Editor: Esdras Mendoza Rios

¡Despiertos!

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Hace unos días, estaba viendo un programa de televisión en uno de esos canales sobre la vida salvaje, y el tema trataba sobre un día normal en un selva, pude apreciar como todo se trata de sobrevivir, se debe estar alerta tanto para cazar y poder alimentarse como para que no lo atrapen y convertirse en la comida del depredador.

Recuerdo que dije: “¡Qué difícil es vivir así cada día!”,  “lo bueno”, pensé, “es que a nosotros no nos pasa igual”, pero después me di cuenta, que con la figura tomada de un día de un depredador, la Palabra nos advierte de vivir cada día de la misma manera, alertas, porque el diablo, como león rugiente, anda buscando quien sea su presa.

¡Se trata de sobrevivir! Con el pecado no se juega, ¡Es cuestión de vida o muerte! Se trata de ser más prudentes, más sagaces, más vivos, se trata de no caer en los engaños, ni deslumbrarse con aquello que se ve fácil. No debemos descuidar nada en nuestras vidas que nos puedan exponer ante el adversario que acecha silenciosamente, buscando el momento justo para lazar su ataque letal.

Tiene que ver con una vida activa, ocupada en las cosas que nos ofrecen un lugar seguro, un ancla de salvación, una roca de protección, tiene que ver con edificar un refugio con cimientos firmes, tiene que ver con las practicas de aquellos menesteres que nos harán estar en forma, tanto para luchar como para escapar si es necesario.

En la ruta.

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Y sigo caminando…sigo avanzando, no me detengo, aun falta mucho por recorrer, mucho que planear y muchas decisiones que tomar. A lo largo de este viaje y mientras vamos por este camino, a lo largo de la ruta, veremos muchos anuncios atractivos, que intentaran que nos desviemos o trataran de hacernos detener para no llegar a nuestro destino.

Los métodos para engatusarnos son muy atractivos: el esplendor de la vida, los placeres prohibidos, lo sensual y en general todo aquello que estimula nuestros sentidos, en algunos casos respondiendo a algo muy natural en nosotros. Cuando todo esto tiene éxito en engañarnos, nos volvemos vulnerables a su poder. Empezamos a caminar según los ojos de este mundo y la carne se apodera de nuestra voluntad.

No percibimos ya claramente lo que está bien y lo que está mal, y ese desvío generalmente empieza con lo que parece un pequeño giro: “Pruébalo una vez. Una cerveza o un cigarrillo o una película pornográfica no te va a hacer mal”. Lo que tienen en común todos esos “guiños de ojos” es que causan adicción. La adicción es un estado en el cual entregamos parte de nuestra facultad de decidir; al hacerlo, les damos a esas cosas poder sobre nosotros.

Sabemos que Si elegimos el camino indebido, elegimos el destino indebido. Pero aun así a veces nos paramos mirando algunos anuncios que parecen razonable: “¡Deténgase! No sea un fanático.” Los que caen en esa falsedad, quizás profesen creer en Dios, pero no toman en serio Sus mandamientos ni Su justicia. Se sienten seguros en su propia prosperidad y suponen que Dios debe de haber aceptado el camino que han elegido.

Estos anuncios del camino los he visto en el salón de clases, en tu lugar de trabajo, en las reuniones sociales, están por todas partes atrayéndote hacia ellos, tratando de hacerte pensar como los demás o como la mayoría. Pueden estar en libros de moda, en series televisivas o en leyes de algunos países.  Haciéndolo parecer legal. Aparecen también en las ideas del momento, ridiculizan a los que aman a Dios y ensalzan a los de “mente abierta” con pensamientos tortuosos.

No se dejen engañar. Escuchen las advertencias antiguas y modernas sobre el robo, cualquier tipo de intoxicación y todas las formas de pecado sexual. Procuran destruir tu espiritualidad por todos esos medios. Cuídense del aspecto atractivo y del resplandor de la diversión. Lo que  puede parecer entretenido puede ser espiritualmente fatal.

¿Qué podemos hacer? Mira el mapa, Sí, observa que no hay desvíos, afírmate en la Palabra, cuyas enseñanzas nos protegen del mal. No es suficiente saber que Dios vive, que Jesucristo es nuestro Salvador y que el Evangelio es verdadero; debemos seguir en el camino. Debemos seguir avanzando, llevando a la acción ese conocimiento, debemos poner en práctica lo aprendido, debemos cumplir nuestras responsabilidades, y debemos ser determinantes con el pecado, firme en nuestro carácter frente a lo que nos quiera hacer desviar del propósito a que fuimos llamados.

Intolerante…

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¿Qué soy Intolerante? Creo que si, me han dicho muchas personas eso, pero es que hay cosas que no se pueden tolerar.

No tolero la injusticia, el robo y la mentira, no tolero el abuso de los ricos y poderosos, no tolero que haya gente que padezca hambre en el mundo y en mi cuadra, no tolero que haya discriminación por el color de la piel, no tolero que haya maltrato, tampoco tolero que haya padres golpeadores y hasta asesinos de sus propios hijos, no tolero la desigualdad laboral, no tolero la amistad con el mundo, la hipocresía en las iglesias, no tolero la tibieza de carácter. No tolero que se juegue con el pecado, no tolero los pleitos y enemistades, no tolero a los corruptos estén o no en el poder, no tolero el asesinato en nombre de Dios, no tolero la decadencia moral de las naciones, no tolero la idolatría… y puedo seguir. Me llaman intolerante a esto yo le llamo sensatez.

Espero esa cita…

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Cuando pasamos por dificultades, nuestra vida de oración parece incrementarse, cosa que no debiera ser así, pero es lo que muchas veces sucede. Recurrimos a Dios para buscar de su ayuda y salvación. Es en esos momentos que esos encuentros vuelven a reavivarse, no entendemos porque dejamos de acudir a la cita, siendo que éste es el encuentro que nos conforta y llena de paz para sobrellevar este mundo atiborrado de muchos males y pesares.

Es a través de estos momentos, cuando oramos agradeciendo que nos damos cuenta de lo maravilloso que es el amor de Dios para con nosotros, cuantas bendiciones, cuanto gozo, cuanta paz. Nos habíamos olvidado de enumerar cuantas bendiciones llegan diariamente a nuestra vida.

Después de orar, siento algo en lo hondo de mi ser; agradezco a Dios por tanta bondad y cuidado, pero no quiero terminar de estar a solas con Dios. Me levanto y al parecer mi vida sigue igual, pero nada más en apariencia, yo ya soy otra persona. Regreso a mi rutina con gozo y alegría, pero, sin embargo, siento una cierta tristeza, un sentimiento sutil de aplazamiento, como cuando la oscuridad apaga los brillantes colores de una puesta de sol perfecta y uno se da cuenta de que tiene que esperar otra tarde para volver a disfrutar de esa belleza.

A menudo no estoy seguro de querer abrir los ojos, pero cuando lo hago, me doy cuenta de que el amor de Dios ha cambiado todo. El clima, el tráfico, el trabajo, las personas, los problemas, todo ya no presentan un reto; las personas que han tratado de hacerme daño ya no son mis enemigos; veo a todos a través del amor de Dios como mis hermanos. El estar lleno del amor de Dios es lo que nos da más dicha y vale cualquier esfuerzo.

Le doy gracias a Dios por ese tiempo especial y por los muchos recordatorios de su amor: el sol, la luna, las estrellas, la tierra, el nacimiento de un niño, la sonrisa de una amistad. Le doy gracias por su Palabra, por el privilegio de tener la oración y por el recordatorio más maravilloso de existencia: Su amor.

¿Te atreves a soñar?

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“No permita que el mundo que lo rodea lo apriete en su propio molde, sino deje que Dios lo renueve de una forma tal que le  permita cambiar la actitud de su mente. Así comprobara en la  practica que la voluntad de Dios es buena agradable y perfecta.” – Romanos 12:2

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Cuando el espíritu Santo controle tu vida producirá en ti nueve características positivas. (Gálatas 5:22 y 23)

¿Estas exhibiendo estas características? Porque a veces en lugar de amar a menudo somos antipáticos, en lugar de vivir alegres nos sentimos tristes derrotados deprimidos y desanimados. En lugar de experimentar paz nos sentimos tensos y preocupados, en lugar de ser pacientes nos irritamos en lugar de mostrar amabilidad cada uno de nosotros vivimos para nosotros mismos egoístas, a menudo creemos que no hay nada bueno en nosotros en lugar de modelar la bondad, fallamos en nuestros compromisos en lugar de ser fieles, explotamos respondemos a otros con rabia en lugar de evidenciar el dominio propio.

Estos son los contrastes entre las personas que dejan que el poder de Dios obre en sus vidas y las que dependen de su propia capacidad y esfuerzo.

Solo hay una cosa que impide que cambies y es la dilación. (Procrastinación)

Por encima…

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En nuestro peregrinar por este mundo, camino a la tierra prometida, podemos perder de vista nuestro objetivo final, y quedarnos atrapados en nuestra situación especifica en un momento determinado. En este caminar vamos a padecer hambre, sed, cansancio, desencanto, enfermedad y tantas situaciones particulares a cada uno de nosotros. En esos momentos difíciles, podemos acudir a Dios, Él siempre esta atento y tiene cuidado de nosotros. Lo importante es que cada vez que acudamos a Dios lo hagamos con la promesa en mente. Acordémonos que aquí estamos de paso, y vamos hacia un lugar donde ya no habrá más llanto, ni más tristeza ni más dolor.

De esto depende como serán nuestras oraciones, claro que podemos pedir por la situación en especifica de este momento, pero con cuidado de no quedarnos anclados en la situación. Siempre en nuestras oraciones debemos mantener la promesa que Dios ha hecho para nuestras vidas.

El peligro es que nos conformemos con el milagro que vemos, que perdamos de vista la promesa, nos podemos acostumbrar a esperar milagros, que de hecho suceden y sucederán a lo largo del trayecto, pero estos son nada más para suplir algunas necesidades, los milagros no son el fin en si mismos sino el medio por el cual podemos aspirar llegar al objetivo.

Muchos se llevan su milagro pero no se llevan a Dios.

Algo que nos ayuda a recordar siempre la promesa por encima de las circunstancias es ser agradecido, la queja nubla tu visión y sólo ves lo que pasa a tu alrededor en tu entorno muy cercano, pero el agradecimiento sobrepasa por mucho el momento y te hace mirar más allá de las fronteras de tu situación.

¡Te invito a saltar!

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