¡Viaja inteligentemente!

¿Pedís y no recibís?

¿Has pasado muchos momentos en oración y sientes que no tienes una respuesta? O al menos no la que tú estás esperando y pareciera que Dios ha cerrado su oído para contigo, pues bien, déjame decirte que “Atento esta Dios a los que le temen”, Dios siempre escucha nuestras oraciones pero por lo regular no nos da lo que pedimos sino lo que necesitamos, muchas veces van a coincidir, pero otras muchas no, y es ahí donde surge la duda ¿realmente Dios me escucha? ¿Por qué no me da lo que le estoy pidiendo?

 

Aspecto 1.-No recibimos porque… Pedimos mal (Santiago 4:3) “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.”

Nada de lo que provenga de la codicia, envidia, o deseos sensuales provocados por nuestras pasiones será digno de responderse, Dios nos ha dicho que no somos de este mundo, que no debemos permitir que este mundo nos apriete en su propio molde, sino que debemos cambiar nuestra forma de pensar, y entonces estaremos de acuerdo que la voluntad de Dios, o sea, lo que resulte para nosotros, es agradable y mejor, es perfecta; Y ese cambio en la forma de pensar nos lleva a pensar como Dios piensa, no de una manera egoísta, sino siempre a favor del reino de Dios, debemos recordar que todo lo que hagamos sea de palabra o de hecho debemos hacerlo para el Señor quien dirige nuestras vidas, ya no vivimos nosotros, sino Cristo en nosotros y a través de nosotros.

Por ejemplo, hay quienes pasan sus vidas pidiendo a Dios una camioneta, y dicen Dios no oye, no me da lo que le pido, la pregunta es; ¿Hemos oído nosotros a Dios? Cuando nos demanda que intercedamos por los demás, cuando nos pide que hagamos vallados por las ciudades, cuando nos dice que velemos y oremos, cuando dice: ¿Quien irá por nosotros?

¡Cambia tu forma de pedir! Como me bendice escuchar y conocer incluso, hermanos a los cuales, sin haberlo pedido, Dios les concede de manera inexplicable y de quien ellos no conocen algunas bendiciones, entre ellos, algunos vehículos, mejor de lo que pudiésemos imaginar comprar.

Nuestras oraciones no deben ser: “Deseo”, “Quiero”, o peor aún, “exijo”, pongamos la mira en las cosas de arriba, en las cosas que tengan valor para el reino, somos negociantes del mismo y debemos buscar los intereses del rey,  pensemos en todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, lo que es de buen nombre, en todo aquello que veamos virtud o algo que merezca alabanza y aprobación de nuestro Señor.

Aspecto 2.-No recibimos porque… Dudamos de la palabra de Dios (Santiago 1: 6-7) “Pero que pida con fe, sin dudar, porque quien duda es como las olas del mar, agitadas y llevadas de un lado a otro por el viento.7 Quien es así no piense que va a recibir cosa alguna del Señor;”

Muchas veces leemos una cosa en la palabra de Dios y pensamos que va a suceder de otra manera, es decir, por citar un ejemplo: Cuando Dios dice que abrirá las ventanas de los cielos y derramará bendición hasta que sobreabunde, lo dice bajo la premisa de confiar en él y no en las cosas materiales, como lo es el dinero, cuando en un acto de fe le entregamos al Señor el 10% de nuestros ingresos y el bendecirá el 90% restante, pues bien, sacando de contexto la palabra del Señor, anda circulando por ahí la doctrina de la prosperidad, donde se hace hincapié en las bendiciones más que en el Señor que bendice. O sea, hacemos a un lado lo que el Dios requiere de nosotros, y hacemos lo que nosotros queremos, si no obedecemos el principio del diezmo del Señor ¡Como vamos a recibir bendición en nuestras finanzas!; Y tantos pasajes más como el de no afanarnos sino abandonarnos al cuidado que tiene Dios de nosotros, pero pareciera que nos dijera lo contrario, vivimos ansiosos, con estrés, procurando amontonar en vez de compartir.

Este versículo va de la mano con el primero, pidiendo lo que sea bueno y beneficioso para el reino, y después no dudar que cuando le pedimos al Señor este sin duda nos enviara una respuesta.

Qué curioso cuando dice “Pida con Fe”, porque como ya sabemos dice la escritura que “La fe viene por el oír; y el oír la palabra de Dios” o sea, dudamos de la palabra porque no “escuchamos” la palabra, es como una rueda que puede llevarnos de duda o en duda, o de creer en creer, dependiendo cuanto nos entregamos a conocer su palabra, por eso dice de la escritura: “Es una espada de dos filos”, es decir si le crees a la palabra es porque previamente ya leíste y te apropiaste de la palabra, eso te lleva a fortalecer tu fe y en las subsecuentes situaciones, porque no dudas de la palabra sino que le crees, puedes ir viendo victoria tras victoria.

Pedir con fe, es pedir también con una insistencia inquebrantable, es decir con una confianza tal que no pueda ser disuadida por nada ni por nadie, es orar y actuar así mismo en consecuencia, ¿qué quiere decir esto? Que debemos dejar de luchar y esperar la salvación de nuestro Dios a favor nuestro.

¡Cuántas promesas de parte de Dios hay en su palabra! Para con nuestras vidas y para cada situación, pero aun así, dudamos, nos preguntamos ¿Por qué Señor? Y nos olvidamos que siempre hay una bendición mayor y eterna detrás de lo que podamos creer y captar como bendición inmediata y temporal. Por ejemplo, hay quienes viven agradecidos con Dios por un nuevo día –que no está mal, ya que él es quien nos da la vida- y quisieran nunca pasar por situaciones de enfermedad y mucho menos por situaciones de muerte, y se olvidan de agradecer a Dios por su salvación, por la vida eterna que nos ha prometido, por ese lugar donde ya no habrá ni mas lloro, ni más tristeza, ni enfermedad, acordémonos que aquí nada mas vamos de pasada, el mundo no es nuestro hogar, hay cosas maravillosas mas allá de nuestra comprensión que Dios ya ha preparado para los que le aman.

Aspecto 3.-No recibimos porque… Hay pecado en el corazón (Salmos 66:18) “Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, El Señor no me habría escuchado” y este otro: Isaías 59:2 “Pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros Su rostro para no oír.”

Iniquidad…que podemos decir de este vocablo, intentaremos hacer una comparación con un árbol, ya que en la Biblia muchas veces se utiliza esta figura para enseñar algunas verdades, ¿porque después que un árbol da frutos, estos se cortan y posteriormente vuelven a salir más frutos? Porque el fruto no es la semilla, el fruto es el producto de la vida del árbol (“Por sus frutos los conoceréis….hay árboles buenos y malos que producen así mismo frutos buenos y malos), cuando habla de arboles malos la Biblia dice que “El hacha ya está puesta a la raíz de lo arboles” o sea tiene que ser cortado de raíz, así también si no queremos seguir pecando no basta con dejar de hacer ciertas cosas pecaminosas, porque a determinado tiempo estos volverán o vendrán nuevos. Cuando venimos a Jesús el nos perdona nuestros pecados pasados y somos hechos nuevas creaturas, no obstante la raíz de maldad (iniquidad) sigue obrando en nuestro interior, por eso es necesario que el Espíritu Santo venga a nuestras vidas y tome el control, purificando y quemando toda raíz de pecado(iniquidad) que haya en nosotros, y para que este suceda tiene que ser en ese orden, reconozco mi pecado, acepto el sacrificio de Jesús, pido perdón, soy perdonado – la casa ya esta ordenada pero…esta vacía- es menester pedir al Padre de su Espíritu Santo para que more en nosotros –“No sabéis que vuestros cuerpos son templo del Espíritu Santo..:” Toda dadiva y todo don perfecto (Espíritu Santo) proceden de lo alto, del Padre, ¡Como no nos dará el Espíritu Santo si se lo pedimos!, a la presencia de su espíritu la iniquidad es quitada de nosotros (no se puede servir a dos señores).

Por eso es importante vivir una vida de santidad, ya que si no es así, nuestras oraciones no serán escuchadas por la presencia de la iniquidad en nuestras vidas.

Es necesario confesar nuestros pecados, pero también es necesario quitar la iniquidad de raíz por medio de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo a través del Espíritu Santo que nos ha dado.

No te conformes con dejar de hacer ciertas cosas, eso es solo la primera parte, busca ser lleno del Espíritu Santo, esto es, que no haya lugar más para nada en tu vida que no sea para dar la gloria a Dios con ella, esto es tener un corazón puro, ¿Quién subirá al monte de Jehová y quien estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón” (el que ya ha dado lugar para que sea el Espíritu Santo que sea que produzca los frutos mencionados en Gálatas 5:22)

Aspecto 4-No recibimos porque… Usamos repeticiones vanas (Mateo 6:7) “Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos.”

Muchas veces nos topamos con hermanos que reparte oraciones en papeles ya elaboradas, y les dicen a los demás, cuando te vayas a dormir, repite esto 5 veces y verás cómo llega el descanso a tu alma, ¡Por favor! Tales cosas tienen más a la superstición que a las oraciones genuinas nacidas del corazón, y pero aun, hay personas que les hacen caso y siguen las instrucciones al pie de la letra, repiten y repiten y nada pasa, entonces reclaman que Dios no les hace caso y empiezan a dudar del poder de Dios.

Otra forma de repetición vana, es aquella que aun viviendo la persona en pecado utiliza frases muy elocuentes al orar y piensan que por ello serán escuchados.

La oración verdadera supone ser un ejercicio vivo y dinámico y no una práctica muerta y mecánica. Por tanto no debemos usar las mismas ideas y las mismas palabras cansadas, ya que haciendo eso, la destinamos a entregar el mismo resultado estéril del rezo, una repetición en cascadas de palabras vacías, conducen a practicar religión en el vacío. Crea el efecto contrario a la intención original del patrón entregado por Cristo a sus seguidores.

Aspecto 5.-No recibimos porque… Hay desobediencia a la palabra (Proverbios 28:9) “El que aparta su oído para no oír la ley, Su oración también es abominable.

No sólo dice que no será respondida, será escuchada pero su efecto a los oídos de Dios es abominable (“Que se considera moralmente malo y merecedor de condena o rechazo, por atentar gravemente contra los principios establecidos”)

Pensamos que podemos desligar nuestra vida de obediencia a la palabra, no siendo nada más oidores sino hacedores de ella, de nuestra relación con Dios. Decimos no importa como respondamos a las demandas y exigencias de Dios plasmadas en su palabra, de todas maneras Dios es misericordioso y nos tiene que escuchar, nada más alejado de la realidad, Dios nos dice: Proverbios 1: 33“Mas el que me oyere, habitará confiadamente Y vivirá tranquilo, sin temor del mal.” Y en Salmos 34 10-12 “Guarda tu lengua del mal, Y tus labios de hablar engaño. 14 Apártate del mal, y haz el bien; Busca la paz, y síguela. 15 Los ojos de Jehová están sobre los justos, Y atentos sus oídos al clamor de ellos. ”

Si los ojos de Jehová están sobre los justos, por deducción sus ojos No están sobre los injustos, y ¿quiénes son justos? Todos aquellos que creyendo lo que dice su palabra se acercan y se apropian en fe de la salvación otorgada por Jesús en la cruz.

Aspecto 6.-No recibimos porque… Malas relaciones interpersonales (1ª Pedro 3:7) “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.”

Aunque aquí Pedro, utiliza la figura del matrimonio para indicarnos que un maltrato o actuación desconsiderada para con nuestra esposa (podría decirse para con el prójimo) tiene como resultado que nuestras oraciones presenten estorbos, otro pasaje similar – aunque ahora en relación a el acto de ofrendar, que también es una manera de presentarnos ante Dios – está en Mateo 5: 23-24 “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.”

Una de las enseñanzas más claras de nuestro Señor tocante a la oración es la de Mateo 18:19-20, donde se nos dice que “si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi Nombre, allí estoy Yo en medio de ellos”. La promesa es tremenda; sus alcances son ilimitados. Siempre hemos aplicado esta palabra a la iglesia en general, a la necesidad de estar unánimes a la hora de pedir por un avance en la obra del Señor, pero ¿cuánto más se podrá aplicar esta preciosa palabra al matrimonio creyente, en que dos siervos de Dios están allí compartiéndolo todo, con todos los intereses en común, viendo siempre las mismas necesidades en la familia, en la obra del Señor, y en el mundo que los rodea?

No podemos esperar la próxima reunión de oración de la iglesia para llevar nuestras peticiones ante el trono de la gracia; no tenemos que esperar a salir por la ciudad en busca de otro hermano de confianza para poder orar, si a nuestro lado tenemos una hermana en Cristo, una consierva. Ella también es coheredera de la misma gracia. Si esto hacemos, experimentaremos el gozo de enfrentar la vida y sus innumerables conflictos junto a la compañera de nuestra vida.

Valoramos mucho las reuniones de oración de la iglesia, ciertamente allí se vive un ambiente casi celestial, con gran despliegue de poder y autoridad para atar al enemigo y desatar la voluntad de Dios en la tierra; también valoramos mucho la oración íntima, individual, a puertas cerradas en el secreto del Padre, indispensable para cualquiera que desea servir al Señor. Pero hay una persona con quien estamos siempre juntos.

La reunión de la iglesia pudo haber estado muy gloriosa, pero luego cada cual vuelve a su casa… ¡Bienaventurados los matrimonios creyentes, que andan delante del Señor! En ellos la comunión espiritual durará siempre, y la posibilidad de orar juntos, en toda ocasión posible, puede constituirse en un torrente de grandes bendiciones.

Juntos podemos cobrar también la promesa de Deuteronomio 32:30, donde se dice que uno persiguió a mil y dos persiguieron a diez mil. Dios siempre bendice más a dos que a uno. “No es bueno que el hombre esté solo”, dijo al principio de la creación.

Hoy, en la nueva creación, orar dos juntos es orar respetando el principio del cuerpo. Así derribamos, por un lado, el individualismo; y por otro, multiplicamos las posibilidades de nuestra oración.

Nosotros que tenemos el Espíritu Santo morando en nuestros corazones, soñemos con esto, con una oración poderosa, sin estorbo, constante, que se levante como un muro firme contra las asechanzas del diablo.

Recibamos esta palabra como si Dios mismo nos dijera: ¡Quiten estos estorbos y Yo los bendeciré!

 

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