Editor: Esdras Mendoza Rios

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¡La fe mueve montañas!

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Dar frutos o morir…

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La maldición de la Higuera. (Marcos 11:12-26)

Este episodio representa una parábola dramatizada. Son las pretensiones de Dios en relación con nosotros. Cristo nos pide algo más. Como si dijera: La fe tiene la obligación de realizar milagros. Podemos estar metidos en muchas actividades pero tal vez tengamos nada más que hojas. Puedo aparentar que soy un árbol frondoso y lleno de hojas pero lo que Jesús busca es fruto.

Dios espera que su pueblo de fruto a tiempo y fuera de tiempo como Pablo se lo expreso a Timoteo:

“Predica la palabra; persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno; corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar”- 2 Timoteo 4:2.

Dios nos considera capaces de hacer cosas imposibles.

Cristo no solo ha muerto en la cruz para que yo tenga vida eterna sino para que también sea semejante a El realizando sus mismas obras. ¿Considero la invitación de Dios a favor de las necesidades no alcanzadas y ser su instrumento? ¿Qué objeciones tengo para responder a esta invitación? ¿Cuál es el fruto que busca el Señor en medio de su iglesia? El problema de Israel era que aparentaba vida pero sus hermosas hojas escondían un tremendo vacío.

Debemos examinarnos y tener cuidado que no pase lo mismo en nuestro medio. Los pueblos que se acercaban a esta higuera no encontraban algo que les satisficiera la sed y el hambre. Jesús les enseñaba con estas palabras:

 “¿No esta escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones”? Marcos 11:17.

Hace referencia a un reino inclusivo que Dios quiere instaurar. Su preocupación tiene que ver con todas las naciones, para todos los pueblos, en todos los estratos sociales y a favor de todos los pueblos. Jesús no se queda con sus límites nacionalistas sino los trasciende. Debemos cuidarnos de no estar centrados en nosotros mismos, en nuestra denominación y sólo a favor de la institución y denominación a la que pertenecemos, olvidándonos de los no alcanzados con el evangelio. Se espera que como individuos e iglesias comencemos un proceso intencional para alcanzar a los que están “afuera”, el Señor esta llamándolos para que también sean su pueblo.
Finalmente Marcos comparte:

“Por la mañana, al pasar junto a la higuera, vieron que se había secado de raíz…”  V. 20-25

El hecho que la higuera fue secada de raíz significa que la destrucción fue total y que nadie en el futuro comería de este árbol. La Higuera está simbolizando al sistema religioso de la época con todos sus componentes religiosos y políticos. Esto sirvió como advertencia del juicio que vendría y que vendrá. Es el destino de ese sistema y autoridades. No dejará impune a un sistema religioso excluyente, de presión, abuso, control, robo y que no ha dado la libertad al hombre sino lo ha sometido a un legalismo que lo ha esclavizado.

“Pedro, acordándose, le dijo a Jesús: ¡Rabí, mira, se ha secado la higuera que maldijiste!” La respuesta de Jesús es “Tengan fe en Dios”. – V. 21

Jesús apela a la calidad de la Fe y la Oración. Dios no ha dejado solo al hombre y nos desafía a insistir en tener Fe en Dios. Les dice:

“Les aseguro que si alguno le dice a este monte: Quítate de ahí y tírate al mar, creyendo, sin abrigar la menor duda de lo que dice sucederá, lo obtendrá. Por eso les digo: Crean que ya han recibido todo lo que estén pidiendo en oración y lo obtendrán”. V. 23-24

Quitarse de aquí para allá o trasladarse parece ser una frase proverbial que significa quitar grandes dificultades, implica que desaparezca un sistema de valores que no da libertad al hombre.

“Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. ” – 1a Corintios 13:2

Los problemas se centran finalmente en la esterilidad de la higuera, la falta de fruto, la estructura excluyente del templo o institución. El antídoto será la Fe, pedir por medio de la oración, apelar a su poder que incluye el amor a los enemigos y perdonar a otros. Somos llamados a seguir a Jesús y superar los obstáculos.

Hoy los cristianos tenemos que orar creativamente que Dios quite los grandes obstáculos que se interpongan entre el temor y la fe, entre la incredulidad y la fe, entre la duda y la fe.

Poca fe…

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Es necesario que reflexionemos en esta pregunta, si conocemos la respuesta, si sabemos que Jesús calma la tempestad, ¿por qué entonces dudamos? creo que es porque aún no ha sido derribado el ídolo de barro que hemos construido en nuestros corazones, este ídolo llamado Yo, el que ha hecho una construcción de Dios a la medida de nuestro entendimiento, un Señor pequeño como nosotros, un Señor limitado como nosotros, un Señor débil como nosotros, por eso somos hombres de poca fe, porque nuestra fe no está basada en el Hijo de Dios, sino que se fundamenta en lo que nosotros mismos hemos construido como Dios.

Vino a mi palabra del Señor.

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Anoche literalmente vino a mi palabra del Señor.

Les contaré por qué, no es presunción, simplemente que literalmente anoche, lunes 30 de marzo del 2015, mientras dormía soñaba con el pasaje de David vs Goliat muy conocido por muchos, pues bien, en ese sueño, pude notar que lo que Saúl era, según 1a Samuel 9:2 “Y tenía él un hijo que se llamaba Saúl, joven y hermoso. Entre los hijos de Israel no había otro más hermoso que él; de hombros arriba sobrepasaba a cualquiera del pueblo.”, era nada más aparente, ya que su tamaño, incluso su armadura, en el momento  decisivo no le sirvió de nada.

Mientras caminó con Dios le fue concedida la victoria, pero cuando el orgullo entró en su corazón y no reconoció que era Dios lo que hacía posible su victoria en ese momento dejo de depender de Dios y empezó a confiar en sí mismo. Lo que a la larga lo llevo a la derrota ante sus enemigos y la desaprobación delante de Dios.

¿Qué es todo lo que construimos si dejamos a Dios afuera? Nada, ruido y nada más. Saúl no confió en Dios, más bien puso su confianza en sí mismo, al punto que ofreció el mismo el holocausto que estaba reservado únicamente de ofrecerse por Samuel. Confió más en ciertas cosas externas que en obedecer la voz de Dios. (1a Samuel 9: 9-13)

Dio órdenes insensatas como por ejemplo no comer, cuando era evidente que si hubieses comido, hubieran tenido más fuerzas para derrotar a sus enemigos. Actuó, dice la palabra: Locamente. Neciamente. Tontamente.

No veía la grandeza de Dios al concederle la victoria, más bien se enfocó en indagar e identificar y juzgar a quien desobedeció su orden, a buscar quien no pensaba como él,  al grado incluso de llegar a condenar a muerte a su propio hijo. ¿No actúan así mismo hoy en día los religiosos? ¿Los que buscan obtener el favor de Dios a través de puras poses externas sin sufrir transformación alguna en su interior? Sólo andan condenando. No ven el mover de Dios en las vidas victoriosas de los demás si no se da como ellos piensan.

Usando su fuerza conquistó otras batallas, y lo único que hacía era llenarse de gloria y orgullo. Me recuerda el pasaje que dice: “El poder y la fuerza de mi mano me han dado estas riquezas…” (Deuteronomio 8:17) Y por lo mismo, comenzó también a fijarse nada más en lo aparente de los demás, esto dejó fuera en su momento a David, porque él no veía el corazón de las personas sino que se fijaba en las demostraciones externas. (“… y a todo el que Saúl veía que era hombre esforzado (más…)

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La fe sin obras carece de vida

Célula14082014

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La fe sin obras es muerta.

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