¡Viaja inteligentemente!

Efesios 5:18

Por si no has podido leer en Facebook aquí pongo los extractos referentes a este pasaje que he publicado

27 de Junio del 2014
El Espíritu Santo, no sólo estimula el intelecto, también estimula el corazón. El Espíritu mueve el corazón. Y no hay nada que pueda mover el corazón hasta sus mismas profundidades tanto como el Espíritu Santo.

El alcohol no mueve el corazón. Lo que el alcohol hace es liberar los elementos instintivos de la vida; y el hombre lo confunde por sentimientos. Es un efecto hueco, es un síntoma superficial. Bajo su efecto el hombre realmente no es responsable de sus acciones, y después se lamenta por la generosidad que ha exhibido mientras estaba ebrio. El efecto no le ha  tocado absolutamente el corazón; simplemente ha eliminado sus controles superiores.

Momentáneamente parecía ser tan generoso; pero al día siguiente se lamenta de ello y desea poder revertir su conducta. El corazón no ha sido movido. La bebida, por supuesto, paraliza la voluntad dejando inerme al hombre. “Mírenlo”, decimos nosotros, “irremediablemente borracho, incapacitado”.

Y por un tiempo el hombre se siente mejor. Ahora ha perdido su sentido del temor, ha perdido su discriminación y ha perdido su poder de distinción. El alcohol simplemente anula sus centros superiores dejando en libertad lo instintivo, los elementos primitivos; sin embargo, el hombre cree haber sido estimulado. Lo que en realidad ha ocurrido es que se ha convertido más en un animal; su control sobre si mismo ha disminuido.

Pero aquí hay algo que mueve el corazón, que lo engranda y que lo abre. Y lo mismo hace con la voluntad. Es la influencia del Espíritu Santo algo que mueve y estimula la voluntad.

Efesios 5:18 “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu” – Un pequeñito comentario al verso.

21 de Agosto del 2014.
¿Recuerdan cuando escribí en mi muro la vez pasada acerca del pasaje “No os embriaguéis con vino…”? ¿no?

Si no la viste búscala en mi muro (Fue el 27 de Junio a las 4:57)… Ahora les comento lo siguiente:

Pero esa clase de vida( la que no está llena del Espíritu de Dios) aparte de malgastar el tiempo y la energía, también malgasta otras cosas, y que son más importantes. Renuncia a la castidad y también a la pureza. Lejos de preservarlas, las desperdicia. Se desperdician los dones más preciosos que Dios ha dado al hombre, la habilidad de pensar, de razonar, de computar y comprender, y todo el equilibrio que deberíamos exhibir siempre.

Todo ello es disipado. Esa es la característica de la disolución producida por la ebriedad; ella impulsa al hombre a tirar su castidad, su pureza, su moral. Por eso la ebriedad es algo tan terrible. Se ve a un hombre en ese estado malgastando las cosas más preciosas que le pertenecen; las está derrochando. Siempre es destructivo. (Ejemplo de un hijo prodigo en lo malo “…desperdició sus bienes viviendo perdidamente…”) ‪#‎Efesios518

29 de Agosto del 2014
La vida cristiana es el opuesto exacto de una vida disipada y en disolución. Pero la gran característica de la vida cristiana es su virtud de conservar, de construir, de añadir a lo que tenemos. Uno siempre gana algo, siempre aprende algo nuevo. El Antiguo Testamento afirma que la vida con Dios es una vida que “enriquece” – enriquece en todo sentido.

Es una vida que preserva y conserva e incrementa todo lo bueno que el hombre tiene. Es exactamente el opuesto del tipo de vida que vivió el hijo pródigo; y lo es en todo sentido. El pródigo tiró con ambas manos su dinero. El cristiano no es un avaro, sino un buen administrador. El cristiano tiene y conserva; no desperdicia su dinero, pero si da a manos llenas cuando de mostrar su fidelidad y amor se trata. Comprende que le ha sido encargada una solemne responsabilidad la cual debe cumplir correctamente. De modo que es un verdadero administrador de su dinero…de su vida entera.

Aquí hay otro contraste llamativo. La vida cristiana en contraste con la vida de ebriedad y disolución, no agota al hombre. Esa es la tragedia de aquella otra vida, ¿no es cierto? El pobre borracho se cree estimulado; en realidad se está agotando debido a su uso pródigo de energías y de todo lo demás. Pero la vida cristiana no produce ese agotamiento; produce precisamente lo opuesto, “el da nuevas fuerzas al cansado” Dice 2a corintios 4:16 “Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.”

El Espíritu Santo, afirmo, no agota; él pone poder en nosotros. Muchos otros medios nos agotan. El alcohol o cualquier otro estimulo artificial inventado por el hombre siempre nos deja agotados y cansados. No así el Espíritu. La ebriedad agota; el Espíritu Santo no agota, todo lo contrario, da energía. ‪#‎Efesios518

5 de Septiembre del 2014.
Entramos a la mejor parte de estas pequeñas reflexiones sobre “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución” esta mejor parte es “Antes, sed llenos del Espíritu Santo”. Observen la historia del hijo pródigo. Allí estaba, pobre tipo; el dinero se le había terminado, todo se había ido, y él trataba de mantenerse vivo comiendo las algarrobas con que se alimentaban los cerdos. Pero “nadie le daba nada”. Ya no tenía absolutamente nada, había empobrecido totalmente.

Entonces recuerda a su hogar y a su padre y dice: “Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan”. Tenían lo suficiente, incluso para ahorrar. “Y yo aquí perezco de hambre”. Aquí está, completamente agotado. Todas sus cosas se han desvanecido totalmente y él se ha quedado sin dinero, sin esperanza, sin ayuda y sin amigos. La vida cristiana es exactamente lo opuesto de tal condición.

El apóstol vuelve a expresarlo al escribir a Timoteo: “Atesorando para sí buen fundamento para lo porvenir…” (1 Timoteo 6:19). ¿Estamos construyendo, estamos aumentando, estamos creciendo, estamos desarrollando? Esta es la prueba más profunda que indicará si el Espíritu está en toda su plenitud en nosotros o no. La vida antigua natural y pecaminosa empobrece y nos deja con las manos vacías.

Hemos dejado en claro que la vida cristiana es una vida controlada y ordenada, que se trata de una vida productiva en contraste con todas las demás. Pero sobre todas las cosas deseo subrayar que la vida cristiana no es una vida con puros supuestos en negativo.

Teniendo una lectura superficial pueden haber tenido la impresión de que la vida cristiana es una vida con puros negativos: “No debe hacer esto, no debe hacer aquello, no debe participar de conversaciones necias, ni ser la burla queriendo parecer “chistosos”, no debe embriagarse, y más”. Muchos lo consideran de esta manera y dicen señalando: “Su vida cristiana es una vida meramente negativa; no es sino una vida de prohibiciones en la que no hace más que subrayar el orden, el control, la disciplina, el cuidado, y cosas por el estilo.” Hay algunos que aparentemente piensan del cristiano como de un hombre que “se burla de los deleites y vive días difíciles”. Lo consideran un hombre triste, casi miserable, un hombre meramente moral.

¿Se le puede llamar acaso a este estilo de puras prohibiciones “Vida” cristiana?

La respuesta es, ¡No, y mil veces no!

¿Sorprendidos de que hable así de la moralidad? Lo hago así porque en muchos sentidos la moralidad es el mayor enemigo del cristianismo.

Hoy en día los hombres de elevada moral son los peores enemigos de la cruz de Cristo; en consecuencia deben ser denunciados. El cristianismo no es mera moralidad, o la ausencia de ciertas cosas en la vida del hombre.

Por cierto, no hay nada que cause tanto daño a la fe cristiana que precisamente este punto de vista. Creo que la condición de la iglesia actual se debe, mayormente, al hecho que durante aproximadamente un siglo la iglesia ha estado predicando moralidad y ética, en vez de la fe cristiana.

Se ha predicado la “buena vida”, la buena vida de “ser un buen hombre” y de considerar a la religión como “moralidad con un toque de emoción”. Se han dejado de lado las doctrinas; Se ha dejado de predicar cualquier idea referida a la expiación y al arrepentimiento, se ha descartado en su totalidad la noción de lo milagroso y sobrenatural, y casi no se habla de la necesidad del nuevo nacimiento. En resumen : “El cristianismo es lo que enseña a una persona a vivir la buena vida moral y nada más.”

Pero eso es totalmente falso. El cristianismo da al hombre una vida nueva. No se trata de una mera moralidad negativa y mecánica que adormece al alma despojándola de toda su vida y vitalidad. El apóstol, al usar esta comparación, hace tronar ante nosotros este tremendo hecho, este hecho de que la vida cristiana no es una simple vida con “negativos”, una mera ausencia del mal y del pecado.

¡Es una nueva vida llena del Espíritu santo.! –  #Efesios518

26 de Septiembre del 2014.
El cristianismo alboroza, el cristianismo encanta. Eso es lo que Pablo está diciendo con: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución”. Si buscan un poco de encanto o estímulo o alborozo, no vayan a tomar un trago; “en cambio, sed llenos del Espíritu” y entonces tendrán todo eso y mucho más. Esta es la tremenda idea tan característica de la enseñanza del Nuevo Testamento.

El vino, es decir el alcohol, conforme a lo que ya hemos escrito y, desde el punto de vista farmacológico, no es un estimulante, sino un sedante. Véase cualquier libro sobre farmacología y busque el tema “Alcohol” y en todos los casos se encontrará clasificado entre los medios causantes de depresión. No es un estimulante. “Muy bien”, dice, “¿entonces por qué bebe alcohol la gente cuando buscan un estimulante?”. Ya hemos hablado de esto también. Lo que y el alcohol produce es esto: anula los centros superiores del cerebro y de esa manera los elementos más primitivos del cerebro salen a la superficie y se apoderan del control. Y por un tiempo el hombre se siente mejor. Ahora ha perdido su sentido del temor, ha perdido su discriminación y ha perdido su poder de distinción. El alcohol simplemente anula su capacidad de notar la realidad dejando en libertad lo instintivo, los elementos primitivos; sin embargo, el hombre cree haber sido estimulado. Lo que en realidad ha ocurrido es que se ha convertido más en un animal; su control sobre si mismo ha disminuido.

Esto es exactamente lo opuesto a estar lleno del Espíritu; lo que la obra del Espíritu hace realmente es estimular. Si se pudiera poner al Espíritu en un libro de texto de farmacología (Y perdón por este burdo atrevimiento), yo lo pondría entre los estimulantes, pues ese es el lugar que le pertenece. Realmente el Espíritu estimula; no solamente lo hace en apariencia tal como el alcohol, engañando y decepcionándonos. El Espíritu Santo es un estimulante activo, positivo y real.

¿Y qué es lo que estimula? El Espíritu estimula cada una de nuestras facultades. Estimula la mente y el intelecto. El es un estímulo directo a la mente y al intelecto. En realidad es El quien despierta nuestras facultades y las desarrolla. Su efecto no es similar al del alcohol y de otras drogas. Su efecto es exactamente opuesto al de aquellos; es un verdadero estimulante.

Pero no sólo estimula el intelecto, también estimula el corazón. El Espíritu mueve el corazón. Y no hay nada que pueda mover el corazón hasta sus mismas profundidades tanto como el Espíritu Santo. El alcohol no mueve el corazón. Lo que el alcohol hace, repito, es liberar los elementos instintivos de la vida; y el hombre lo confunde por sentimientos. Lo del alcohol es un efecto hueco, es un síntoma superficial. Bajo su efecto el hombre realmente no es responsable de sus acciones, y después se lamenta por la generosidad que ha exhibido mientras estaba ebrio. El efecto no le ha tocado absolutamente el corazón; simplemente ha eliminado su capacidad de control. Momentáneamente parecía ser tan generoso; pero al día siguiente se lamenta de ello y desea poder revertir su conducta. El corazón no ha sido movido.

¡Qué vida estimulante, encantadora y regocijante es ésta! ¡Es la vida en el Espíritu! En ella uno se mueve constantemente, se mueve siempre hacia adelante, siempre asoma por nuevas esquinas y tiene visiones más nobles. Nunca habiendo oído de ésta, pronto allí hay otra muy superior y así continuamente. Perdidos en asombro, amor y alabanza. El cristiano es una persona cuya mente se amplía y cuyo corazón se mueve y agranda. El cristiano es una persona que desea hacer algo, desea hacer una contribución, desea extender los confines del reino de Dios, quiere que otros también tengan parte en él. Es algo que afecta a la totalidad del hombre, su intelecto, sus emociones y voluntad. ¡Qué estímulo tan tremendo! – ‪#‎Efesios518

3 de Octubre del 2014

Seguimos En Efesios 5:18 La vida cristiana es una vida feliz; es una vida llena de alegría. ¿Por qué recurre aquel pobre tipo a la bebida? Porque se siente miserable. Desea estar feliz; pero está triste. Al pensar en la vida se agranda su tristeza. Se fija en otras personas y las ve tan tristes como él mismo; sin embargo, lo único que él desea es estar feliz. Por eso recurre a su bebida. Está en busca de alegría, está en busca de felicidad. “¿También estás en busca de felicidad y alegría?” pregunta el apóstol. Muy bien, si es así, “sed llenos del Espíritu”. “No os embriaguéis con vino en lo cual hay disolución; ANTES BIEN sed llenos del Espíritu Santo”.

¿Había pensado que esta vida cristiana es aburrida e insípida? En ese caso está totalmente equivocado en su concepto. Al contrario, es una vida emocionante, es feliz, es llena de regocijo. Escuche al Antiguo Testamento: “El gozo del Señor es vuestra fortaleza”. Escuche al apóstol escribiendo a los filipenses, “Regocijaos en el Señor siempre; otra vez digo: regocijaos” (Filipenses 4:4). En estos grandes términos se vive la vida y la fe cristiana.

Y es más aun; esta no es solamente una vida feliz y gozosa, es también una vida que lo capacita a uno a estar feliz y gozoso aun en medio de pruebas y tribulaciones. Escuche al apóstol Pedro diciendo lo mismo. El apóstol ha venido hablando del evangelio y de sus bendiciones y dice: “En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas” (1 Pedro 1:6). Aquella gente estaba viviendo tiempos muy duros y difíciles, estaban en medio de pruebas y tribulaciones; sin embargo, él dice, “yo sé que ustedes se regocijan en gran manera”. En el versículo 8 de este mismo capítulo, el apóstol añade aun más a sus palabras. Hablando de Cristo dice: “a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso”. Esto es el cristianismo. O bien volvamos al apóstol Pablo y a la forma en que lo expresa en Romanos 5. El apóstol ha estado diciendo que siendo justificados por fe tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, “por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones… “Los cristianos se regocijan aun en medio de las tribulaciones. Dice Santiago: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas” (Santiago 1:2) ¿Cómo es que lo hacemos? Bien, dice el apóstol, es que tenemos una esperanza y porque “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”. ¿Una vida miserable, una vida sin alegría? No por supuesto, es una vida feliz y esta es la única vida verdaderamente feliz.

En el Salmo 4, el salmista tiene idéntico mensaje para nosotros, “Muchos son los que dicen: ¿Quién nos mostrará el bien?” Aquí está la respuesta: “Alza sobre nosotros, oh Jehová, la luz de tu rostro”. Esa es la respuesta. “Tú diste alegría a mi corazón mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto”. La gente, dice el salmista, nunca está tan alegre como en el tiempo de la cosecha. Es entonces que han reunido el grano, han cosechado el fruto y han hecho el vino. Han entrado la cosecha, cosa que ahora celebran con alegría. Comen y beben y hablan y están alegres. Se ha terminado con el trabajo de verano y otoño, y todo el mundo está listo para el invierno.

Este es un tiempo de gran alegría. Pero, dice el salmista, “Tú diste alegría a mi corazón mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto”. Con frecuencia las alegrías naturales conducen a la miseria y a la infelicidad, conducen a la “mañana siguiente a la noche anterior”, conducen al remordimiento y agotamiento.

Pero el gozo del Señor no sólo me da alegría para la noche, sino también para la mañana, para el día siguiente y para diez y veinte años más tarde cuando esté al punto de la muerte, y aun después, para siempre en gloria. “Mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto”. Esta es la única alegría que también continúa en la adversidad. “Mi gozo”, dice Cristo a la sombra de la cruz, “Mi gozo os doy y nadie lo quitará de vosotros”. Gracias a Dios, el mundo no lo puede quitar, porque se trata del gozo del Señor, es el gozo del Espíritu Santo. ‪#‎Efesios518‬

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Comentarios en: "Efesios 5:18" (1)

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