Editor: Esdras Mendoza Rios

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La culpa

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Una de las motivaciones erróneas para cambiar. La Culpa.

La culpabilidad no puede tomar el lugar de la obra del Espíritu Santo en nuestra vida. Funciona aparentemente, pero su influencia y efectos es temporal, al rato ya estamos en la misma condición, por haber vuelto a hacer lo mismo que antes. Sólo cuando te presentas en el altar del sacrificio de todo lo que eres y de todo lo que debes, es cuando empieza a llevarse a cabo la verdadera transformación de la mente y corazón.

Lo único que tiene poder para transformar y cambiarnos de adentro para fuera y transformar nuestro corazón, es el evangelio. Necesitamos arrepentirnos, necesitamos venir a Cristo, necesitamos el fruto del Espíritu Santo para transformarnos de tal forma que brote ese amor que nos va a motivar a hacer lo que no podemos hacer de ninguna otra forma. Esa motivación es la correcta. ¿Cuál es entonces? Si, El Amor que brota en nosotros por medio del Espíritu Santo.

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Cambio

Cambio

Fe ¿mágica?

Mis ojos ven lo que puede ser el presagio de una tormenta…nubarrones se empiezan a formar y se oye el silbido del viento incrementando su velocidad a medida que pasa el tiempo… ¿Preocuparse? Porque deberíamos…ya nos es la llovizna ligera a la cual ya estamos acostumbrados, gruesas gotas golpean con fuerza nuestras caras…subo unos dos metros y de repente estamos dos metros abajo y así con cada paso del tiempo nuestro paso también es rítmico y las ondas implacables… ¿Preocuparse? Porque deberíamos…El agua nos llega dentro del bote hasta los tobillos y por más que nos esforzamos el nivel sigue subiendo a pasos agigantados… ¿Preocuparnos? Porque deberíamos…Después de todo en la barca va el maestro…aunque duerme.

¡Maestro, maestro…que perecemos!

Se oye muy chistoso ¿no? Decimos tener confianza…pero llegado un punto ¡corremos y gritamos como los demás!

Jesús calma la tempestad
(Mt. 8.23-27; Mr. 4.35-41)

22 Aconteció un día, que entró en una barca con sus discípulos, y les dijo: Pasemos al otro lado del lago. Y partieron.
23 Pero mientras navegaban, él se durmió. Y se desencadenó una tempestad de viento en el lago; y se anegaban y peligraban.
24 Y vinieron a él y le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! Despertando él, reprendió al viento y a las olas; y cesaron, y se hizo bonanza.
25 Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, y se decían unos a otros: ¿Quién es éste, que aun a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen?

Pues bien, muchas veces este pasaje ha sido predicado dentro del tópico “La Autoridad de Jesús” y es correcto, puesto que habla de su autoridad al hacer cesar la tempestad y esta le responde inmediatamente haciéndose una gran bonanza, luego sigue con la salvación del endemoniado gadareno, luego la resurrección de la hija de Jairo y el no menos celebre pasaje de la mujer que toca el manto de Jesús y queda sana, estos pasajes claro que nos evidencian su autoridad. (más…)

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