Editor: Esdras Mendoza Rios

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Espantapájaros

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Les quiero compartir esta figura campirana:

He tenido la hermosa oportunidad de ver muchos campos sembrados de maíz; Veo el esfuerzo del que rompe la tierra y la abona, del que siembra bajo los rayos del sol haciendo honor a la frase: “con el sudor de su frente…” veo al agricultor fertilizar la tierra, quitar toda mala yerba que impida el crecimiento. Lo veo esbozar una sonrisa cuando empiezan a salir los primeros brotes…Y luego lo veo moviéndose rápidamente de un lado a otro frenéticamente y con gritos, espantando a las aves que quieren comerse el fruto que apenas se asoma por las matas ya crecidas. Pero se cansa y además no siempre esta en el campo cultivado.

Respecto a esto, un día, a alguien se le ocurrió la brillante idea de construir algo para mantener alejadas a las aves, o al menos ese es el fin. ¿Saben a que me refiero? Si, al Espantapájaros, los pájaros le tienen miedo al dueño, y el hombre piensa hacer algo lo más parecido a Él. Toma unas ropas viejas, las rellena de paja y coloca a su creación en un pedestal.  Se ve grotesco. Al principio logra su cometido, da la impresión de que es alguien vivo, se parece un poco al verdadero. Luego los que quieren robar el fruto se dan cuenta que no se mueve como el verdadero, tampoco tiene vida. Lo que sigue es un total despojo en despoblado.

Muchas veces, nos sucede así en la vida cristiana, cuando nos volvemos sólo religiosos, creamos un fetiche de cristiano, lo vestimos con cualquier ropa, la que encontremos, ya en desuso, la rellenamos con pura paja, o sea las cosas externas que no son fruto de convicción, sino de puras poses estudiadas y fingidas, sabemos la Palabra pero no la vivimos, no la obedecemos…pura paja. Entonces cuando viene la prueba de fuego, viene el ladrón y por cierto, es astuto, no se acerca demasiado al principio, pero de a poco se da cuenta que no es la ropa del Señor. No se mueve ni vive como Él. Y entonces, el enemigo no entra por la puerta…pero ciertamente roba todo lo que has sembrado. – EMR

Romanos 13:14 “sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.”

Vino a mi palabra del Señor.

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Anoche literalmente vino a mi palabra del Señor.

Les contaré por qué, no es presunción, simplemente que literalmente anoche, lunes 30 de marzo del 2015, mientras dormía soñaba con el pasaje de David vs Goliat muy conocido por muchos, pues bien, en ese sueño, pude notar que lo que Saúl era, según 1a Samuel 9:2 “Y tenía él un hijo que se llamaba Saúl, joven y hermoso. Entre los hijos de Israel no había otro más hermoso que él; de hombros arriba sobrepasaba a cualquiera del pueblo.”, era nada más aparente, ya que su tamaño, incluso su armadura, en el momento  decisivo no le sirvió de nada.

Mientras caminó con Dios le fue concedida la victoria, pero cuando el orgullo entró en su corazón y no reconoció que era Dios lo que hacía posible su victoria en ese momento dejo de depender de Dios y empezó a confiar en sí mismo. Lo que a la larga lo llevo a la derrota ante sus enemigos y la desaprobación delante de Dios.

¿Qué es todo lo que construimos si dejamos a Dios afuera? Nada, ruido y nada más. Saúl no confió en Dios, más bien puso su confianza en sí mismo, al punto que ofreció el mismo el holocausto que estaba reservado únicamente de ofrecerse por Samuel. Confió más en ciertas cosas externas que en obedecer la voz de Dios. (1a Samuel 9: 9-13)

Dio órdenes insensatas como por ejemplo no comer, cuando era evidente que si hubieses comido, hubieran tenido más fuerzas para derrotar a sus enemigos. Actuó, dice la palabra: Locamente. Neciamente. Tontamente.

No veía la grandeza de Dios al concederle la victoria, más bien se enfocó en indagar e identificar y juzgar a quien desobedeció su orden, a buscar quien no pensaba como él,  al grado incluso de llegar a condenar a muerte a su propio hijo. ¿No actúan así mismo hoy en día los religiosos? ¿Los que buscan obtener el favor de Dios a través de puras poses externas sin sufrir transformación alguna en su interior? Sólo andan condenando. No ven el mover de Dios en las vidas victoriosas de los demás si no se da como ellos piensan.

Usando su fuerza conquistó otras batallas, y lo único que hacía era llenarse de gloria y orgullo. Me recuerda el pasaje que dice: “El poder y la fuerza de mi mano me han dado estas riquezas…” (Deuteronomio 8:17) Y por lo mismo, comenzó también a fijarse nada más en lo aparente de los demás, esto dejó fuera en su momento a David, porque él no veía el corazón de las personas sino que se fijaba en las demostraciones externas. (“… y a todo el que Saúl veía que era hombre esforzado (más…)

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