Editor: Esdras Mendoza Rios

Diferentes…

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¿Te sientes como el único humano entra miles de zombis? Es por que eres diferente a todos los demás, que por cierto, intentaran morderte para hacerte uno de ellos. ¡No lo permitas!

Te perseguirán pero siempre escaparás. No bien sales de un acoso o crítica y ya hay otras tantas haciendo fila para atacarte una tras otra. ¡No desmayes, Dios estará contigo a donde quiera que vayas!

Nada más déjame decirte que, no eres el único. Lo mismo pensaba Elías y Dios le dijo: “Pero debes saber que siete mil personas no se arrodillaron delante de Baal ni lo besaron…” 1 Reyes 19:18 (TLA) – EMR

hb CG jueves 16042015

Antes que el día aclare

Aporte por: Amigo y hermano Yeri Nieto 

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DOMINGO DE RESURRECCIÓN      

«VIGILIA PASCUAL» | domingo, 5 de abril de 2015; 5.00 horas

I

El Salmo 24 es uno de esos terrenos sagrados que pocas veces analizamos. Los terrenos sagrados son pasajes tan conocidos y que nos han inspirado en tantas ocasiones, que casi nunca nos atrevemos a desmembrarlos para saber qué más nos están diciendo. Pero en esta madrugada del primer día de la semana, recordando cuando las mujeres y algunos apóstoles fueron testigos de la resurrección del Cristo, es necesario internarnos un poco ante lo que este salmo está diciéndonos:

1]        La estructura general de este salmo presenta dos partes: Del versículo 1 al versículo 6, y del versículo 7 al versículo 10.

2]        En varias versiones y traducciones bíblicas, al final de cada parte se encuentra la voz hebrea «Selah», que –en sentido lato– significa: «Silencio». Esto significa que, cuando leamos textos con la expresión «Selah», lo hagamos respetando esa pausa que requiere el pasaje.

3]        El primer «Selah» en este salmo está al final de la primera parte [versículo 6], y eso produce una dinámica interna en el pasaje que necesitamos atender:

~         La primera parte del salmo 24 realiza afirmaciones acerca de Dios y de lo que estas implican: El Señor es dueño de todo cuanto existe, de lo que vemos y aun de lo que no; y por eso ¿quién puede estar en su lugar santo?, ¿Quién puede subir adonde Él habita? Y, por supuesto, establece cuatro requisitos para la persona que se atreva a querer estar en la presencia de Dios:

  •                     Necesita tener manos limpias
  •                     Necesita tener el corazón puro
  •                     No debe adorar ídolos vanos
  •                     No debe jurar por dioses falsos

Y, claro está, quizá el primer requisito algunos lo cumplen [¡yo no!, lo reconozco]: Seguro que ahora mismo hay personas que tienen las manos limpias, que nunca han matado o robado, o que jamás han golpeado a alguien o maltratado a su prójimo; quizá haya ahora personas que no han defraudado o que jamás en su vida han dañado en algún aspecto a alguna persona.

Pero ¡el segundo requisito!… Ahí sí creo que todos quedamos fuera: ¿O quién puede decir que tiene el corazón puro?

Una cosa es que nunca alguien haya matado a otra persona, pero otra muy distinta que jamás le haya deseado la muerte; una cosa es que no hayas robado, pero otra muy diferente que nunca hayas deseado aquello que no es tuyo; una cosa es “manos limpias”, pero otra “corazón puro”.

4]Pero la segunda parte inicia cuando los centinelas de la eternidad gritan porque, ¡oh sorpresa!, alguien ha cumplido con los requisitos: «¡Abran los portones! Porque entrará el Rey de la gloria». Pero, ¿Quién es este Rey de la gloria?, ¿Quién pudo cumplir los imposibles requisitos que exigía la primera parte?, ¿Quién fue capaz de satisfacer a los guardias de la eternidad para que ahora se exija que abran las puertas del cielo?

~         La nota a resaltar es que ese “Rey de gloria” es alguien que viene de una batalla:

  • Es fuerte y valiente
  • Es guerrero
  • Es todopoderoso

Y eso no hace más que contradecir los requisitos:

Los guerreros no tienen las manos limpias. Los valientes y fuertes, los todopoderosos, son ratificados en las batallas como ganadores porque han derrotado a sus enemigos, y para derrotarlos debieron herirlos, matarlos, acabar con ellos.

¡Alto! El que entrará por los portones de la eternidad ¡no tiene las manos limpias!

Obsérvenlo conmigo: Camina encorvado por las heridas, trae su armadura abollada, logra sostenerse y avanzar con la mirada agrietada, no respira: jadea; su pecho está maltratado, por sus brazos y piernas ha corrido sangre que ahora está seca; su nariz deforme, su cara con moretones, uno de sus costados le impide erguirse; su frente tiene mordeduras punzantes que provocan que uno no quiera verle directamente, y sus pies están aún sangrando… y sus manos no están limpias: Hay sangre en ellas. ¿Pero es sangre de sus enemigos?

II

El Viernes Santo leíamos el Salmo 22, y ayer no hubo liturgia, no cantamos aleluya ni vinimos al templo a adorar, y eso que fue Sábado de Gloria.

Y en esta madrugada estamos leyendo el Salmo 24:

Ya hicimos el primer «Selah» y ahora estamos observando la terrible contradicción que contiene este texto: Querían que alguien de manos limpias entrase en la eternidad, y quien está entrando ¿es un guerrero que trae manchadas las manos?

Sí: Su nombre es Jesucristo.

No es cualquier guerrero. Es el mismo Señor Todopoderoso que decidió descender a este mundo para derrotar todas las fuerzas del Mal de una vez por todas.

Es el único valiente que encaró a la Maldad y sufrió su poder en carne propia: Fue traicionado por uno de su familia, fue abandonado por sus seguidores, fue llevado a un juicio injusto, fue abofeteado por las autoridades, fue maldecido en público por muchas personas y su rostro fue escupido; los soldados se burlaron, poniéndole una corona de espinas en su frente, fue exhibido semidesnudo ante los curiosos, fue condenado a muerte, fue latigueado y obligado a llevar el madero en que iba a morir varios kilómetros fuera de la ciudad; fue golpeado aún más, lleno su cuerpo de llagas, de ardor, de quemaduras de sol, de desatención; sin agua para beber y sin ganas de estar ahí; fueron sus manos y sus pies clavados al madero, fue objeto de burlas cuando moría, fue traspasado su costado con una lanza, y murió gritando el Salmo 22.

“Fue crucificado, muerto y sepultado”. Y en el sepulcro Él siguió descendiendo: Bajó a los infiernos a proclamar el evangelio a los espíritus encarcelados. Y comenzó su ascenso.

¡Resucitó! Con marcas y sangre, resucitó; con sus llagas, resucitó. Y se apareció esta madrugada a unas mujeres que quedaron sorprendidas por la presencia del Maestro –a quien habían visto morir y su cuerpo ingresar a un sepulcro.

Pero resucitó, y ahora ha ascendido a la eternidad.

Uno de los centinelas ve a lo lejos su figura. No cabe duda: Es Él. Así que grita: «¡Abran los portones del cielo! Porque viene el Rey de la gloria».

¿Tiene manos limpias? No. Ha vuelto de una batalla y trae las manos manchadas de sangre. Pero no es sangre enemiga. Es su propia sangre. Toda su sangre derramada por ti y por mí. Y esta mañana, antes que el día aclare, el Cristo resucitado está sentándose en la majestad de las alturas como Rey de gloria, como Señor y Dios de todas las personas que hemos aceptado su sacrificio de amor

Espantapájaros

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Les quiero compartir esta figura campirana:

He tenido la hermosa oportunidad de ver muchos campos sembrados de maíz; Veo el esfuerzo del que rompe la tierra y la abona, del que siembra bajo los rayos del sol haciendo honor a la frase: “con el sudor de su frente…” veo al agricultor fertilizar la tierra, quitar toda mala yerba que impida el crecimiento. Lo veo esbozar una sonrisa cuando empiezan a salir los primeros brotes…Y luego lo veo moviéndose rápidamente de un lado a otro frenéticamente y con gritos, espantando a las aves que quieren comerse el fruto que apenas se asoma por las matas ya crecidas. Pero se cansa y además no siempre esta en el campo cultivado.

Respecto a esto, un día, a alguien se le ocurrió la brillante idea de construir algo para mantener alejadas a las aves, o al menos ese es el fin. ¿Saben a que me refiero? Si, al Espantapájaros, los pájaros le tienen miedo al dueño, y el hombre piensa hacer algo lo más parecido a Él. Toma unas ropas viejas, las rellena de paja y coloca a su creación en un pedestal.  Se ve grotesco. Al principio logra su cometido, da la impresión de que es alguien vivo, se parece un poco al verdadero. Luego los que quieren robar el fruto se dan cuenta que no se mueve como el verdadero, tampoco tiene vida. Lo que sigue es un total despojo en despoblado.

Muchas veces, nos sucede así en la vida cristiana, cuando nos volvemos sólo religiosos, creamos un fetiche de cristiano, lo vestimos con cualquier ropa, la que encontremos, ya en desuso, la rellenamos con pura paja, o sea las cosas externas que no son fruto de convicción, sino de puras poses estudiadas y fingidas, sabemos la Palabra pero no la vivimos, no la obedecemos…pura paja. Entonces cuando viene la prueba de fuego, viene el ladrón y por cierto, es astuto, no se acerca demasiado al principio, pero de a poco se da cuenta que no es la ropa del Señor. No se mueve ni vive como Él. Y entonces, el enemigo no entra por la puerta…pero ciertamente roba todo lo que has sembrado. – EMR

Romanos 13:14 “sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.”

Por ti fue partido…

 

 

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En muchos lugares, se participa de la Santa Cena (Eucaristía, Comunión) Cuando nos acerquemos y escuchemos las palabras de parte del que ministra:

“y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí.” – 1a Corintios 11: 24.

¡Abre tus ojos! Y míralo clavado en la Cruz, su cuerpo ensangrentado y herido, sus llagas abiertas y su rostro desfigurado. ¿Puedes ver en cada una de sus heridas tu nombre etiquetado? “Este es mi cuerpo que fue partido por ti.” ¿Te das cuenta que fueron tus pecados los que llevaron a la muerte al Salvador? ¿Oyes la voz de la palabra? “Este Jesús a quien vosotros crucificasteis…” a esta reflexión es a lo que se le llama “Discernir el cuerpo del Señor”. Después de esto, ¿Cómo puedes seguir cometiendo tan ligeramente los mismos pecados? – EMR

 

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.” – Isaías 53:4-5

Se lavó las manos…

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Si sabes quién es Jesús, como Hijo de Dios, como Maestro, como Pastor, como el Gran Yo Soy y aun así, no te declaras a favor de Jesús con toda determinación, si no te apropias de su causa con total convencimiento, si no tienes el suficiente valor para declarar abiertamente tu adhesión a ÉL, si no le reconoces públicamente como tu Señor y Salvador. Lo que Lograrás es actuar con tibieza, tímidamente, sin impactar y complacer ni a Dios ni al mundo. Derivado de tu actitud de flaqueza, lo único que conseguirás es lastimar al cuerpo de Jesús. – EMR

“Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros. Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado.”
– Mateo 24:24 y 26

¿Si era culpable porque quería soltarlo? ¿Y si inocente porque lo azotó?

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Pusieron una gran piedra como sello a la entrada del sepulcro, significando la aparente victoria, y pusieron sellos para evitar un fraude…y siento defraudarlos, buen intento. Dios con su gran poder resucitó a Jesús. Sellando así el triunfo que había empezado en la Cruz. Un sello distintivo al cristianismo. La tumba vacía. La gran piedra removida. Y la vida de Jesús eternamente a la diestra del Padre.

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