Editor: Esdras Mendoza Rios

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La autoridad de la oración

La posición que Jesús obtuvo fue transferida al género humano por
medio del nuevo nacimiento en Cristo.

¿Qué le da a usted el derecho para orar? La seguridad de la respuesta a esa pregunta en su
mente y corazón es esencial si usted quiere una vida de oración. Anteriormente vimos que Dios instituyó la oración cuando Él creó al género humano. Aprendimos que La oración es el recurso por el que usted tiene el medio para comunicarse con el Dios invisible. Es el recurso por medio del cual su espíritu se propone afectar o ser afectado por la voluntad y el propósito del divino Creador. Ese es el propósito de la oración. Sin embargo, ¿en base a qué tiene usted el derecho para orar?

Inicialmente Dios nos dio este derecho en virtud de nuestra relación con Él y nuestro
propósito de ejercer dominio sobre la tierra. No obstante, nuestra relación con nuestro Creador estaba rota y nuestra autoridad de dominio embargada por nuestros primeros antecesores. Satanás, en vez del hombre, llegó a ser “el dios de este mundo” (2a Corintios 4:4).

¿Dónde deja esto a las personas en relación a la comunión con Dios y Sus propósitos
para la oración? En ese punto, la humanidad pasó a ser extraña para con Él y Sus planes. Así que:

  • Se sintió alejada de Dios.
  • Estaba insegura de las buenas relaciones que tuvieron con Dios.
  •  No supo lo que Dios quería hacer para con ella y por medio de ella.
  •  Perdió el sentido del propósito.

¿Suenan parecidos estos resultados a su propia vida de oración?

El plan de redención de Dios es consistente con su carácter y sus propósitos

Ya he comentado que los propósitos de Dios son eternos y que Él tenía un plan, desde
la fundación del mundo, para restaurar al género humano. Note que esta restauración, la cual implica la derrota de Satanás y el pecado, fue cumplida en acuerdo con los principios de Dios. Sus propósitos jamás cambiaron.

El plan de Dios no era simplemente venir a quitarle el control de la tierra a Satanás. Él pudo haber hecho eso, pero Él nunca lo iba a hacer. ¿Por qué? Hubiera sido inconsistente con la integridad de su carácter y sus propósitos. Si Él hubiera hecho eso, Satanás podría acusarlo de hacer lo que él (Satanás) había hecho-usurpar la autoridad que se le había dado al hombre en la creación. Dios tiene todo poder y autoridad. No obstante, Él le dio autoridad al género humano sobre la tierra, también le dio libre albedrío, y, Él no invalidaría esos dones-aunque el hombre hubiese pecado, rechazándolo a Él, haciéndose merecedor de ser separado de Él para siempre. Las Escrituras dicen: “Porque la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23).

¡Que respeto extraordinario tiene Dios por la humanidad! Él respetó la autoridad del hombre aun cuando yacía inactiva dentro de su naturaleza caída, sin embargo ¿Cómo podría Dios capacitar a la humanidad para recobrar una relación con Él y la autoridad sobre la tierra cuando el hombre rechazó estos dones por su propia elección? Necesitamos valorar la magnitud del dilema del hombre. El pecado del hombre tendría que ser enfrentado. El hombre también tendría que querer regresar a Dios y trabajar junto con Él por su propia voluntad.

Estos no eran asuntos sencillos. Restaurar al género humano hubiera sido imposible si no
fuera por Cristo. Como Jesús mismo dijo: “Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible” (Mateo 19:26). El plan eterno de Dios para la humanidad se hizo posible con la llegada de Cristo. Sólo por medio de Cristo somos restaurados a nuestros propósitos en Dios, y sólo por medio de Cristo tenemos el derecho a orar con autoridad.

 Cristo restauró nuestros derechos para dominar y orar

Además, desde el principio Dios planeó que la redención del hombre y la restauración de
Su propósito se dieran por medio de Cristo. “Dándonos [Dios] a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo;.. .para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los
principados y potestades
de los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor, en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él.” Efesios 1:9; 3:10-12. (más…)

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El génesis de la oración

La oración es el ejercicio de nuestra autoridad sobre la tierra al darle a Dios la libertad de intervenir en los asuntos terrenales.

 

Puede que cuando oramos y no recibimos respuesta a nuestras oraciones nos preguntemos: “¿Cuál es el propósito de la oración?” ¿No hace Dios todo lo que Él quiere hacer, sin importar cómo? ¿Por qué tendríamos que orar cuando ya Dios: lo sabe todo, lo  controla todo, lo predetermina todo y él no cambia?

Para comenzar, Dios hace todo con un motivo, pues Él es un Dios de propósitos. Sus actos no son arbitrarios. “Jehová de los ejércitos juró diciendo: Ciertamente se hará de la manera que lo he pensado, y será confirmado como lo he determinado” La humanidad fue creada para reflejar la naturaleza de Dios y para tener compañerismo con él.

 

La humanidad no puede revelar la imagen y semejanza de Dios si no entabla una relación con Él.  “El consejo de Jehová permanecerá para siempre; los pensamientos de su corazón por todas las generaciones” Isaías 14:24. “Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; mas el consejo de Jehová permanecerá” (Salmo. 33:11). Dios es un Dios de propósitos y todo lo que Él ha creado en este mundo, incluyendo hombres y mujeres, ha sido creado para cumplir Sus propósitos. Por eso, cuando Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Génesis
1:26), ¿qué revela esta declaración acerca de Sus propósitos para la humanidad y la razón para orar?

Primero, Dios creó a la humanidad para reflejar Su carácter y personalidad. Fuimos creados para ser como Él, teniendo Su “imagen” y “semejanza” (Génesis 1:26). Esto significa que fuimos creados para tener Su naturaleza y carácter moral. Esa debía ser la esencia de nuestro ser. La razón personal de Dios para crear la humanidad fue para establecer una relación de amor mutuo con ella.
Dios creó a la humanidad a Su propia imagen para que el amor pudiera ser dado y
recibido libremente entre el Creador y lo creado. La única razón para que el hombre pueda tener compañerismo con Dios es que Dios lo creó de Su propia esencia. Él creó al hombre con espíritu, así como Él es Espíritu. “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24).

Aunque Dios es el Creador, Él siempre ha enfatizado que es el Padre del hombre. No ha sido Su deseo que primeramente se piense que él es un “fuego consumidor”  (Deuteronomio 4:24). Dios quiere que nos acerquemos a Él como un niño lo haría con un padre amoroso: “¿No es él tu padre que te creó? Él te hizo y te estableció”  (Deuteronomio 32:6). “Como el padre se compadece de los hijos, se compadecerá Jehová de los que le temen” (Salmos 103:13). El hombre fue creado de la esencia de Dios, aunque siempre depende de Dios como su Fuente. Como seres humanos, no somos autosuficientes (Salmo 100)  (Juan 15), aunque nos gustaría pensar que lo somos.
No podemos revelar la imagen y semejanza de Dios si no entablamos una relación con Él. La idea era que reflejáramos la naturaleza de Dios en el contexto de estar conectados continuamente con Él en compañerismo. Primera de Juan 4: 16 dice, “.. .el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él”. Ningún ser humano estará verdaderamente satisfecho con la vida hasta que él o ella amen a Dios. Dios debe tener el primer lugar en nuestras vidas porque fuimos diseñados para hallar cumplimiento y máximo significado en Él.

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