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Ayudando a los Adolescentes a Desarrollar su Fe

Por James K. Hampton
El hilo común que pasa a través de todas las teorías del desarrollo de la fe es que la adolescencia es un tiempo cuando la fe probablemente será cuestionada. Sus recién descubiertas habilidades cognitivas (lo que psicológicamente la teoría de Jean Piaget llama “operaciones formales”) y su necesidad de establecer independencia de sus padres puede resultar en algunas formas de cuestionamiento sobre el cristianismo.

Esto no es un problema espiritual, sino, más aún, un fenómeno de desarrollo normal.
¿Cuál entonces es nuestra respuesta cuando los adolescentes cuestionan el cristianismo?

Si las teorías del desarrollo de la fe nos dicen algo, es que el proceso de cuestionamiento y duda es completamente normal. En realidad puede ser una indicación de que el crecimiento
cristiano está ocurriendo.

Necesitamos estar seguros de que estamos en paz con la validez del cristianismo. Si nosotros como líderes comunicamos ansiedad sobre las preguntas que los adolescentes están teniendo, podemos indicarles que no confiamos que nuestras creencias puedan permanecer de pie bajo el riguroso escrutinio. Pero si respondemos con apertura, podemos ayudarlos a descubrir que la duda es una parte normal del crecimiento como creyentes.

Debido a que la duda es una parte natural del desarrollo de la fe del adolescente y no es lo
mismo que abandonar la fe, somos libres para permitir al adolescente cuestionar su fe.
Bíblicamente, la duda no es antiético a la fe, sino casi necesariamente corolario a ella. Esto
es, por medio del proceso de la duda, la fe de una persona puede ser de hecho, fortalecida.
Entonces, si estamos para ayudar a los adolescentes a desarrollar una fe cristiana madura, hay cinco cosas que debemos hacer por ellos.

La primera es proveer un contexto donde las dudas puedan ser expresadas. Si el mensaje dado es que un buen cristiano no debe tener dudas o que estamos incómodos con sus preguntas, ellos pueden sentirse con la necesidad de ir a otro lugar. Pero al aceptar sus preguntas, e incluso en ocasiones, alentarlos, podemos proveer un contexto saludable en las cuales sus preguntas pueden ser consideradas.

Aquellos que trabajan con adolescentes deben sentirse cómodos con su cristianismo y con las preguntas fuertes de los adolescentes que probablemente surjan.

Segundo, podemos proveer algunas respuestas a sus preguntas. Esto no significa que cuando un adolescente pregunte algo debemos rápidamente proveer la respuesta de manera que sus dudas puedan ser resueltas. Pero no significa que aquellos que trabajan con jóvenes deberían estar familiarizados con los temas básicos de apologética. (más…)

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