Editor: Esdras Mendoza Rios

¡Antorchas encendidas!

antorcha

Generalmente he escuchado que nosotros reflejamos la luz de Cristo como un espejo, si bien esta imagen es muy gráfica para ilustrar que no somos nosotros la luz, sino que reflejamos a la luz verdadera (“Vosotros sois la luz del mundo…”), me gusta mas la expresión usada en Juan 5:35a “El era antorcha que ardía y alumbraba…”al referirse a Juan el Bautista, y esa palabra es Antorcha, y dice que brillaba y alumbraba, cumple el mismo cometido, pero aquí se nota que en ese alumbrar nos consumimos nosotros mismos. Nos gastamos. Ardemos y por fin nos extinguimos mostrando el camino.

La desgracia de hoy en día es que la inmensa mayoría quiere alumbrar sin arder, quiere arder pero sin gastarse, desearían poder gastarse sin consumirse, sin extinguirse.

Elías, un hombre común

 

10968426_10203844001714469_8949386514378342959_nEn la búsqueda de edificar una poderosa y efectiva vida de oración, ayuda mucho y es sabio ver los ejemplos de la gente que modelaron ese tipo de vida de oración. Existen muchos ejemplos en la Palabra,  sólo que ahora, vamos a ver por un momento a Elías.

 

Aquí tenemos a un verdadero guerrero de la oración, un hombre que entendió el aspecto de escuchar en oración. En 1 Reyes, leemos que invocó fuego del cielo, resucitó al hijo de la viuda, e hizo todo tipo de milagros. Santiago nos dice que cuando Elías oró para que la lluvia se detuviera, no llovió por tres años y medio. Después oró para que lloviera-¡y sucedió! Es difícil identificarse con Elías. Sus hazañas fueron tan increíbles, nos lo imaginamos como a alguien fuera del alcance de la gente ordinaria. Parece mucho más que un común seguidor de Dios. Pero Santiago 5:17 nos dice que “Elías era un hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras.” En otras palabras, era como tú y como yo-de pasiones semejantes. Elías sabía lo que era tener miedo. Estar desanimado. Conocía las emociones y debilidades que experimentamos. Y cuando leemos que Dios lo usó poderosamente, a pesar de su flaqueza humana, sabemos que Dios puede usarnos también.

 

Elías puede enseñarnos mucho con respecto a la oración. Su historia confirma que la oración no es, y nunca debe ser, un monólogo. En lugar, la oración es realmente un diálogo-una conversación con Dios.

 

En 1 Reyes 17:1, Elías abordó al Rey Acab y dijo, “vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra.”

Lo que Elías estaba diciendo era, “voy a orar y Dios va a cerrar el cielo. Esto será por muchos años, y no verás lluvia otra vez hasta que yo diga, o hasta que ore a Dios y le pida que la traiga.”

 

Después de esto, el Señor le dijo a Elías que se ocultara. Y vino una sequía horrible a la tierra. Lagos y ríos se secaron, y la gente estaba hambrienta y desesperada. Furioso, el rey Acab mandó a sus hombres a buscar por toda la tierra a Elías. Rebuscaron en el campo, hasta amenazaron a la gente que pudiera saber dónde se escondía Elías.

 

Pero leemos en 1 Reyes 18:1, “pasados muchos días vino la palabra de Jehová a Elías en el tercer año, diciendo: Ve, muéstrate a Acab, y yo haré llover sobre la faz de la tierra.”

 

Dios le dijo a Elías que iba a mandar la lluvia sobre la tierra otra vez. Elías oyó y entendió porque tenía el hábito de escuchar a Dios, y reconoció su voz.

 

Entonces Elías avisó a Acab que estaba listo para encontrarse con él. Acab vino a él y dijo, “¿eres tú el que turbas a Israel?” Entonces Elías dijo, “no, yo no he turbado a Israel, sino tú y la casa de tu padre, dejando los mandamientos e Jehová, y siguiendo a los baales. Pero si estás de acuerdo, quiero retar a ti y a tu dios en una competencia. Nos reuniremos en el monte Carmelo. Trae a tus profetas de Baal y nos vemos ahí. Ellos pueden construir un altar a Baal, y yo construiré uno a Jehová. Ambos pondremos sacrificios en los altares. Después tus profetas pueden orar a Baal para que espontáneamente encienda un fuego y consuma el sacrificio, y yo oraré a Jehová para que mande un fuego que consuma el sacrificio. Y el dios que conteste con fuego, sea reconocido como el Dios verdadero.”

Y Acab aceptó el reto, y la gente de Israel se reunión en el Monte Carmelo.

 

Los profetas de Acab construyeron su altar y pusieron la madera y el sacrificio sobre este. Y en la mañana comenzaron a pedir en oración a Baal que mandara fuego para consumir el sacrificio.

 

Gritaban, bailaban, brincaban, y continuaban así. Pero como a medio día, cuando nada sucedía, Elías decidió burlarse de ellos.

“Ya sé cuál es el problema,” dijo, “tu dios debe estar durmiendo. Deben gritar más. Tienen que despertarlo. O tal vez salió, y deben gritarle más para que los escuche.”

Y entonces comenzaron a gritar. Brincaban arriba el altar. Se cortaban con cuchillos, causando un escenario sangriento. Pero no importa lo que hacían, no podían hacer que Baal produjera fuego, y no podían hacer que el cielo mandara lluvia.

 

Como a las 3 de la tarde, Elías dijo, “bien, ya tuvieron su oportunidad. Ahora es mi turno. Apártense.” Y después como para untar sal en sus heridas, dijo, “caven una zanja alrededor de mi altar y pongan agua sobre el sacrificio.” Así que pusieron agua- barriles y barriles de agua. Elías gritó, “¡Más! Pongan más!” Así que empaparon el sacrifico hasta que estuvo empapado de agua y hasta la zanja estaba llena.

 

Después Elías oró. No bailó o gritó ni chilló, simplemente dijo,

“Jehová Dios de Abraham, y de Isaac, y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas.”

El fuego de Dios cayó. No solo consumió el sacrificio, consumió también el agua y aún lamió el agua en la zanja.

 

Y se suscitó un mover del espíritu de Dios en la gente. Se postraron cara al piso clamando, “¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!” Elías aprovechó la oportunidad. Ordenó a la gente aprehender a los sacerdotes y profetas de Baal y los llevaran al arroyo de Cisón, valle abajo. Ahí, Elías mató a todos los 450 profetas de Baal.

 

Ahora con los profetas de Baal muertos, Elías anunció, “¡Alístense! ¡Se acerca un gran aguacero!” y luego subió al monte con su criado, se postró delante del Señor, y comenzó a orar por lluvia. Dijo a su criado, “sube ahora y mira hacia el mar.” Desde la cima del Monte Carmelo, puedes ver un panorama increíble del Mar Mediterráneo. Pero cuando el criado regresó le dijo que no había visto nada más que cielo azul.

 

Y Elías oró otra vez y le dijo al criado, “sube y mira hacia el mar.” Pero el criado otra vez reportó, “Nada más que cielo azul.” Repitieron este mismo escenario hasta la séptima vez, cuando Elías dijo a su criado que fuera y mirara hacia el mar, el criado regresó y dijo, “yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre.” “Ve y refúgiate,” dijo Elías, “¡va a venir un aguacero!” y antes de que pudieran refugiarse, la lluvia comenzó a caer.

 

¿Cómo pudo Elías ser tan persistente en oración, tan confiado que Dios iba a hacer algo? Después de seis veces, cuando no había evidencia, ninguna señal-¿cómo es que se mantuvo orando y dando las mismas instrucciones a su criado? La razón por la que pudo hacerlo es porque Elías escuchó la voz del Señor. Dios le dijo que se presentara delante de Acab porque estaba por mandar lluvia sobre la tierra. Cuando Dios te dice algo, es mejor que lo creas. Es confiable. Elías tuvo confianza que Dios podía hacer tal y como había dicho. Así que su oración- y la persistencia detrás de ésta- la construyó en la Palabra de Dios y en Sus promesas.

Elías mostró una fe enorme en esta situación. Pero no mucho después, probó ser un hombre ordinario así como tú y como yo. Cuando la esposa del Rey Acab, la Reina Jezabel, se enteró de lo que Elías había hecho con sus profetas, le mandó un mensajero a decirle, “así me hagan los dioses, y aún me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos” (1 Reyes 19:2).

 

Cuando Elías escuchó las amenazas de Jezabel, se espantó y huyó. ¡Elías salió corriendo! Y no cerca. Se fue hasta Beerseba, como a ciento veinte millas hacia el sur. Y después se alejó de Beerseba como a un día de camino, donde se sentó bajo un enebro y clamó, “¡Quítame la vida! ¡Es el fin!” Elías estaba cansado, desanimado, y aterrorizado.

 

He aquí nuestro gran hombre de fe, Elías, huyendo por su vida, hombre de pasiones semejantes, como tú y como yo. La historia me inspira y anima. En ver que aún Elías-quien es uno de mis héroes-tuvo las mismas debilidades que yo, me recuerda que Dios usa hombres y mujeres simples y ordinarios.

 

¡No necesitas ser un súper santo! No necesitas grandes credenciales o una larga lista de reconocimientos y títulos respaldando tu nombre. Dios usa gente regular-gente que se siente como te sientes tú. Él usa gente que sabe lo que es estar desanimado, así como tú sabes lo que es estar desanimado. Él usa gente que sabe lo significa tener miedos, así como los que tienes de vez en cuando.

 

Pero Elías era un hombre que ponía atención a la voz de Dios, la escuchaba, y respondía. Nosotros podemos hacerlo también. Recuerda, no es el hombre; es el Dios que habla a través del hombre.

 

Cualquiera de nosotros puede ser el Elías de nuestros días-solo escuchas, oye, y responde cuando Dios te hable. Dios ministró a Elías en su temor. El Señor envió un ángel a que le llevara comida a Elías. “Come,” dijo el ángel. “vas a necesitar la fuerza.” Y Elías comió-y viajó cuarenta días en la fuerza de la comida del ángel. Viajó hasta el Monte Horeb, a través del desierto, y cuando llegó, el gran hombre de Dios estaba todavía tan aterrorizado por las amenazas de Jezabel que se escondió en una cueva. No mucho después, Dios vino a Él y le dijo, “Elías, ¿qué haces aquí?” Acorralado, Elías le explicó a Dios-como si Dios no supiera ya lo que estaba haciendo. “He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos,” dijo. “porque los hijos de Israel ha dejado tu pacto, han derribado tus altares, y ha matado a espada a tus profetas, y solo he quedado yo, ¡y me buscan para quitarme la vida! Dios, me temo que no hay nada que puedas hacer. Está por terminarse todo.”

 

Dios, por supuesto, sabía que la historia estaba muy lejos de terminarse. “Elías,” dijo Dios, “hay trabajo por hacer. Levántate y ve a Siria, unge a Hazael como rey, dale una tarea, y regresa a tu trabajo. No tienes por qué estarte escondiendo.” Entonces el desanimado, aterrorizado profeta fue reasignado por Dios y emergió de la cueva.

 

Elías era un hombre con pasiones semejantes, pero también era un hombre que dialogaba con Dios. Por su ejemplo, aprendemos sobre la confianza que podemos tener en la oración. Elías nos muestra que cuando sabemos que oramos según Su voluntad y estamos atentos a Su voz, lo escucharemos cuando hable, y veremos sus deseos revelados.

 

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Aquí puedes descargar una guía para estos 40 días.

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¿Pedís y no recibís?

¿Has pasado muchos momentos en oración y sientes que no tienes una respuesta? O al menos no la que tú estás esperando y pareciera que Dios ha cerrado su oído para contigo, pues bien, déjame decirte que “Atento esta Dios a los que le temen”, Dios siempre escucha nuestras oraciones pero por lo regular no nos da lo que pedimos sino lo que necesitamos, muchas veces van a coincidir, pero otras muchas no, y es ahí donde surge la duda ¿realmente Dios me escucha? ¿Por qué no me da lo que le estoy pidiendo?

 

Aspecto 1.-No recibimos porque… Pedimos mal (Santiago 4:3) “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.”

Nada de lo que provenga de la codicia, envidia, o deseos sensuales provocados por nuestras pasiones será digno de responderse, Dios nos ha dicho que no somos de este mundo, que no debemos permitir que este mundo nos apriete en su propio molde, sino que debemos cambiar nuestra forma de pensar, y entonces estaremos de acuerdo que la voluntad de Dios, o sea, lo que resulte para nosotros, es agradable y mejor, es perfecta; Y ese cambio en la forma de pensar nos lleva a pensar como Dios piensa, no de una manera egoísta, sino siempre a favor del reino de Dios, debemos recordar que todo lo que hagamos sea de palabra o de hecho debemos hacerlo para el Señor quien dirige nuestras vidas, ya no vivimos nosotros, sino Cristo en nosotros y a través de nosotros.

Por ejemplo, hay quienes pasan sus vidas pidiendo a Dios una camioneta, y dicen Dios no oye, no me da lo que le pido, la pregunta es; ¿Hemos oído nosotros a Dios? Cuando nos demanda que intercedamos por los demás, cuando nos pide que hagamos vallados por las ciudades, cuando nos dice que velemos y oremos, cuando dice: ¿Quien irá por nosotros?

¡Cambia tu forma de pedir! Como me bendice escuchar y conocer incluso, hermanos a los cuales, sin haberlo pedido, Dios les concede de manera inexplicable y de quien ellos no conocen algunas bendiciones, entre ellos, algunos vehículos, mejor de lo que pudiésemos imaginar comprar.

Nuestras oraciones no deben ser: “Deseo”, “Quiero”, o peor aún, “exijo”, pongamos la mira en las cosas de arriba, en las cosas que tengan valor para el reino, somos negociantes del mismo y debemos buscar los intereses del rey,  pensemos en todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, lo que es de buen nombre, en todo aquello que veamos virtud o algo que merezca alabanza y aprobación de nuestro Señor. Read the rest of this entry »

Gracia vs Esfuerzo

La religión dice: Dependiendo de lo que nosotros hagamos, eso va a determinar la obra de Dios. “Pero ese no es el evangelio. El evangelio se basa en lo que Dios ha hecho y continúa haciendo. Cuando leemos por ejemplo Juan 19 y llegamos al versículo 30 estando Jesús por expirar y entregar su alma a Dios, Él exclama: “Consumado es”.

 

Cuando recibimos un boleto ya pagado le ponen su sello de “Pagado por Completo” eso es lo que significa esa palabra “Consumado”, pagado por completo, ya no se debe nada. Cristo allí en la cruz compró nuestra Redención y lo pagó todo. Cristo en la cruz, consiguió de tal forma nuestra Redención que nosotros la recibimos por fe como un regalo.

Recibimos esa vida eterna como un regalo. Nosotros no podríamos amar a Dios lo suficiente si dependiera su amor por nosotros de amarle a Él primero.

Él jamás nos amaría si dependiera de nosotros el amarle, pero es todo al revés, nosotros le amamos a Él, nos dice en 1ª de Juan 4:19, porque Él nos amo primero. Nos amó aún antes de que naciéramos. Él ya conocía nuestros nombres. El Señor Jesucristo murió en la cruz hace dos milenios pensando en ti y en mí.

Él tomó la iniciativa y en la cruz exclamó que lo había hecho por completo de tal forma que cuando nosotros compartimos el evangelio con alguien, no le decimos: “primero tienes que arreglar tu vida, poner tus cosas en orden y entonces puedes venir a la cruz y aceptar el regalo de la vida eterna”.

 

No es así, porque Dios lo hizo todo por nosotros en Cristo Jesús. Él puso la base y nos dio al Espíritu Santo para producir en nosotros todo lo que necesitamos para vivir la vida cristiana, por el poder de Dios y no por nuestro esfuerzo humano. Pero una vez salvados si se demanda de nosotros obediencia, y se demanda porque ahora si es posible con la ayuda del Espíritu Santo.

Como la vida misma.

… Y así es el amor, como la carrera desenfrenada de un niño con su juguete mientras sonríe y se dibujan mil cosas en su mente, como la mirada esquiva de un adolescente que teme a los demás que están tan seguros de si mismo, si, el amor es como el joven que tiene todo un mundo por delante y no hay cosa que lo detenga, ¡ahhhhh! el amor…, como esa persona madura que perdona todo, que ha aprendido a seguir adelante a pesar de los raspones. El amor se cubre de sabiduría como el anciano de canas.

El amor es como la vida misma.

¿Puede ver a la chica de ahí atrás? No, la rubia oxigenada, no. La supermaquillada, tampoco. No, mucho menos la del petulante vestido y bolsa de marca, más atrás, mira bien, la de los audífonos, la que sostiene el libro, la que pasa desapercibida, la que se ríe por momentos, la del corazón noble, la que escribe en su cuaderno negro, la del cabello alborotado, ¿ves sus ojos? que lindos ojos ¿cierto?, esconden más que cosas vanas y superfluas, la que se le ha olvidado odiar, la que no anda compitiendo con nadie, Seeeeeee invita a abrazarla, inspira amarla, es esa chica con la que nunca me arrepentiría de pasar todos los días de mi vida, no es la más popular, pero ¿Qué importa eso cuando transcurra el tiempo, y se caigan las caretas, y se destruya la ropa, y se acabe el efecto del tinte?, hoy muchas la critican y hasta se burlan, ella es fuerte, ella siente miedo, ella sigue sonriendo, es hermosa ¿cierto?, su sonrisa franca y abierta sin poses ya sabidas. Se ve tan segura de si misma que no me atrevo a acercarme. ¿Por qué nunca lo intenté?

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