Editor: Esdras Mendoza Rios

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Leyes

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Y de repente, el caos, todo empieza a ponerse feo, los carros de adelante no avanzan, se oyen los pitidos desesperados de muchos, palabras obscenas, veo mi reloj y estoy seguro que llegaré tarde a mi destino al igual que muchos el día de hoy. Me pregunto ¿Por qué ponen tantos semáforos? ¿Por qué tardan tanto en cambiar de color? ¿Por que varias vertientes desembocan en esta avenida?

Veo como muchos no respetan la luz verde que me da paso, y se pasan con el alto encima, molesto yo también les tocó el claxon en señal de disgusto. ¡Como pueden hacer esto! ¿Dónde están los agentes cuando se les necesita?

Esta misma pregunta me hace notar que nadie esta vigilando e intento cruzar una luz roja para avanzar pero solo consigo quedar varado a mitad de la calle, cuando les da el verde a los demás no pueden pasar porque estoy atravesado, me tocan el claxon y algunos me gritan, yo también colaboré con el desorden y lo peor es que no avancé mucho.

Después de mucho rato, logro llegar al punto donde puedo ver el motivo del congestionamiento, hay una manifestación que avanza y tapa varios carriles de una avenida principal. Tienen derecho a manifestarse, si, pero deberían hacerlo sin afectar a los demás. ¿Por qué no ponen orden las autoridades? me doy cuenta que hace un momento despotricaba contra ellas al quejarme de tantos semáforos y ahora quiero hacer uso de ellas para que quiten el estorbo. Actuamos según nos convenga. Hace un rato hasta infringí una ley que me indicaba no pasar.

Me doy cuenta de que si todos respetáramos las leyes, nuestra vida sería mucho mejor, al menos en el transito por la ciudad, esta sería más fluida, y al final seriamos felices.

Lo mismo sucede con las leyes divinas, no están para hacernos la vida pesada con cargas, aunque algunos la ven de esa manera, sino su fin es hacernos más felices. Bienaventurados nos llama la Palabra si hacemos esto o aquello, si actuamos de esta o de esta otra manera, todo lo ha dispuesto Dios para que podamos vivir en armonía unos con otros. Y no nos ha puesto como jueces, que estemos criticando y condenando a los demás porque a nuestro parecer no respetaron cierto punto de la ley, que aunque sea uno muy pequeño, es parte de toda la ley, para eso ya se ha establecido lo que le sucederá a quienes lo hagan, cada uno tiene que dar cuenta de sus propios actos, así que limitémonos a vivir felizmente procurando no pasar por alto algún principio de vital importancia.

El Espíritu Santo, nos lleva a ver en la ley de Dios cuando estamos actuando mal para corregirnos, cuando lo estamos haciendo bien para animarnos, y lo mejor, pone en nosotros ese deseo de observar atenta y respetuosamente las indicaciones del Eterno plasmados en su Palabra. Él pone el deseo en nuestros corazones y espera que lo obedezcamos, pero somos nosotros quien decidimos actuar de manera favorable y obtener los beneficios implícitos o desobedecer y obtener también las consecuencias establecidas por nuestros actos de rebeldía, respaldado únicamente con la habilidad para decidir (llámese libre albedrío) pero sin sabiduría.

¿Quieres ser feliz? Respeta y obedece las instrucciones de Dios.
¿Quieres que todos seamos felices? Promueve el respeto y obediencia a las instrucciones de Dios.

“Actos y Actitudes”

Aportación enviada por el Pastor: Ariel Pérez Gutiérrez.

“Tiempo después, Jesús les dijo a la gente y a sus discípulos:
Los fariseos y los maestros de la Ley son los que más conocen la ley de Moisés. Ustedes deben hacer todo lo que ellos digan; pero no hagan lo que ellos hacen, porque enseñan una cosa y hacen otra. (BLS). Mateo 23:1-3

Vamos a analizar la palabra ACTO, como término de función o fiesta. Desde esta  perspectiva un acto es fácil de organizar. Se colocan unas banderas, una plataforma, algunas flores y ya está. Los actos se arman y se desarman, se montan y se desmontan, se preparan y se presentan. Pero las actitudes nacen del corazón. Las actitudes brotan de lo que uno es. Son el reflejo de lo que tenemos dentro. No hay maquillaje, ni disfraz para las actitudes. Somos lo que nuestras actitudes revelan.

Tenemos control sobre un acto, sabemos provocar sentimientos y reacciones. Podemos preparar una bonita conferencia e impresionar a nuestros invitados, pero también podemos echarlo todo a perder con una mala actitud. Con un acto se puede causar una buena imagen de lo que uno es o de lo que uno quiere que los demás piensen. Pero con una actitud se puede herir el corazón de alguien, se puede dañar los sentimientos y se puede además quebrar los vínculos de una relación personal.

¿Por qué nos preocupamos tanto por organizar eventos y actividades de  impacto y no nos preocupamos del impacto de nuestras actitudes? (más…)

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