza para abrir brecha, pero no todos en el cuerpo de Cristo van a abrir brecha; algunos más bien son los últimos en entrar por esa brecha, porque dicen: qué tal que se nos cuele esto por aquí o por allá.  Son personas desconfiadas que analizan todo, prueban todo y hasta no estar absolutamente seguros que la cosa es de Dios, no pasan.  Hermanos, necesitamos también esta clase de personas; puede ser que usted no haya sido llamado a la retaguardia.

Usted quizá no tenga esos problemas que otro hermano tiene, pero hay otros hermanos que si no están absolutamente seguros, no pasan. ¿Por qué? Porque están cuidando las espaldas de los demás. Dios puso retaguardias también; van a la espalda, cuidándole la espalda al campamento.  Unos van adelante y abren brecha, pero dejan unos cuantos heridos, y a veces hieren un poco y le toca venir a la guardia a curar las heridas, y la retaguardia es el último que pasa, pero está haciendo su trabajo, está cuidando las espaldas.

26Sobre el cuerpo del ejército de los hijos de la tribu de Aser, Pagiel hijo de Ocrán (que acompañan a los hijos de Dan de segundo). “27Y sobre el cuerpo de ejército de la tribu de los hijos de Neftalí, Ahira hijo de Enán. 28Este era el orden de marcha de los hijos de Israel por sus ejércitos cuando partían”.

¿Quién iba dirigiendo? Dios, Dios iba dirigiendo; la nube fue la que se levantó; se levantó la nube, iba dirigiendo Dios, dirigiendo a través de Moisés; había un orden de marcha. ¿Quiere decir esto que porque Dios está dirigiendo y hay un orden de marcha no tenemos que tomar ninguna precau­ción? Porque algunos dicen: Bueno, si Dios está con nosotros, no tengo por qué tomar ninguna precaución; no. Fíjense que aunque Dios está dirigiendo y estamos ocupando el orden de marcha, también hay que tomar las precauciones normales. Si Dios le da la comida, usted tiene que cocinarla y tiene que llevársela a la boca con la cuchara, no se la va a cocinar Dios también, no se la va a llevar a la boca Dios, no la va a masticar Dios, no la va a digerir Dios; no, eso le toca a usted. Entonces ese segundo aspecto, aunque Dios dirija y aunque todo esté en orden, debemos tomar en cuenta las precauciones normales, naturales.

29Entonces dijo Moisés a Hobab, hijo de Ragüel  madianita, su suegro: Nosotros partimos para el lugar del cual Jehová ha dicho: Yo os lo daré.  Ven con nosotros, y te haremos bien; porque Jehová ha prometido el bien a Israel. 30Y él le respondió: Yo no iré, sino que me marcharé a mi tierra y a mi parentela. 31Y él le dijo: Te ruego que no nos dejes; porque tú conoces los lugares donde hemos de acampar en el desierto, y nos serás en lugar de ojos”.

No es que Dios no vaya adelante, no es que no sea Dios el que señale donde van a acampar, pero allí donde van a acampar ellos quieren saber lo mejor posible y hacer uso de todo lo que puedan para hacer lo que Dios quiere que hagan; ellos están con Dios, están en orden y son precavidos.

 32Y si vienes con nosotros, cuando tengamos el bien que Jehová nos ha de hacer, nosotros te haremos bien.  33Así partieron del monte de Jehová camino de tres días; y el arca del pacto de Jehová fue delante de ellos camino de tres días, buscándoles lugar de descanso. 34Y la nube de Jehová iba sobre ellos de día, desde que salieron del campamento. 35Cuando el arca se movía, Moisés decía (note, no es al revés, no es cuando Moisés decía que el arca se movía, no): Levántate, oh Jehová (porque ya se había levantado), y sean dispersados tus enemigos, y huyan de tu presencia los que te aborrecen. 36Y cuando ella se detenía (no era Moisés que la levantaba, ni la detenía, sino ella solita), decía: Vuelve, oh Jehová, a los millares de millares de Israel”.

Moisés hablaba a Dios, según lo que percibía que era la guianza de Dios. Moisés no le pedía a Dios hacer algo contrario de lo que Dios estaba haciendo, que ese es nuestro problema, que nos creemos más sabios que Dios. La nube está yendo para la izquierda y nosotros decimos: Ay Dios, oro a ti para que vayas para la derecha.  Y a veces la nube va para la izquierda: Ay Señor, que no vayas para la izquierda, ve para la derecha.  No, Moisés veía para donde iba Dios y la oración de Moisés coincidía con la dirección de Dios.  Moisés aprendió también a andar en orden. Moisés también estaba bajo la guianza de Dios; no iba en contravía de Dios, sino en la dirección de Dios. Hermanos, ¿cómo tiene que tratar Dios con nosotros que somos tan folclóricos, tan informales?  Esta es la jornada para aprender a dejar de lado la informalidad, y a no obrar según impulsos, si no a obrar dentro del orden de Dios, dentro del campamento de Dios.

Hay personas que son inmaduras, quieren servir a Dios solamente al son de sus propios impulsos; de pronto se animan y hacen lo que quieren y no esperan donde tienen que ir y no consultan a los que tienen que consultar, y a veces se desaniman, y cuando tienen que estar no están  porque están deprimidos.  Hermanos, eso es inmadurez; lo que hay que aprender es a marchar en el orden de Dios, a marchar al ritmo de Dios, en lo que Dios está haciendo, con las personas que Dios me asocia y en el lugar que me corresponde en medio de esas personas.

Las quejas del pueblo Llegamos al capítulo 11.  Todo era tan bonito en este orden hasta aquí.  Pero miren quién empezó a poner desorden.

1Aconteció que el pueblo se quejó a oídos de Jehová; y lo oyó Jehová, y ardió su ira, y se encendió en ellos fuego de Jehová, y consumió uno de los extremos del campamento”.

Ahí empezó el problema, con las quejas; el pueblo se quejó, el problema fue la queja, pero el problema es este, que fue a oídos de Jehová; y lo oyó Jehová.  La gente piensa que Dios no oye nuestras quejas.  Hermanos, en esto yo primero y ustedes también conmigo, tenemos que aprender a no quejarnos, tenemos que pedirle: Señor Jesús, ayúdanos a desterrar la queja, la informalidad, la codicia, el desorden, de en medio de nosotros y ser personas que saben caminar con Dios, con lo que Dios provee, con los que Dios quiere, como cantaba el hermano Wesley:

“Ponme con quien  quieras, como quieras, exaltado o humillado, con tal que sea por ti”.

De corazón sincero, entonces Dios podrá contar con un pueblo; pero si somos niños, tendrá que seguir enseñándonos a dar vueltas y vueltas en el desierto a ver si aprendemos.  Ojalá podamos caminar como se debe.  La queja enoja al Señor:

ardió su ira y se encendió en ellos fuego de Jehová, y consumió uno de los extremos del campamento”.

Quizá no fue Judá, quizá fue Dan, porque era en uno de los extremos, quizá la retaguardia; a veces se confunde lo que es ministerio con lo que es queja, y no es lo mismo quejarse y estar quejándose; la queja produce incendio, produce una señal de desaproba­ción de Dios; la persona se queja y se queja y de pronto le sucede algo para que se dé cuenta que está irritando a Dios.

2Entonces el pueblo clamó a Moisés, y Moisés oró a Jehová, y el fuego se extinguió. 3Y llamó a aquel lugar Tabera, porque el fuego de Jehová se encendió en ellos”.

¿Qué hace el fuego? Consume; hay personas que lo que hacen se les consume, se les va en nada, ¿por qué? Porque están irritando a Dios y allá en un extremo se le vuelve ceniza lo que creía que era tesoro. Y ahora fíjense en el pueblo. No son cristianos lo que están con el pueblo; a veces se mezcla gente que no es nacida de nuevo y miren lo que provoca esta gente en el ambiente.

4Y la gente extranjera que se mezcló con ellos tuvo un vivo deseo (noten eso, otra vez los impulsos desordenados), y los hijos de Israel también volvieron a llorar y dijeron: ¡Quién nos diera a comer carne!”

Es decir, dejaron de ser soldados otra vez. Si toca lentejas, hay que comer lentejas. Hermanos, ¡Qué fácilmente protestamos por la comida!  Estamos comiendo una cosa y estamos hablando de otra, en vez de agradecer lo que estamos comiendo, en vez de agradecer lo que Dios nos provee.  No andar por el gusto; eso es propio de niños indisciplinados, infantiles, ser guiados por el gusto, malcriados; pero Dios no va a tener hijos malcriados, por eso existe esta jornada para aprender.

5Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos”.

Tenían un gusto parecido al mío, con excepción de los pepinos, pero ahora voy a tener que comer pepino cuando toca, y ahora que vamos al campamento, lo que toca, toca.

6Y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos”.

Miren, por una parte están menospreciando el maná, y justo cuando están despreciando el maná, Moisés comienza a describir el maná, lo que menospreciaban. Moisés describe:

7Y era el maná como semilla de culantro, y su color como color de bedelio”.

No describe los pepinos, ni los puerros, ni el ajo, describe lo que no querían, se los empieza a describir, lo que no aprobaban.

8El pueblo se esparcía y lo recogía, y lo molía en molinos o lo majaba en morteros, y lo cocía en caldera, o hacía de él tortas; su sabor era como sabor de aceite nuevo”.

Qué versátil era el maná; se podía hacer muchas cosas con el maná.

9Y cuando descendía el rocío sobre el campamento de noche, el maná descendía sobre él”.

Dios proveía cada día, porque algunos quieren que les provea hasta viejito, pero no, es cada día.

10Y oyó Moisés al pueblo, que lloraba por sus familias, cada uno a la puerta de su tienda; y la ira de Jehová se encendió en gran manera; también le pareció mal a Moisés”.

Ya no era solamente el extranjero, sino el pueblo y por familias.  Ahora la familia se volvió protestante, protestando por todo.

11Y dijo Moisés a Jehová: ¿Por qué has hecho mal a tu siervo? ¿y por qué no he hallado gracia en tus ojos, que has puesto la carga de todo este pueblo sobre mi?  12¿Concebí yo a todo este pueblo? ¿Lo engendré yo, para que me digas: Llévalo en tu seno, como lleva la que cría al que mama, a la tierra de la cual juraste a sus padres?  13¿De dónde conseguiré yo carne para dar a todo este pueblo? Porque lloran a mí, diciendo: Danos carne que comamos. 14No puedo yo solo soportar a todo este pueblo, que me es pesado en demasía.  15Y si así lo haces tú conmigo, yo te ruego que me des muerte, si he hallado gracia en tus ojos, y que yo no vea mi mal”.

Tumbas de los codiciosos Ahora miren la respuesta de Dios.

16Entonces Jehová dijo a Moisés: Reúneme setenta varones de los ancianos de Israel, que tú sabes que son ancianos del pueblo y sus principales; y tráelos a la puerta del tabernáculo de reunión, y esperen allí contigo”.

Esperen; aquí también hay que guardar orden, no es cuando yo quiero, no; espere hasta que Dios quiera; es decir, para que la carga no fuere pesada sobre él, le va a poner setenta ancianos.

17Y yo descenderé y hablaré allí contigo, y tomaré del espíritu que está en ti, y pondré en ellos; y llevarán contigo la carga del pueblo, y no la llevarás tú solo (eso en cuanto a ti)18Pero al pueblo dirás: Santificaos para mañana, y comeréis carne; porque habéis llorado en oídos de Jehová, diciendo: ¡Quién nos diera a comer carne! ¡Ciertamente mejor nos iba en Egipto!  Jehová, pues, os dará carne, y comeréis”.

Cosa terrible: ¡Quién nos diera a comer carne!  Como quien dice, Dios no puede; sólo nos puede dar maná; Dios no nos puede dar carne. ¡Ah! No les doy lo que ustedes quieren, no porque no pueda, sino porque no les conviene; después de que coman carne van a saber qué plaguita les viene, para que sepan que es comer lo que ustedes quieren y no lo que yo les doy.  No es que yo no pueda dar, sino que doy lo que conviene, pero tú quieres que te dé lo que tú quieres.  Te lo voy a dar por una vez para que, si sobrevives, aprendas la próxima vez en lo que yo te asigne y te mantengas dentro de la asignación de Dios. Eran como dos millones seiscientos mil hombres, esposas, hijos, en el desierto de Sinaí.

19No comeréis un día, ni dos días, ni cinco días, ni diez días, ni veinte días, 20sino hasta un mes entero, hasta que os salga por las narices, y la aborrezcáis, por cuanto menosprecias­teis a Jehová que está en medio de vosotros, y llorasteis delante de él, diciendo: ¿Para qué salimos acá de Egipto?”.

¿A quién se menospreció? A Dios ¿Quién era el que los había traído ahí? ¿Quién era el que los proveía? ¿Quién hacía milagros? Pero ellos con sus quejas y sus angurrias y desórdenes, irritaron y menospreciaron a Dios.  Hermanos, de esto dice que fue escrito para que nosotros no codiciemos cosas malas como ellos codiciaron.

21Entonces dijo Moisés: Seiscientos mil de a pie es el pueblo en medio del cual yo estoy; y tú dices: ¡Les daré carne, y comerán un mes entero! 22¿Se degollarán para ellos ovejas y bueyes que les basten?  ¿o se juntarán para ellos todos los peces del mar para que tengan abasto? 23Entonces Jehová respondió a Moisés: ¿Acaso se ha acortado la mano de Jehová? Ahora verás si se cumple mi palabra, o no. 24Y salió Moisés y dijo al pueblo las palabras de Jehová; y reunió a los setenta varones de los ancianos del pueblo, y los hizo estar alrededor del tabernáculo. 25Entonces Jehová descendió en la nube, y le habló; y tomó del espíritu que estaba en él, y lo puso en los setenta varones ancianos; y cuando posó sobre ellos el espíritu, profetizaron, y no cesaron”,

o sea no fue una sola vez, continuaron profetizando.

26Y habían quedado en el campamento dos varones, llamados el uno Eldad y el otro Medad, sobre los cuales también reposó el espíritu; estaban éstos entre los inscritos, pero no habían venido al tabernáculo; y profetizaron en el campamento. 27Y corrió un joven y dio aviso a Moisés, y dijo: Eldad y Medad profetizan en el campamento. 28Entonces respondió Josué hijo de Nun, ayudante de Moisés, uno de sus jóvenes, y dijo: Señor mío Moisés, impídelos”.

Miren cómo era Moisés de agradable; él no estaba pretendiendo ser el único, no.

29Y Moisés le respondió: ¿Tienes tú celos por mí? Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos. 30Y Moisés volvió al campamento, él y los ancianos de Israel. 31Y vino un viento de Jehová, y trajo codornices del mar, y las dejó sobre el campamento, un día de camino a un lado, y un día de camino al otro, alrededor del campamento, y casi dos codos sobre la faz de la tierra”.

¿Ustedes saben lo que es un día de camino, cuántos kilómetros? Casi dos codos es casi un metro, es decir, eran bandadas de codornices que vuelan y vuelan en tiempo de migración; el Señor las hizo convergir todas allí.

32Entonces el pueblo estuvo levantado todo aquel día y toda la noche, y todo el día siguiente, y recogieron codornices; el que menos, recogió diez montones; y las tendieron para sí a lo largo alrededor del campamento.  33Aún estaba la carne entre los dientes de ellos, antes que fuese masticada, cuando la ira de Jehová se encendió en el pueblo, e hirió Jehová al pueblo con una plaga muy grande”.

34Y llamó el nombre de aquel lugar (note, fue Dios el que lo llamó) Kibrot-hataava, por cuanto allí sepultaron al pueblo codicioso”.

La palabra kibrot es el plural de keber que quiere decir: tumba, sepulcro o sepultura en el hebreo, y kibrot es el plural femenino.  Kibrot significa tumbas, ha es el artículo en hebreo, y  taava, codiciosos.  Tumbas de los codiciosos.  Tumbas; es decir, que cuando nosotros no nos contentamos con lo asignado por Dios en cuanto a modo de vida, en cuanto a relaciones, en cuanto a provisiones, en cuanto a nuestro  lugar en la casa de Dios, o nuestro lugar en el país, o nuestra situación equis o ye, corremos el peligro de entrar por un camino que a nosotros nos parece derecho, pero que es camino de muerte. Yo quisiera hermanos que miremos dos versos más para terminar esta parte.  Una cita está en Deuterono­mio 9:22, donde dice:

“También en Tabera, en Masah y en Kibrot-hataava provocasteis a ira a Jehová”.

En Tabera fue por la queja, y hubo un incendio que fue al salir acá, un incendio en el campamento, en un extremo del campamento, posiblemente en Dan.  En Masah, que era el mismo Refidim, donde dijeron: ¿Acaso está Jehová entre nosotros? Y en Kibrot-hataava donde dijeron: ¿quién nos diera lo que queremos? Ah, hermanos, realmente yo tengo que tomar esto en serio, y creo que ustedes también, a ser agradecidos con lo que Él nos da, a confiar en Dios, aceptar la asignación de Dios, como dijo Jesús:

“La copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?”

0 sea, Jesús aceptaba lo que el Padre la asignaba; a veces descansaba, a veces no.  A veces era difícil, a veces era fácil, y dijo:

Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad sino la tuya”.

¡Ah! no debe pasar; sí, Padre, me lo tomo, tengo que tomarme esta copa.

La verdadera ganancia de la piedad Miremos hermanos, para terminar, un pasaje que corresponde en el Nuevo Testamento a esta lección y se encuentra en 1 Timoteo 6:6-11. Es la enseñanza neotestomentaria que se corresponde con esta lección.  Como decía en Corintios, estas cosas les acontecieron como ejemplo para que no codiciemos cosas malas como ellos codiciaron.  Y dice aquí:

6Pero gran ganancia (esa es la verdadera ganancia) es la piedad acompañada de contentamiento”.

Porque alguno quiere la piedad para convertirla en negocio, especialmente en estos tiempos de la llamada teología de la prosperidad. Pero aquí dice piedad acompañada de contentamiento. Yo pienso que necesitamos la teología del contentamiento.

7Porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. 8Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto”.

Cuando nos estamos quejando no estamos contentos; así que cuando nos sorprendamos con una queja, digamos: Señor, perdóname, límpiame con tu sangre; corto con las quejas y entro con alabanza y la gratitud.

9Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y  en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición”.

¿Qué hacen las codicias?  Hunden. Ahí está Kibrot-hataava.

10Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores”.

No el dinero en sí, que es neutral, no es ni bueno ni malo, pero amarlo y tener esa idolatría por mamón es el pecado.  Extraviarse de la fe es que ya no viven por la fe, sino por el dinero, y vienen los dolores.  Ahí está Kibrot-haatava.

11Más tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre”.

Tan pronto la sombra de la codicia esté subiendo a nuestro corazón, córtala, huye.  El amor al dinero no sigue la justicia, sino la avaricia; y yo gano más y el otro gana poco y yo me enriquezco con lo que se le debe al otro.

12Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos”.

Esta lección de Kibrot-hataava es para tenerla presente todos los días en nuestro corazón.

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