¡Viaja inteligentemente!

Idealistas nada más.

Todos los cultos y todas las religiones falsas combinadas no han causado tanto daño al mover de Dios como los religiosos infiltrados en las Iglesias. Los religiosos intentan desbaratar cada posible movimiento o avivamiento de Dios hasta hoy, y aún retienen un sitio de honor inmerecido dentro de una enorme fracción de la Iglesia.

El idealismo es uno de los engañosos y destructivos disfraces de los religiosos. El idealismo es de origen humano y es una forma de humanismo. Aunque tiene la apariencia de buscar sólo los estándares más elevados y la preservación de la gloria de Dios, el idealismo es posiblemente el enemigo mortal de la verdadera revelación y de la verdadera gracia. Es mortal porque no permite crecer en gracia y sabiduría; más bien ataca y destruye los fundamentos de aquellos que buscan la gloria de Dios a través de nuevas visiones contemporáneas, cambiando métodos y desechando paradigmas, pero conservando lo fundamental del evangelio.

El idealismo hace que intentemos imponer sobre otros estándares que están más allá de los que Dios ha requerido o ha dado la gracia para ese momento. Por ejemplo, aquellos que están controlados por su religiosidad pueden condenar a quienes tal vez no oren dos horas al día como ellos hacen. La verdad es que la voluntad de Dios para otros podría no ser la misma que para nosotros. La gracia de Dios tal vez nos pida orar, en determinadas temporadas, diez minutos diarios. Entonces, cuando somos bendecidos por su presencia, desearemos pasar con Él más y más tiempo, hasta que diez minutos nos resulten muy poco. Si eventualmente oramos dos horas al día, será a causa de nuestro amor por la oración y la presencia del Señor, no por temor o por el orgullo causado por una practica externa nada más.

Cuando nuestra religiosidad logra producir orgullo, conduce al perfeccionismo. La persona perfeccionista ve todo blanco o negro. Esto causa extremos y requiere que cada persona y cada enseñanza sea juzgada cien por ciento correcta o cien por ciento equivocada. Este es un estándar de perfección que solo Jesús pudo cumplir y que nos lleva a una seria desilusión cuando se lo imponemos a otros o a nosotros mismos. La gracia verdadera imparte una verdad que libera a las personas, mostrándoles el camino para salir del pecado o atrayéndolos a niveles más altos de madurez espiritual. Aquellos religiosos tal vez sean capaces de señalar problemas con mucha

seguridad, pero rara vez tienen soluciones, excepto que sea derribar lo que ya se ha construido. La estrategia del enemigo es anular los progresos que se han hecho y sembrar desánimo, que limitará el progreso futuro.

El perfeccionista impone e intenta vivir con modelos que en realidad sofoca el crecimiento y la verdadera madurez. La gracia de Dios nos llevará a subir la montaña paso a paso. El Señor no nos condena si algunas veces tropezamos mientras intentamos subir. Él amablemente nos levanta y nos anima a que lo podemos alcanzar. Debemos tener la visión de llegar a la cima y nunca condenarnos por no estar aún allí, mientras “continuemos subiendo”.

Una de las más poderosas y engañosas formas de los “reliodiosos” es construir una combinación de temor y orgullo. Aquellos que están ligados de esta manera, pasan por períodos de profunda angustia y  remordimiento por sus fracasos. Este falso arrepentimiento resulta nada más que una mayor auto humillación y futuros intentos de hacer sacrificios que aplaquen al Señor. Luego, con frecuencia, saltan al otro lado, estando convencidos de que son superiores a otros cristianos o a otros grupos, y se convierten en inalcanzables e incapaces de recibir reprensión.

Su fundamento será determinado más por presión externa que por convicción verdadera. El religioso es tan resbaladizo que se escurrirá de casi todo intento de ser confrontado. Si usted se dirige al orgullo, al temor o a la inseguridad intentará atraer simpatía. Si confronta el temor, cambiará en orgullo religioso, enmascarándose como fe. Esto conducirá a congregaciones y a personas a tales extremos que serán inevitablemente desintegrados.

El religioso a menudo produce un falso don de discernimiento de espíritus. Este falso don prospera muy bien en ver lo que está mal en otros antes de ver lo que Dios está haciendo en las personas y así poder ayudarlas. De esta manera, el espíritu maligno provoca a la Iglesia algunos de los daños más grandes. Su obra de maldad dejará, casi siempre, más daño y división que sanidad y reconciliación. Que Santidad y madurez. Su mentalidad tiene la raíz en el árbol del conocimiento del bien y del mal, y aunque algunas de las verdades que proclama sean exactas, son ministradas en un espíritu que asesina.

Este falso espíritu de discernimiento está motivado por sospecha y temor. La sospecha tiene raíz en cosas tales como rechazo, preservación territorial e inseguridad general. Sin embargo, el verdadero don de discernimiento solo puede funcionar mediante el amor. Cualquier otro motivo que no sea el amor destruirá la percepción espiritual.

Cada vez que alguien somete a juicio o critica a otra persona o grupo, deberíamos ignorarlo a menos que sepamos que, verdaderamente, ama a esa persona o a ese grupo de personas.

No basta con ser idealistas tenemos que ser espirituales.

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