Editor: Esdras Mendoza Rios

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Esta Navidad espero que…

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Mi alma espera en esta Navidad que…

Algunas personas dejen de estar agobiado por tantas responsabilidades.

Esa ama de casa deje de pensar en la ropa que lavar y los niños que atender.

Ese rudo hombre de negocios olvide los golpes de la vida y las traiciones de la empresa, y que por unos minutos, se desmorone en las rodillas del Creador.

El enérgico e incansable líder le cuente de sus miedos más ocultos y de aquello que lo acongoja en su ministerio.

A ese muchacho, al que la vida no le dio respiro, sienta el reposo del guerrero solo por estar en su compañía.

Esa niña que sufre violencia intrafamiliar y que sueña con una caricia sincera encuentre el abrazo del Padre.

Los niños migrantes a los que les ha sido negada la entrada a la felicidad puedan ver abierta la puerta que es Jesús.

Aquellos mas privilegiados puedan ayudar a los menos favorecidos.
Al menos una sonrisa franca puedas obsequiar con los que se crucen en tu camino.

A cada enfermo en un hospital le pueda llegar una esperanza para su vida al compartirle las bondades del cielo.

Cada persona responsable de proveer para su casa pueda llevar el alimento para su familia.

Aquellas mujeres que se quedaron solas con los hijos, puedan encontrar en nosotros apoyo y respaldo.

A todos los que perdieron a un ser querido les aliente la promesa de una vida permanente y duradera.

Que todos los que se quedaron sin trabajo no pierdan la fe que con Dios podrán seguir adelante.

A los que han sido victimas de la maldad en cualquiera de sus formas conozcan que para eso vino Jesús, para deshacer las obras del maligno.

Que a todos los niños en orfandad les podamos demostrar que en Jesús todos somos hermanos.

Todos podamos regocijarnos porque este mes viene a ser diferente, los corazones se sensibilizan, se respira un ambiente de paz y todo gracias a quien hace posible la Navidad, esto es, a Jesús el Verbo Humanado.

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¿Te dan más o te quitan?

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“Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.” – Mateo 25:29

Esta es la parábola del siervo negligente (parábola de los talentos), donde le dan a uno 5,000 monedas de plata, a otro 2,000 y a otro 1,000, esto según su capacidad. Historia corta, al final los que tenían la capacidad de manejar y duplicar, fueron recompensados y el que no, hasta lo que tenía se lo quitaron.

Los que fueron bendecidos fue porque se arriesgaron y el que no actuó, por tener miedo a perder, no fue bendecido.

Si queremos ser bendecidos tenemos que aumentar nuestra capacidad (mental, espiritual, emocional, educativa) para estar preparados para recibir más.
1.- Hay que desarrollar más capacidad y para aumentar esa capacidad tenemos que transformar nuestra manera de pensar, diferente a la de este mundo, del sistema de valores en que nos movemos, y así tener seguridad para actuar sin miedos, hay que estudiar la información correcta y aplicarlos. Y esto de continuo.

2.- No podemos postergar decisiones basadas en miedos. Cuantas personas por miedos, dejan pasar oportunidades a lo largo de su vida – por irse a la segura y no arriesgarse- al final terminan sin nada.

3.- Se una persona diligente en aumentar tu capacidad para que tengas mas. Vence los miedos, estudiando información positiva, asociándote con personas que te enriquezcan, que te eleven y saquen lo mejor de ti y así estarás listo para recibir mas bendiciones.

¿Estás acudiendo continuamente a la fuente de sabiduría?
¿Con quien te estás relacionando?
¿Qué información estás estudiando que aumente tu capacidad?
¿Qué acción estas tomando para vencer tus miedos?

¿Estas listo para tener más?
¡Ya sabes lo que tienes que hacer!

Parábola “El Amigo inoportuno” última clase.

5 puntos para pensar…

l. La falsificación más evidente, y hasta irritante para quien conserve un mínimo de sensibilidad religiosa, es la del utilitarismo vergonzoso y, por tanto, de la instrumentalización casi mágica de la religión, que lleva a creer que Dios está a mi servicio, a mi disposición. Un Dios a quien incluso se le imparten órdenes.

2. Otra distorsión bastante frecuente es la que coloca la oración de petición en los momentos de emergencia de la vida, en los casos dramáticos, en las situaciones trágicas y sin salida. En una palabra, algo como una señal extrema de alarma a la que uno se agarra desesperadamente cuando suena la hora del peligro. Se olvida que la relación con Dios se inserta en la cotidianidad, en la normalidad de la existencia, en los días luminosos como en los grises, cuando el tiempo está sereno y cuando en nuestro horizonte se agolpa la tempestad. Mucha gente, por el contrario, sólo se acuerda de él en las circunstancias en que no se puede prescindir de su ayuda.  Si sólo oras cuando estás en problemas…. ¡Estás en problemas!.

3. Dios quiere escucharnos, pero no acepta nuestras órdenes. La gran tentación del hombre siempre es la de trastocar los papeles, usurpar el puesto de Dios. Oyendo el contenido y el formalismo de ciertas plegarias, se saca la impresión de que el orante cree que domina, que domestica a Dios, que lo tiene secuestrado en sus dependencias. Cuando el hombre tiene la pretensión de hipotecar a Dios, de confiscarlo, de “tenerlo”, su mano no alcanza a Dios, sino a un ídolo. El pecado del paganismo está revestido de religiosidad. Por eso los primeros cristianos eran acusados de no ser “religiosos”. Dios está cercano. Dios es alguien con el que se puede contar. Pero no está a nuestra disposición. No está a nuestro alcance. Tenemos que evitar invertir los papeles. Somos nosotros los que en la oración nos ponemos a disposición de Dios. Cuando oramos nos abrimos, nos hacemos disponibles para secundar su acción. Desgraciadamente, el estilo de ciertas oraciones revela la pretensión de asignar a Dios ciertas “tareas”, fijando incluso modos y tiempos, imponiendo cantidades y vencimientos. (más…)

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