Editor: Esdras Mendoza Rios

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Iglesias a la carta

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Hemos creado una cristiandad donde podemos elegir iglesias como la mayoría de la gente elige restaurantes: Según nuestro gusto individual.

Hay más de 25,000 denominaciones cristianas en todo el mundo. (no se si me he quedado corto) ¿Cómo podemos crecer en la gracia si no permanecemos plantado en alguna de ellas? ¿Cómo si somos libres de pasear de una a otra sólo porque algo no nos gustó?.

Muchas personas que “viajan” de iglesia en iglesia tienen “justificaciones” muy parecidas, -Que si hay peleas,  -que si hay divisiones, – que si no hay amor…
Pero no tiene por qué ser así. Escuche atentamente el apóstol Pedro:

“Sobre todo, Ámense unos a otros profundamente, porque el amor cubre multitud de pecados. Ofrecer hospitalidad unos a otros sin murmuraciones. Cada uno de ustedes debe usar cualquier regalo que haya recibido para servir a los demás, como fieles mayordomos de la gracia de Dios en sus diversas formas. Si alguien habla, debe hacerlo como uno que habla las palabras de Dios. Si alguno sirve, debe hacerlo con la fuerza que Dios provee, para que en todas las cosas Dios pueda ser alabado por medio de Jesucristo. A él sea la gloria y el poder para siempre y siempre. Amén. (1 Pedro 4:8-11)”

Nuestras palabras y acciones son las expresiones prácticas de la gracia de Dios. Dios quiere mostrar su gracia, mediante el amor, hospitalidad, apoyo y servicio en la comunidad de fe. Extendemos la gracia a los demás precisamente porque hemos recibido gracia de Dios.
Demasiado a menudo hemos llegado a ser simplemente consumidores de la gracia, y esto es lo que ha generado una iglesia para cada gusto y preferencia de que los consumidores pueden imaginar.
Me gusta esta expresión dada por un hermano de la congregación:

“Si has andado con nosotros bastante tiempo ya debes tener tus sentimientos lastimados por alguien en la iglesia. Y si has permanecido entonces ya eres la iglesia.”

La gracia en la iglesia crece en los rincones más inverosímiles: entre nuestros defectos, nuestras hipocresías y fracasos. Si todos en la iglesia actuaran de la misma manera ¿qué necesidad tendría ejercer la gracia?
El apóstol Pedro nos llama a usar nuestros dones en el servicio hacia unos y otros. Somos mayordomos de la gracia que hemos recibido por nuestra forma de hablar y actuar hacia los demás en la iglesia.
¿Han pensado alguna vez acerca de la gracia como una mayordomía? Si no, este es un momento adecuado para leer la parábola de los talentos (Mateo 25 y Lucas 19) como una enseñanza acerca de la gracia. El Señor deja algo de gran valor con sus siervos (sustituyendo la gracia en vez del oro de cada talento), y cuando regresa, él mira para ver si hemos utilizado sabiamente su regalo.

No sólo elogia lo bueno en la administración sino extiende una hermosa invitación: “¡Bien! Buen siervo y fiel…”…” Entra en el gozo de tu Señor.”

Cuando crecemos en la gracia de Dios, otorgándola a los demás, es cuando podemos ser felices y echar raíces en la iglesia en que hayamos sido plantados.
A través de la gracia, aumenta la alegría para todos.

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Gracia vs Esfuerzo

La religión dice: Dependiendo de lo que nosotros hagamos, eso va a determinar la obra de Dios. “Pero ese no es el evangelio. El evangelio se basa en lo que Dios ha hecho y continúa haciendo. Cuando leemos por ejemplo Juan 19 y llegamos al versículo 30 estando Jesús por expirar y entregar su alma a Dios, Él exclama: “Consumado es”.

 

Cuando recibimos un boleto ya pagado le ponen su sello de “Pagado por Completo” eso es lo que significa esa palabra “Consumado”, pagado por completo, ya no se debe nada. Cristo allí en la cruz compró nuestra Redención y lo pagó todo. Cristo en la cruz, consiguió de tal forma nuestra Redención que nosotros la recibimos por fe como un regalo.

Recibimos esa vida eterna como un regalo. Nosotros no podríamos amar a Dios lo suficiente si dependiera su amor por nosotros de amarle a Él primero.

Él jamás nos amaría si dependiera de nosotros el amarle, pero es todo al revés, nosotros le amamos a Él, nos dice en 1ª de Juan 4:19, porque Él nos amo primero. Nos amó aún antes de que naciéramos. Él ya conocía nuestros nombres. El Señor Jesucristo murió en la cruz hace dos milenios pensando en ti y en mí.

Él tomó la iniciativa y en la cruz exclamó que lo había hecho por completo de tal forma que cuando nosotros compartimos el evangelio con alguien, no le decimos: “primero tienes que arreglar tu vida, poner tus cosas en orden y entonces puedes venir a la cruz y aceptar el regalo de la vida eterna”.

 

No es así, porque Dios lo hizo todo por nosotros en Cristo Jesús. Él puso la base y nos dio al Espíritu Santo para producir en nosotros todo lo que necesitamos para vivir la vida cristiana, por el poder de Dios y no por nuestro esfuerzo humano. Pero una vez salvados si se demanda de nosotros obediencia, y se demanda porque ahora si es posible con la ayuda del Espíritu Santo.

Ministerios en la Iglesia.

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“Salieron de Mara y vinieron a Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmeras; y acamparon allí”. Números 33:9

El oasis de las fuentes de aguas y palmeras

Proseguimos un paso más en las jornadas del pueblo hebreo por el desierto. En medio de esta serie de jornadas o estaciones del pueblo de Dios por el desierto, es hermosísimo saber que también hay estaciones de esta clase, como la que vamos a ver hoy, y especialmente después de MARA. Habíamos visto lo relativo a Ramesés, luego Sucot, posteriormente Etam y en seguida Pihahirot y por último lo relativo a Mara. Leemos en Números 33:9: “Salieron de Mara”. ¡Aleluya! O sea que se puede salir de Mara. Mara es amargura, es prueba, dificultad, pero se puede salir. “Salieron de Mara y vinieron a Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmeras; y acamparon allí”. Ese es el verso epígrafe: Salieron de Mara y vinieron a Elim. Eso ya estaba ahí antes de que ellos llegaran. ¿Ustedes creen que Dios no había predestinado ese oasis (más…)

La ley para el soberbio…

La ley para el soberbio y la
gracia para el humilde.

 

(Gal 3.24) La Ley es un “ayo” (ayudante, educador) para llevar al pecador a la salvación -la justificación -por la fe en Cristo.

i. (Rom 3.19-20) Dios nos ha dado la Ley para llevar al “soberbio” (al hombre arrogante, Orgulloso, altivo) a la cruz. La Ley hace entender su Condenación bajo el justo juicio de Dios. Por lo tanto, la Ley es para el soberbio.

ii. (Rom 5.20) Sin embargo, la Ley no salva a nadie; sólo lo deja deseando la salvación. Así que, cuando por la Ley el pecado abunda (cuando el soberbio ya no es tan soberbio sino humilde y temeroso de Dios y el juicio), la gracia de Dios puede sobreabundar para su salvación. Por lo tanto, la gracia es para el humilde.

La Ley para el soberbio (Cierra su boca y abre sus ojos)

Cuando estamos conversando con alguien “soberbio” (cuando no hay humildad, no hay
arrepentimiento), hemos de enseñarle la Ley.

Pero, una vez que vemos que la Ley ha hecho su trabajo—una vez que vemos un poco de
preocupación en el pecador por su condición delante de Dios—podemos hablarle de
la gracia de Dios para su salvación.

Jesús utilizaba la ley para los soberbios que querían justificarse a sí mismos:

(Luc 18.18-21) Este joven creía que nunca había violado los mandamientos que Cristo le citó. Era “soberbio”

(Luc 18.22-23) Así que, usando la esencia de los primeros dos mandamientos (“No tendrás dioses ajenos delante de Mí” y “No te harás imagen ni ninguna semejanza”), Jesús descubrió el pecado “mascota” del joven. Su dinero había llegado a ser un ídolo para él. Era culpable de amar al dinero más que a Dios. (más…)

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