¡Viaja inteligentemente!

Somos polvo…

aliento

Reviso y busco y no encuentro nada que pueda darle a cambio, como dice un canto: “¿que viste en mí?” Asi que me inclino y oro, agradezco y canto, y cuando me quiero exaltar por “mis logros”, a la vuelta de la esquina, vuelvo a la condición de…polvo. O sea, de materia prima.
Y él se inclinará aún sobre este polvo para darle el aliento de vida. Así mi “nada” es tocada por la plenitud divina. Del polvo salta una chispa de vida. Y ahora esta sutil capa ya no puede ocultar el esplendor del rostro de un hijo de Dios. Todo, pues, comienza de nuevo.

Puedo ser “nuevo” si acepto no el… fin, sino el principio. No el montoncito de ceniza de la tumba. Sino el puñado de tierra en las manos del artífice. El poco de tierra dispuesta a recibir el hálito”. Y convertirse así, de nuevo, cada día, en un “viviente”. ¡Del hoyo he sido rescatado!

En reconocer mi escencia, de que soy polvo… está el reconocimiento de la grandeza de Dios y en ese mismo instante Dios se acuerda de mi, de mi condición y se compadece dándome vida.

La cita, pues, con nuestra condición, con la reflexión del polvo, es fundamentalmente la cita con la vida.

Salmo 103:14

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