Editor: Esdras Mendoza Rios

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Corazón generoso

El Diezmo.

El día de hoy vamos a hablar de un tema que es bastante relevante para la vida del creyente, para la vida de la iglesia y también para la vida de los no creyentes y de todas las personas en general.

Y a pesar que este es un tema del consumo de la comunidad cristiana parece que existe mucha desinformación o mucho recelo por parte de muchos respecto al mismo. Sobre todo en estos últimos tiempos donde mucha gente descontextualiza y ponen la información en una posición que bíblicamente hablando no es la correcta. Hablar sobre el diezmo…yo rehúyo hablar del tema, no porque no sea bíblico ni que no tenga importancia, sino que mi perspectiva sobre el mismo dista mucho a veces de lo que las personas esperan cuando vienen a mi y me cuestionan sobre el diezmo, pareciera como si estuviéramos en canales diferentes, yo parto de una perspectiva diferente ¿Qué significa esto? Vamos a ver en Proverbios 3:9-10 QUE DICE: “Honra a Jehová con tus bienes, Y con las primicias de todos tus frutos; Y serán llenos tus graneros con abundancia, Y tus lagares rebosarán de mosto.”

Personalmente creo que cuando una persona se convierte en cristiano por medio de la poderosa sangre de Jesús que limpia y perdona nuestros pecados, esta persona, de manera natural empieza a cultivar desde lo profundo de su corazón un sentido de generosidad es como si empezáramos a entrar en un proceso conforme al corazón de Dios. Y desde luego en la Biblia encontramos como Dios interviene con seres humanos, con el hombre, para mostrar su generosidad para con nosotros.

Toda esa generosidad se transmite en un momento solemne dentro del culto en la iglesia y es precisamente en el acto de ofrendar y en el acto de diezmar cuando manifestamos ese sentido de generosidad que se va desarrollando en nosotros.

Lamentablemente muchas veces hay un desconocimiento pleno de lo que las escrituras enseñan al (más…)

Parábola “El Amigo inoportuno” última clase.

5 puntos para pensar…

l. La falsificación más evidente, y hasta irritante para quien conserve un mínimo de sensibilidad religiosa, es la del utilitarismo vergonzoso y, por tanto, de la instrumentalización casi mágica de la religión, que lleva a creer que Dios está a mi servicio, a mi disposición. Un Dios a quien incluso se le imparten órdenes.

2. Otra distorsión bastante frecuente es la que coloca la oración de petición en los momentos de emergencia de la vida, en los casos dramáticos, en las situaciones trágicas y sin salida. En una palabra, algo como una señal extrema de alarma a la que uno se agarra desesperadamente cuando suena la hora del peligro. Se olvida que la relación con Dios se inserta en la cotidianidad, en la normalidad de la existencia, en los días luminosos como en los grises, cuando el tiempo está sereno y cuando en nuestro horizonte se agolpa la tempestad. Mucha gente, por el contrario, sólo se acuerda de él en las circunstancias en que no se puede prescindir de su ayuda.  Si sólo oras cuando estás en problemas…. ¡Estás en problemas!.

3. Dios quiere escucharnos, pero no acepta nuestras órdenes. La gran tentación del hombre siempre es la de trastocar los papeles, usurpar el puesto de Dios. Oyendo el contenido y el formalismo de ciertas plegarias, se saca la impresión de que el orante cree que domina, que domestica a Dios, que lo tiene secuestrado en sus dependencias. Cuando el hombre tiene la pretensión de hipotecar a Dios, de confiscarlo, de “tenerlo”, su mano no alcanza a Dios, sino a un ídolo. El pecado del paganismo está revestido de religiosidad. Por eso los primeros cristianos eran acusados de no ser “religiosos”. Dios está cercano. Dios es alguien con el que se puede contar. Pero no está a nuestra disposición. No está a nuestro alcance. Tenemos que evitar invertir los papeles. Somos nosotros los que en la oración nos ponemos a disposición de Dios. Cuando oramos nos abrimos, nos hacemos disponibles para secundar su acción. Desgraciadamente, el estilo de ciertas oraciones revela la pretensión de asignar a Dios ciertas “tareas”, fijando incluso modos y tiempos, imponiendo cantidades y vencimientos. (más…)

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