¡Viaja inteligentemente!

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Anoche literalmente vino a mi palabra del Señor.

Les contaré por qué, no es presunción, simplemente que literalmente anoche, lunes 30 de marzo del 2015, mientras dormía soñaba con el pasaje de David vs Goliat muy conocido por muchos, pues bien, en ese sueño, pude notar que lo que Saúl era, según 1a Samuel 9:2 “Y tenía él un hijo que se llamaba Saúl, joven y hermoso. Entre los hijos de Israel no había otro más hermoso que él; de hombros arriba sobrepasaba a cualquiera del pueblo.”, era nada más aparente, ya que su tamaño, incluso su armadura, en el momento  decisivo no le sirvió de nada.

Mientras caminó con Dios le fue concedida la victoria, pero cuando el orgullo entró en su corazón y no reconoció que era Dios lo que hacía posible su victoria en ese momento dejo de depender de Dios y empezó a confiar en sí mismo. Lo que a la larga lo llevo a la derrota ante sus enemigos y la desaprobación delante de Dios.

¿Qué es todo lo que construimos si dejamos a Dios afuera? Nada, ruido y nada más. Saúl no confió en Dios, más bien puso su confianza en sí mismo, al punto que ofreció el mismo el holocausto que estaba reservado únicamente de ofrecerse por Samuel. Confió más en ciertas cosas externas que en obedecer la voz de Dios. (1a Samuel 9: 9-13)

Dio órdenes insensatas como por ejemplo no comer, cuando era evidente que si hubieses comido, hubieran tenido más fuerzas para derrotar a sus enemigos. Actuó, dice la palabra: Locamente. Neciamente. Tontamente.

No veía la grandeza de Dios al concederle la victoria, más bien se enfocó en indagar e identificar y juzgar a quien desobedeció su orden, a buscar quien no pensaba como él,  al grado incluso de llegar a condenar a muerte a su propio hijo. ¿No actúan así mismo hoy en día los religiosos? ¿Los que buscan obtener el favor de Dios a través de puras poses externas sin sufrir transformación alguna en su interior? Sólo andan condenando. No ven el mover de Dios en las vidas victoriosas de los demás si no se da como ellos piensan.

Usando su fuerza conquistó otras batallas, y lo único que hacía era llenarse de gloria y orgullo. Me recuerda el pasaje que dice: “El poder y la fuerza de mi mano me han dado estas riquezas…” (Deuteronomio 8:17) Y por lo mismo, comenzó también a fijarse nada más en lo aparente de los demás, esto dejó fuera en su momento a David, porque él no veía el corazón de las personas sino que se fijaba en las demostraciones externas. (“… y a todo el que Saúl veía que era hombre esforzado y apto para combatir, lo juntaba consigo. ” – 1a Samuel 14:52).

El esfuerzo y vanagloria, llevó a Saúl a rebelarse contra la Palabra de Dios, optó por actuar según sus propios caminos, se apoyó en su propia prudencia, hizo todo conforme a su parecer y a su propia opinión. (“Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.” – 1a Samuel 15:23)

La adoración que brindan las personas que basan su comunión con Dios en esfuerzos personales, y desatendiendo lo que dice la palabra, se vuelve una adoración vacía, sin sentido y monótona. Adoración que no es aceptada por Dios. Por ejemplo en Isaías vemos el ayuno que es falso. (“Isaías 58:4  He aquí, ayunáis para contiendas y riñas, y para herir con un puño malvado. No ayunéis como hoy, para que se oiga en lo alto vuestra voz.” – Isaías 58:4) ¿Puedes notar que dice que Dios escuchará o no en lo alto nuestra voz dependiendo de la actitud con la que hacemos las cosas? Dios busca adoradores en Espíritu y Verdad, o sea que lo hagan congruentemente, lo que se ve por fuera es sólo el reflejo de lo que ellos son por dentro, hay concordancia y armonía entre el ser y el hacer. (“Y volvió Samuel tras Saúl, y adoró Saúl a Jehová.” – 1a Samuel 15:31). Saúl adoraba pero Dios ya no lo escuchaba.

Empezó a sentir celo porque veía que Dios usaba a otros poderosamente, e intentaba eliminarlos. (“Y cuando el espíritu malo de parte de Dios venía sobre Saúl, David tomaba el arpa y tocaba con su mano; y Saúl tenía alivio y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él.” – 1a Samuel 16:23)

Pero llegamos a lo más emocionante y triste a la vez, toda apariencia, toda religiosidad superficial, tiene su momento de prueba, y es precisamente en las situaciones difíciles, donde ésta es confrontada, cuando mostramos de lo que está hecha nuestra fe.

Y ese día llegó, pese a la apariencia, pese al tamaño, pese a la hermosura,  pese a todo lo que se había puesto encima, sustituyendo a la armadura de Dios. Saúl se creía el más alto, comparándose con los demás, pero llego un gigante que lo hizo ver pequeño. No pudo hacerle frente, es más, tuvo temor y pánico. Sus rodillas estaban endebles y desfallecían, y eso lo transmitió a los que estaban a su alrededor y bajo su mando. (“Oyendo Saúl y todo Israel estas palabras del filisteo, se turbaron y tuvieron gran miedo.” – 1a Samuel 17:11)

En este punto, el religioso ya empieza a desacreditar a todos los demás. Si Dios va a hacer algo lo tiene que hacer únicamente a través de él. (“Dijo Saúl a David: No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él; porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud.” – 1a Samuel 17:33)

Fue allí donde aprendemos la lección, no es lo que nosotros hagamos, no son nuestras fuerzas, es lo que Dios hace a través de nosotros, aquel que pasó desapercibido porque no mostraba las credenciales que según los hombres lo hacían merecer el título de vencedor, aquel que mostraba una relación íntima con Dios allá donde nadie lo admiraba, ni sobresalía, allá donde cumplía sus deberes, allí Dios estaba con David, y como estuvo con David en esos tiempos así mismo estuvo con él en el momento de la prueba. A diferencia de Saúl, David no llevaba nada en que confiar, él iba en el nombre de Jehová de los ejércitos. (” Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado.” – 1a Samuel 17:45)

Y así, como un espíritu religioso infunde temor y lo transmite, así mismo, una persona con una relación autentica, libre de poses y que pone el nombre de Dios en alto también infunde y trasmite su pasión a los demás. (“Levantándose luego los de Israel y los de Judá, gritaron, y siguieron a los filisteos hasta llegar al valle, y hasta las puertas de Ecrón. Y cayeron los heridos de los filisteos por el camino de Saaraim hasta Gat y Ecrón.” – 1a Samuel 17:52)

Si deseas que Dios obre sus maravillas a través de ti como su instrumento, tienes que humillarte ante Dios con una actitud de dependencia total ante Él, de tal manera que sabes que sin Él nada puedes hacer. Además tienes que vivir la palabra, que no sea uno tu dicho y otro tu actuar, que haya congruencia y coherencia en ti. Ama a los demás ayudándoles y animándoles a encontrarse con la fuente de la bendición en lugar de criticarlos y juzgarlos.

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