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Antiguo y Nuevo Pacto

nuevo-pactoDESIERTO DE SINAÍ

“Salieron de Refidim y acamparon en el desierto de Sinaí”. Números 33:15

El núcleo de la revelación del Antiguo Pacto

Estamos llegando a una de las más importantes estaciones, que es el desierto de Sinaí, que podríamos decir que es como el núcleo de la revelación del Antiguo Pacto y de la tipología. Prácticamente lo que se dio en el desierto de Sinaí no fue una pasada de largo. Lo que se dio en Sinaí no fue como pasar por Alús o como pasar por Dofca, los lugares anteriores; lo que se dio en el desierto de Sinaí, es realmente algo muy profundo.

Vamos al libro de los Números, capítulo 33, versículo 15. Allí dice: “Salieron de Refidim y acamparon en el desierto de Sinaí”. Antes de pasar a los pasajes correspondientes a esta etapa que están en Éxodo, Levítico y Números, vamos a la epístola de Pablo a los Gálatas para que allí podamos mirar lo que representaba Sinaí para Pablo, lógicamente por enseñanza del Espíritu Santo, y lo que representa también para nosotros los cristianos. No vamos a leer Sinaí solamente desde el Antiguo Testamento, sino que vamos a leer Sinaí desde el Nuevo Testamento. Leemos, pues, Gálatas, capítulo 4, desde el versículo 21 dice Pablo a las iglesias de Galacia: 21Decidme, los que queréis estar bajo la ley; ¿no habéis oído la ley? 22Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos; uno de la esclava, el otro de la libre. 23Pero el de la esclava nació según la carne; mas el de la libre, por la promesa”.

Este último es el que nació de Sara, que era la esposa legítima, fue el que nació después; nació por la promesa que Dios hizo, pero antes de que naciera Isaac de Sara, Abraham hizo esfuerzo para tratar de por sus propias fuerzas, agradar a Dios. Entonces como Sara no podía dar a luz, ella le dio a Agar su sierva, y él tuvo un hijo de su sierva Agar, y de Agar nació Ismael. Ismael nació de la esclava, en cambio Isaac nació de la libre, de la esposa, o sea de Sara. 24Lo cual es una alegoría, pues estas dos mujeres son los dos pactos; el uno proviene del monte Sinaí, el cual da hijos para esclavitud; éste es Agar”.

Esta alegoría no es sólo una historia de Abraham, de Sara, de Agar, de Ismael y de Isaac; aquella historia escondía una alegoría, Dios estaba alegorizando, enseñándonos algo a través de esa historia. Estas mujeres, Agar y Sara, son los dos pactos. Ha habido en la Escritura dos grandes pactos: el Antiguo Pacto que fue dado con Moisés y que comenzó en Sinaí, y el Nuevo Pacto, que es el que estableció el Señor Jesús. En el Antiguo Testamento, Moisés trajo la ley, pero la gracia y la verdad vinieron por medio del Señor Jesucristo. Con Moisés, se inaugura el Antiguo Testamento, aunque antes de Moisés estuvieron los patriarcas. Con Moisés fue añadida la ley a la promesa, y la tipología de los asuntos; con Jesús viene la gracia y la realidad. Lo que Moisés introdujo fue la ley y la tipología, lo que Jesús introduce es la gracia y la verdad o la realidad. Entonces, cuando leemos ahora esta jornada del desierto de Sinaí, vamos a estar viendo el primer pacto, el Antiguo Pacto, el que corresponde con Agar. Por eso dice aquí que un pacto proviene del monte Sinaí, el cual da hijos para esclavitud; éste es Agar. 25Porque Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, pues ésta, junto con sus hijos, está en esclavitud”.

Esto lo decía Pablo en el primer siglo cristiano, cuando estaba debajo del poder de los romanos, y hasta el día de hoy, ellos no han podido hacer todo lo que quisieran. 26Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre”.

Eso se refiere a Sara; eso se refiere a la esposa del Cordero. La primera es esposa de la ley, la segunda es esposa del Cordero. Entonces, fíjense que llegar al Sinaí, es llegar a un punto clave.

Vamos a contabilizar las etapas, en el libro de Números. Empieza por Ramesés; segundo, Sucot; tercero, Etam; cuarto, Pi-hahirot; quinto, Mara; sexto, Elim; séptimo, Mar Rojo; octavo, desierto de Sin; noveno, Dofca; décimo, Alús; once, Refidim; doce, desierto de Sinaí. Número doce, etapa doce. Estamos en un número de mucho significado bíblico. Esta jornada duró mucho tiempo. Para que ustedes se den cuenta, todas estas once jornadas, duraron todas ellas tres meses; las once anteriores se realizaron a lo largo de tres meses, desde Ramesés hasta Refidim. Inclusive al llegar a Sinaí, ellos demoraron tres meses. Pero cuando llegaron al Sinaí, en el Sinaí estuvieron once meses y seis días, casi un año; es decir, que la nube se detuvo en el Sinaí y estuvo Dios enseñando unas largas y profundas lecciones. Realmente en el Sinaí se concentra mucha revelación. Podemos decir que hay dos montes en los cuales se concentra gran revelación: el monte Sinaí y el monte de Sión.

El monte de Sinaí es como decir el símbolo del Antiguo Testamento, y el monte de Sión es el símbolo del Nuevo Testamento, en el sentido espiritual de Sión. Entonces, en Sinaí fueron muchas las cosas que Dios hizo y que fueron reveladas. En Sinaí fue donde se celebró el Antiguo Pacto y donde se introdujo la tipología, y si ustedes quieren ver conmigo, desde el Éxodo 19, vamos a ver desde donde comienza esta jornada. Antes de entrar en los detalles, vamos a leer los versículos que nos muestran desde donde y hasta donde va esta jornada. Entonces, vamos a buscar primeramente, Éxodo 19:1. Dice así: “En el mes tercero de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en el mismo día llegaron al desierto de Sinaí”.

Ellos salieron el 14 de Abib, llegaron entonces en 14 de Siván, o sea tres meses. Todas las jornadas que hemos visto hasta aquí, son tres meses de caminata, aprendiendo lecciones, pero ahora llegan aquí. Esta jornada termina en Números, capítulo 10, versículos 11-12, y comienza la siguiente. Allí dice: 11En el año segundo, en el mes segundo, a los veinte días del mes, la nube se alzó del tabernáculo del testimonio. 12Y partieron los hijos de Israel del desierto de Sinaí según el orden de marcha; y se detuvo la nube en el desierto de Parán”.

Después de un año, ya habían aprendido muchas cosas. Noten esa palabra, “el orden de marcha”. Entonces vemos que entre Éxodo 19 y Números 10:10, todos estos capítulos de la Biblia, corresponden a la jornada del desierto de Sinaí; y sucedieron muchas cosas allí. Fueron casi doce meses, exactamente once meses y seis días se demoró la nube deteniendo a Israel allí en el desierto de Sinaí, en la cordillera de Horeb, en el monte específico de Sinaí. En ese lugar estuvieron once meses recibiendo una revelación especialísima, es el núcleo del Antiguo Pacto, el cual es la tipología y la preparación del Nuevo Pacto; es decir, que esta jornada, lo que fue revelado por Dios aquí en Sinaí, es una cuestión bastante grande.

Visión panorámica de lo acontecido en Sinaí

A fin de darnos cuenta y abarcar panorámicamente las cosas que sucedieron en Sinaí, vamos a hacer una lectura somera, una ojeada, de los subtítulos que le han puesto a la Biblia en estos capítulos que componen esta Jornada de Sinaí; veamos las cosas que aparecen aquí y nos damos cuenta todo lo que aconteció y lo que fue revelado; así primero a vuelo de pájaro y luego vamos a darle un cronograma. Entonces primeramente vamos a armar un esquema. Vamos a leer los temas por página, desde Éxodo 19:1 hasta Números 10:10, para que tengamos una vista panorámica. Para tener primero una idea, vamos a subirnos en un helicóptero hermenéutico y vamos a pasar por encima de estos libros: más de la mitad de Éxodo, todo Levítico y una tercera parte de Números; todo eso se dio en el Sinaí; es una cosa grandísima. Son los siguientes temas:

Israel en Sinaí, los Diez Mandamientos, el terror del pueblo, leyes sobre los esclavos, leyes sobre actos de violencia, leyes sobre responsabilidades de amos y dueños, leyes sobre la restitución, leyes humanitarias, las tres fiestas anuales, el Ángel de Jehová enviado para guiar a Israel, Moisés y los ancianos en el Monte Sinaí, la ofrenda para el tabernáculo, el arca del testimonio, la mesa para el pan de la proposición, el candelero de oro, el tabernáculo, el altar de bronce, el atrio del tabernáculo, aceite para las lámparas, las vestiduras de los sacerdotes, consagración de Aarón y de sus hijos, las ofrendas diarias, el altar del incienso, el dinero del rescate, la fuente de bronce, el aceite de la unción y el incienso, llamamiento de Bezaleel y de Aholiab, el día de reposo como señal, el becerro de oro, la presencia de Dios prometida, el pacto renovado, advertencia contra la idolatría de Canáan, fiestas anuales, Moisés y las tablas de la ley, reglamento del día de reposo, la ofrenda para el tabernáculo. Podemos saltar todos esos capítulos que corresponden a lo que había dicho y llegamos al final de Éxodo: la nube sobre el tabernáculo.

Llegamos a Levítico. El libro de Levítico fue revelado en Sinaí, durante el primer mes del segundo año del Éxodo; es decir, que todo este libro de Levítico fue la recopilación de lo que el Señor reveló a Moisés en el Sinaí, durante el primer mes del segundo año. Durante el segundo año, en el primer mes, Dios reveló todo lo que está recopilado en Levítico: los holocaustos, las ofrendas, ofrendas de paz, ofrendas por el pecado, ofrendas expiatorias, leyes de los sacrificios, consagración de Aarón y de sus hijos, los sacrificios de Aarón, el pecado de Nadab y Abiú, animales limpios e inmundos, la purificación de la mujer después del parto, leyes acerca de la lepra, impurezas físicas, el día de la expiación, el santuario único, prohibición de comer la sangre, actos de inmoralidad prohibidos, leyes de santidad y de justicia, penas por actos de inmoralidad, santidad de los sacerdotes, santidad de las ofrendas, las fiestas solemnes, aceite para las lámparas, el pan de la proposición, castigo del blasfemo, el año de reposo de la tierra y el año del jubileo, bendiciones de la obediencia, consecuencias de la desobediencia, cosas consagradas a Dios. Todo esto, desde Levítico fue revelado por Dios, durante el primer mes, en el año segundo, en el Monte de Sinaí y en el desierto de Sinaí. Algunas cosas fueron reveladas directamente en el Monte Sinaí; otras en el tabernáculo en el desierto del Sinaí; algunas fueron reveladas solamente a Moisés; otras a Moisés y a Aarón; otras sólo a Aarón.

Luego el Libro de Números, hasta el capítulo 10: censo de Israel en Sinaí, nombramiento de los levitas, campamentos y jefes de las tribus, censo y deberes de los levitas, rescate de los primogénitos, tareas de los levitas, todo inmundo es echado fuera del campamento, ley sobre la restitución, ley sobre los celos, el voto de los nazareos, la bendición sacerdotal, ofrendas para la dedicación del altar, Aarón enciende las lámparas, consagración de los levitas, celebración de la pascua (esta es la primera pascua, en el 14 del primer mes), la nube sobre el tabernáculo, y lo último que fue revelado en Sinaí fue: las trompetas de plata.

Esto se hace haciendo uso de los subtítulos que la Sociedad Bíblica le colocó entre los capítulos; pero esta es una primera mirada completamente panorámica para darnos cuenta cuantas cosas fueron reveladas en el monte Sinaí. Aquí están recopiladas todas juntas, y así viéndolo a primera vista parecen muchas cosas, pero ahora tenemos que empezar a ver unos detalles que aparecen en esto, que a primera vista parece un poco desordenado, pero después ustedes se van a dar cuenta que no es nada desordenado, sino que es asombroso, es maravilloso.

Yo estuve tomando algunas notas y espero que estas notas les puedan servir. Todo esto sucedió durante once meses que estuvo Israel en el Sinaí, ya sea en el desierto del Sinaí o en el monte de Sinaí, que queda en el mismo desierto, sino que ésta es la península del Sinaí entre Egipto y Arabia e Israel. Vemos en el mapa que en el sur de la península del Sinaí, ahí queda el monte Sinaí, entre paréntesis es Horeb. Las personas que lo han visto en fotografía se dan cuenta que no es un solo monte, sino bastantes montes; es como una cadena montañosa o un nudo de montes que hay en el sur de la península del Sinaí; entonces toda ella es llamada Horeb, pero en Horeb hay un monte específico, que fue llamado el monte Sinaí, que fue en el monte donde Dios descendió y le dio a Moisés la ley, y de donde Moisés descendió al desierto, luego se quedó al pie del monte en el desierto, y Moisés subió y recibió de Dios la ley en ese lugar.

Dios revela Su testimonio

Ahí fue una experiencia tremenda; solamente fíjense en lo estratégico del lugar. Primero, está en el punto central de la tierra, ahí está donde confluyen los tres continentes: Europa, Asia y África; hacia la salida al Atlántico por el mar Mediterráneo, la salida por el Mar Rojo hacia el Océano Índico; también la península tiene el Mar Rojo por la izquierda, el Golfo de Aqaba, por la derecha, mirando hacia el norte y queda exactamente en la punta de abajo. Es un lugar sumamente estratégico que Dios escogió, donde dio la revelación de un solo Dios.

Hasta aquí los pueblos eran normalmente idólatras; adoraban la naturaleza, adoraban los astros, adoraban el sol, adoraban los animales, eran animistas; estaban bajo la presión de muchos espíritus, y Dios separó de en medio del mundo caótico y politeísta, un pueblo para revelarse Él mismo y para que ese pueblo vaya constituyendo el reino de Dios, donde Dios empieza a enseñar a ese pueblo, primeramente en forma tipológica. Le da Sus leyes, le da revelación de Su naturaleza, porque Dios a sus leyes le llamaba testimonio; es decir, que para nosotros son leyes, pero en cuanto a Dios son testimonio de lo que Dios es. Cuando Dios dice: No hurtarás, es porque Dios es honesto; cuando Él dice: No adulterarás, es porque Él es puro; cuando Él dice: No mentirás, o no darás falso testimonio, es porque Él es una persona verdadera. Lo que para nosotros son leyes, son un testimonio de lo que el Dios verdadero es.

Hasta ese momento todos los demás pueblos tenían conceptos politeístas de Dios, proyectaban sobre Dios una serie de asuntos; aquí Dios comienza a tener un pueblo separado, escogido de entre los demás para empezar a hacer un trabajo a favor de toda la humanidad, pero tenía que empezar por un patriarca, Abraham, luego por su familia, Isaac, Jacob y sus hijos, y luego formar doce tribus y formar un pueblo; y luego a ese pueblo revelarse y comenzarle a dar el testimonio de Sí mismo, enseñarle la manera de vivir y también, como eso no era lo definitivo, esta revelación del Sinaí, o sea del Antiguo Pacto, no es la definitiva, aún en ésta se promete una nueva revelación, un Nuevo Pacto.

Aquí en Sinaí hay solamente una alegoría, una tipología, entonces Dios estaba trabajando, pero este punto donde estamos ahora: Sinaí, es realmente el corazón del Antiguo Testamento, en el sentido tipológico. El corazón de toda la Biblia es Cristo, pero Cristo aparece aquí en Sinaí como tipología, aparece la ley para mostrarnos la necesidad de Cristo. Aparece la tipología de los corderos, de los sacrificios, del altar, del templo, para mostrarnos la manera de caminar con Dios, de tener relación con Dios; o sea, Dios tratando con la humanidad, empezando con un hombre, con su familia, con un pueblo, y luego ese pueblo esparcido por todas partes; y luego el cristianismo, teniendo raíces en Israel.

Es Dios haciendo un trabajo, pero este punto de Sinaí, es un punto fundamental. En los once meses que estuvo Israel en Sinaí, tanto en el desierto como en el monte Sinaí; realmente el que estuvo en el monte Sinaí, fue Moisés, y hasta cierto punto Josué y hasta cierto punto Aarón, Hur y algunos ancianos, porque el pueblo solamente llegaba hasta el desierto y no podía tocar el monte porque moría; estaba la presencia de Dios y Moisés mismo estaba temblando.  Dios le dijo a Moisés: No me verá hombre y vivirá; entonces Él tiene que ir revelando de a poco, porque si ni siquiera a veces podemos soportar algo creado por Él, mucho menos soportarlo a Él en toda la plenitud de Su gloria. Moisés estaba aterrado, pero Dios estaba procurando acercarse, entrar en esa maraña, esa selva oscura, que es la humanidad bajo el velo del pecado, del engaño; Dios tratando de entrar, tratando de revelarse, es algo precioso.

Las subidas de Moisés

En esos once meses, Moisés subió once veces al monte Sinaí. Aparecen esas subidas, que para los que están tomando nota, les quiero decir los versículos que hablan de las once subidas de Moisés al monte Sinaí estando ellos en el desierto de Sinaí. En el desierto de Sinaí, estaba el monte Sinaí; Moisés a veces subía, a veces descendía, más de una vez se quedó hasta cuarenta días, otras veces subía y descendía rápido; el hecho fue que la Biblia registra en esta jornada de Sinaí, once subidas de Moisés al Sinaí, y en cada una de esas subidas algo es revelado. Primero voy a darles los versos de esas once subidas y luego vamos a ver qué fue revelado en cada una de esas subidas.

1. Un pueblo separado. La primera subida está en Éxodo 19:3-8a; lo que fue revelado es que Dios había librado a Su pueblo de Egipto y que no tendría otros dioses, sino que Él sería su único Dios, y que Él había atraído hacía Sí mismo a ese pueblo para constituir a todo ese pueblo en reino de sacerdotes. Eso fue lo primero que fue revelado en el monte Sinaí; no fue ni siquiera El Decálogo; era que Dios había librado al pueblo de la opresión de Egipto y de los otros dioses y lo había traído hacia Sí mismo y lo constituía (a todo el pueblo) en un reino de sacerdotes. Esa es la esencia de lo que fue revelado en la primera subida de Moisés.

2. Preparación y límites. En la segunda subida, que va desde Éxodo 19:8b hasta el versículo 19, lo que fue revelado es lo siguiente: Primero, es Dios el que trae al pueblo. Él dice: Os he traído a Mí; Él no dice: os traje al monte, no. Os traje a Mí; es decir, lo que Dios comienza a revelar es que Él está atrayendo al pueblo hacia Sí mismo, Dios atrayendo hacia Sí mismo. El pueblo estaba lejos de Dios, estaba oprimido, explotado y engañado; ahora el Señor liberta con mano poderosa al pueblo para atraerlo hacia Sí; es decir, no hay otro sentido de la liberación y del éxodo que ser traído hacia Dios mismo. Segundo: Dios dice a todo el pueblo: Vosotros me seréis un reino de sacerdotes. Esta palabra, sacerdote, al principio no estaba restringida solamente a los descendientes de Aarón y a los levitas; esas fueron cosas que Dios tuvo que hacer después, porque el pueblo que Él atrajo hacia Sí, no fue fiel, no le siguió; entonces Él tuvo que separar a una tribu que le fue fiel para hacer con esa tribu, por lo menos, lo que quería hacer con todos; pero lo que Dios quiere es atraer al pueblo hacia Sí mismo y hacer un reino sacerdotal; es decir, un pueblo que tenga acceso a Su presencia y que luego lo represente a Él, Su carácter, en la tierra. Primero que lo conozca, como dice la primera carta de Pedro: “Nos llamó de las tinieblas a su luz admirable”, y en las tinieblas estábamos engañados y oprimidos, y en su luz admirable somos libertos y empezamos a conocerlo para proclamarle a Él y Sus virtudes; pero primero hay que conocerlo, pero claro que eso no es así tan fácil. Porque no iban a estar jugando con cualquier ídolo que ellos tuvieran.  Ellos estaban acostumbrados a tener cantidad de ídolos en Egipto. No, aquí están tratando con el Dios verdadero, y Dios los está atrayendo hacía Sí mismo, pero les está enseñando de qué manera ellos pueden realmente conocerlo, estar con Él y recibirlo.

Al principio, Dios empieza a hablar en el monte, y después Dios decide descender al tabernáculo y hablar desde el tabernáculo; pero primero habla desde el monte. Pero Él no quiere hablar sólo en el monte. Dirían los hebreos: Ay no, no hable Dios con nosotros, hable Moisés; Él es demasiado grande y terrible, que hable Moisés. Entonces, bueno, Yo voy a hablar con Moisés y voy a hablar por los profetas, pero lo que Yo quiero es que ustedes me hagan un santuario. Yo voy a estar entre ustedes, Yo me voy a declarar en lo interior del santuario, pero eso era demasiado para el hombre. Entender eso era demasiado difícil en esa época. Hay que entender en qué época está esto sucediendo; época de mucha idolatría, época de mucha barbarie, donde a veces una mujer valía menos que un caballo; cosas terribles. Porque a veces al leerse esas leyes, uno dice: ¡Qué leyes tan terribles! Pero usted no se da cuenta que las está leyendo en el siglo XX, después de la influencia cristiana; pero póngase en la época de ellos, y cómo Dios más bien está tratando de aliviar la barbarie que existía en esa época. ¿Se da cuenta, hermano? Entonces, en la segunda subida al monte, lo principal que se revela es cómo el pueblo debe prepararse dentro de sus límites. Se va a encontrar con Dios, y encontrarse con Dios no puede ser una cosa liviana, no puede ser una cosa irresponsable. Entonces Dios le dice a Moisés que se preparen para encontrarse con Dios, porque Dios va a descender ahí, y que ninguno traspase los límites. Dios comienza a hablar de preparación y límites; son las dos palabras claves de la segunda subida de Moisés. La primera palabra: os he traído a Mí y me seréis un reino de sacerdotes; la segunda subida: Prepárense para estar conmigo y tengan en cuenta los límites. A veces uno no sabe con lo que está tratando el Señor, entonces Dios comienza a enseñarle, y las dos palabras claves de la segunda subida de Moisés, son: preparación y límites. No cruzar los límites, porque puede morir. Dios no quiere que muera, pero puede morir; entonces, prepararse.

3. Santificación sacerdotal. La tercera subida está también en el capítulo 19:20-24a. Ahora el tema de la tercera subida es la santificación sacerdotal, pero estos sacerdotes que aparecen aquí en el capítulo 19 no son todavía los sacerdotes aarónicos de la tribu de Leví. Hasta aquí Dios está diciendo que todo el pueblo era sacerdote, y hasta esa época todos los patriarcas ofrecían sacrificios, y la gente trataba de acercarse a Dios, y el pueblo mismo se acercaba a Dios; entonces aquellas personas que se acercaban a Dios y ofrecían sacrificios por aquello del instinto religioso y la tradición antigua desde Adán, Abel, etc.; entonces ellos eran sacerdotes, digamos de facto; todavía no eran sacerdotes oficiales, porque el sacerdocio oficial no había sido constituido; porque originalmente la voluntad de Dios es que todo el pueblo tenga ese acceso sacerdotal, pero no todo el pueblo lo tenía, sino que sólo algunos de entre el pueblo se interesaban en las cosas de Dios.  Entonces, después de la segunda subida, esos sacerdotes, todo el pueblo, es llamado a prepararse y a guardar los límites. En la tercera subida los sacerdotes de facto de entre el pueblo, aquel liderazgo natural, aquellas personas con llamado religioso, aquellas personas eran las llamadas a ser santificadas. La santificación sacerdotal, es lo que se revela en la tercera subida.

Nótese que son tres subidas solamente para prepararse, para Dios revelar la preparación. Siempre aparece así el número tres. Cuando iban a cruzar el Jordán, dijo: Prepárense para cruzarlo, al tercer día recién lo cruzan. El Señor Jesús resucitó al tercer día. A veces nosotros queremos hacer las cosas muy rápido, y el Señor nos dice: No, así ustedes no tienen conciencia de la realidad. Dios está enseñando al pueblo a tener conciencia de quien es Dios, que Dios va a estar en medio de ellos, y el hombre está tan bajo, tan bárbaro, tan animalizado, que necesita aprender a ser respetuoso, a tener reverencia, a tener temor de Dios, no ese temor de miedo, sino esa reverencia a lo santo y a lo sagrado.

4 y 5. El Decálogo y el Libro del Pacto. La cuarta y la quinta subida. Estas dos subidas constituyen el contenido del libro del Pacto. Ahí fue cuando se empezó a escribir los diez mandamientos y las otras leyes que constituyen lo que se llamó el libro del Pacto en ese tiempo; de manera que el libro del Pacto fue revelado en la cuarta y la quinta subida. En la cuarta subida, ya no sube solamente Moisés; en la cuarta subida Dios introduce con Moisés a Aarón. Entonces, la cuarta subida va desde Éxodo 19:24b hasta el capítulo 20:20, digamos; parte de esos dos capítulos, el 19 y el 20, allí se da la cuarta subida. En la cuarta subida no subió solamente Moisés, sino que Dios le dice a Moisés: Y Aarón que suba. Dios va introduciendo; después ya suben 70. Pero primero Moisés solo, preparando al pueblo; después ya suben Moisés y Aarón. En la cuarta subida, en la número cuatro, después de la preparación del 1, el 2 y el 3, en la número cuatro, se revela el Decálogo, o sea los Diez Mandamientos, que fueron revelados en forma hablada por Dios, todavía no escrita. Fue después cuando en otra subida Dios le dijo a Moisés que subiera y escribiera.

En la cuarta subida, Moisés sube con Aarón y Dios mismo desciende en una nube con trueno, y el pueblo queda aterrorizado, y Dios empieza a proclamar: Yo soy Yahveh tu Dios, celoso; no tendrás otros dioses delante de Mí. Y todo el pueblo quedó aterrorizado y comienza a proclamar los Diez Mandamientos. No te harás imagen de nada de lo que hay en el cielo ni en la tierra, ni debajo de la tierra, ni los honrarás. No tomarás el nombre del Señor en vano. Honra a tu padre y a tu madre. No hurtarás. No cometerás adulterio. No darás falso testimonio. No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni la casa de tu prójimo, ni su siervo, ni sus bestias, ni nada de tu prójimo; es decir, Dios comienza a revelar cómo es Él, porque Dios quiere estar entre los hombres, para que el hombre sea Su casa, Su templo. Pero los hombres hemos hecho un desastre, que el Señor para entrar en esta selva, tiene que hacer un trabajo tremendo. En la cuarta subida, Dios proclamó en forma hablada y con voz de trueno, con relámpagos, con sonido de bocina, con tremenda oscuridad de nubes, y el pueblo quedó aterrado y no quería. Entonces dijo el pueblo: Moisés, habla tú con Dios  y no hable Dios con nosotros, porque vamos a morir. Por eso es que allí en el capítulo 20 se habla de los Diez Mandamientos y lo siguiente: el terror del pueblo. Ellos estaban acostumbrados a dioses que no son el Dios verdadero, a unas proyecciones de su propia naturaleza pecaminosa, y encontrarse con la naturaleza real de Dios es delicado, Dios no anda con cuentos.

En la quinta subida, sube Moisés solo, y Aarón se queda abajo con el pueblo, como representante. La quinta subida va desde Éxodo 20:21 hasta Éxodo 23:33. En esa subida, Moisés recibe las otras leyes que Dios les propone. Estas son las leyes que les propondrás. Entonces, además del Decálogo que después escribió con su propio dedo en tablas de piedras, además de esas leyes, Dios le dio otra serie de leyes que vimos, leyes sobre los siervos, etc. Las leyes que Dios dio fueron en siete grupos; siete grupos de leyes aparecen en la quinta subida de Moisés sólo al monte. Esos siete grupos, son: primer grupo, contra la idolatría; y fíjense que primero es la revelación de Dios mismo, trayéndolos hacia sí mismo y preparándolos a estar con Él y a recibirlo a Él. Segundo, viene el Decálogo, el cual tiene los primeros mandamientos en relación a Dios y los demás mandamientos en relación al prójimo; por eso dice que la ley se resume en: Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. No tendrás otro dios; amarás a Dios sobre todas las cosas; no te harás imagen ni la adorarás porque Dios es celoso, sólo a Él adorarás; no tomarás Su nombre en vano. Todo eso tiene que ver con Dios mismo, pero después dice: Honra a tu padre y a tu madre; no matarás (respeta la vida); no robarás (respeta la propiedad); no cometerás adulterio; no codiciarás; no darás falso testimonio, etc.; o sea, Dios enseñándole al pueblo a relacionarse bien con Dios, a través del amor, y con su prójimo, a través del amor, no matándolo, no robándolo, no quitándole su mujer, ni su casa.

Fíjense que Dios va centrando las cosas en el amor a Él y al prójimo. Entonces, primero aparece el Decálogo. Los primeros mandamientos del Decálogo son en relación con Dios, y los demás son en relación con el prójimo; lo mismo sucede aquí; noten los siete grupos de leyes propuestas, leyes aparte del Decálogo, que fue en la cuarta subida. En la quinta subida, vienen estos siete grupos. El primer grupo que va desde el versículo 22 al 26 de Éxodo 20, son leyes contra la idolatría, o sea la correcta relación con el único Dios verdadero; por eso las primeras leyes propuestas, todas son contra la idolatría, y los otros seis grupos de leyes, son a favor de los hombres; el segundo grupo es en relación con los siervos; algunos hoy pueden leer unas leyes acerca de los siervos muy fuertes. ¿Por qué? Porque con la influencia del cristianismo se abolió la esclavitud y todas estas cosas; después de Cristo haber venido.

Pero Cristo vino después de toda esta preparación; hay que tener en cuenta cuando ustedes leen en la ley de Moisés, que a veces hay leyes tan fuertes como la ley del Talión, que son leyes fuertes, pero eran leyes que ponían orden en lo que era barbarie de la época; en la época había una barbarie total y en medio de esa barbarie, Dios va limitando la barbarie, pero Dios sabe que algunas leyes son por causa del corazón de ellos, que eso no es todavía lo perfecto, que lo perfecto vendría cuando el Mesías, Jesucristo, viniera; pero por lo menos para la época era lo conveniente, lo necesario. Todavía no es lo definitivo; lo definitivo, la verdadera presencia de Dios con nosotros, Emanuel, es con Cristo; pero todo esto era necesario en la preparación.

El segundo grupo de leyes es acerca de los siervos; va desde Éxodo 21:1-8. El tercer grupo es la famosa Ley del Talión, ojo por ojo y diente por diente, que muchas personas quisieran que se restaurara en Colombia, porque hay cosas terribles como el secuestro, sobre el asesinato, sobre el robo, tremendo. La Ley del Talión, va desde Éxodo 21:12-27; ese es el tercer grupo de leyes, que podríamos llamar: el Talión. El cuarto grupo de leyes es acerca de los bueyes acorneadores, porque no solamente los hombres dañan a los hombres; también hay animales que dañan a los hombres, entonces Dios está tratando de proteger a los hombres de sí mismos y aun de los animales; por eso da leyes de cómo tratar el caso de los animales, tratando mal a los hombres, los bueyes acorneadores; eso está en el capítulo 21:28-36.

Luego viene el quinto grupo de leyes de las leyes propuestas; el tema es sobre los hurtos. Está en Éxodo 22:1-25. Dios enseñando a no robar, a ser honesto, cómo hay que tratar las cosas: si te confían algo, si te encuentras algo, si te prestan algo, no robar, ser honesto con las cosas, hermanos. Dios tratando de enseñar a la gente acerca de los hurtos, ese es el quinto grupo de leyes. El sexto grupo de leyes, son leyes humanitarias y leyes varias. Se encuentra este grupo en Éxodo 22:16-23:13. Y el último grupo, el número siete justamente, es sobre las fiestas. Las leyes empiezan con Dios y tiene que terminar con Dios; entonces Dios establece las fiestas. Dios no quiere que Su pueblo viva como si no existiera Dios. Dios dice: tres veces al año te presentarás delante de Mí; Dios quería que Su pueblo comenzara a vivir una vida comunitaria alrededor de Dios y estableció tres ocasiones en el año, siete fiestas que celebraron en tres ocasiones; cada ocasión era de una semana. El pueblo salía y se reunían juntos para estar con Dios y celebrar esas fiestas; esas fiestas eran tipología de Cristo.

Pablo en la epístola a los Colosenses, capítulo 2, dice que aquellas fiestas eran figuras de Cristo, pero Dios todavía no podía hablarles de Cristo directamente, pero comenzaba a darles figuras de Cristo a través de esos ritos y de esas fiestas. Todas esas fiestas, todos esos ritos, todo aquel tabernáculo, todos aquellos muebles eran una enseñanza didáctica y tipológica de Dios. Después hay un epílogo, y ese epílogo trata de la promesa de Dios de que el Ángel Suyo, que era Cristo, iría delante de ellos y les abriría el camino; y lo que fue revelado en la cuarta subida de Moisés, el Decálogo, y las leyes propuestas en la quinta subida, esto que fue revelado, constituye el Libro del Pacto con el cual Israel hizo pacto con Dios de que ellos obedecerían esas leyes, las leyes que les dio en Horeb, en el monte Sinaí.

6. El santuario. Luego llegamos a la sexta subida de Moisés. La sexta subida tuvo tres partes. Note cómo Dios se va acercando e incorporando a la gente. En la primera parte ya no sólo podía subir Moisés, sino que setenta de los ancianos de Israel, junto con Aarón y con los dos hijos mayores de Aarón, en total 74 personas podían subir hasta cierto punto. Antes ni siquiera un animal podía tocar el monte, porque moría, nadie.  Sólo Moisés subía temblando, y eso porque Dios le dijo, Moisés no quería; fue Dios el que lo llamó, es Dios tratando de comunicarse con el hombre, no sólo individualmente, sino colectivamente, es una cosa tremenda; de manera que la próxima vez ya podían subir los ancianos, pero sólo podían llegar hasta cierto punto. Esa sexta subida se encuentra en Éxodo 24:9; luego ellos llegan hasta un punto y Dios se les revela y se les muestra a ellos y ellos ven una apariencia y unas cosas y quedan maravillados, pero hasta ahí pueden llegar; no pueden ir más allá.

Entonces, Moisés toma a Josué que era el que lo iba a suceder, y avanza un poquito más. Recuerden cómo el Señor Jesús también tomó primero setenta, luego doce, luego tomó tres e iba revelándoles según se podía; entonces los 74 llegaron hasta un punto, luego Josué llegó con Moisés un poquito más arriba y luego Josué quedó y Moisés subió hasta la tercera parte. La subida con Josué está en Éxodo 24:13. Cuando ya subió la tercera parte solo está en Éxodo 24:19. En esta sexta subida, Dios le habla siete veces a Moisés y le habla de siete temas. Dice: Habló Dios a Moisés y le habló tal cosa, luego la segunda vez, le habló dos veces; siete veces le habló Dios de siete temas; es interesante que en la sexta subida, después que ya había revelado el Decálogo y había revelado las diez propuestas para amar a Dios y al prójimo y vivir, Dios quiere revelar más misterios, quiere profundizar más, quiere adelantar más tipología; entonces Dios habla de siete temas. El primer tema de lo que Dios habló va desde Éxodo 25:1 a 30:11, allí en la Biblia dice: Habló Yahveh a Moisés, y lo que le habló esa vez va desde 25:1 a 30:11. ¿De qué le habló Dios esta vez, cuál era el tema de Dios? La casa, el sacerdocio y los sacrificios. En el Nuevo Testamento, el apóstol Pedro dice que somos edificados como casa espiritual, sacerdocio santo para ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por medio de Cristo.

Dios no quiere solamente que ellos le amen a Él y se amen entre sí, sino que también quiere entrar más profundo, y ahí es cuando le revela desde Éxodo 25, cuando le empieza a dar: tomaréis una ofrenda para mí y me haréis un santuario, y Yo voy a habitar entre vosotros, en medio de vosotros en ese santuario, y ese santuario va a ser así; y empieza Dios a decir siete enseres que tienen que hacer. Y empieza: Harás esto, harás esto, siete enseres, en el primer tema hay siete enseres, son siete temas. Estamos en el primer tema, los siete enseres que Dios le empieza a decir al pueblo. ¿Saben que van a hacer? Van a hacer esto y luego dice: todo sabio de corazón trabajó haciendo lo que Dios pedía; entonces Dios comienza a pedirle al pueblo que le haga ciertas cosas, y esas cosas para el pueblo eran como ritos: le vamos a hacer un arca, le vamos a hacer una mesa, le vamos a hacer un candelero, le vamos a hacer un tabernáculo. ¿Qué significa todo esto? Los siete enseres eran éstos: primero: el arca del pacto o del testimonio; segundo, la mesa de los panes de la proposición; tercero: el candelero; cuarto: el tabernáculo; quinto, el altar de bronce; sexto, el atrio del tabernáculo y séptimo, el aceite para las lámparas. Todas estas siete cosas es la síntesis del misterio de Cristo en cuanto al cuerpo de Cristo o la casa de Dios; es decir, el primer tema de Dios, después de revelarse Él mismo y de amar a Dios y al prójimo, y ¿ahora qué hacemos mientras te amamos y nos amamos? Bueno, me van a hacer casa, sacerdocio y sacrificios.

¿Cuál es esa casa? Entonces comienza a describirla en estas siete cosas. ¿Amén? Luego revela lo relativo al sacerdocio; o sea, Dios revela siete vestiduras; son siete enseres para la casa. Hay otra cosa que hay que hacer, después de la casa y el sacerdocio, y Dios le va a enseñar al pueblo.  En la casa hay que ser sacerdote; o sea, cómo deben los sacerdotes vivir en relación con Dios y con el pueblo; una relación íntima con Dios. Él está preparando al pueblo a conocerle; entonces Él revela el sacerdocio y revela siete vestiduras. ¿Cuáles son esas siete vestiduras?  El pectoral, el efod, el manto, la mitra, la túnica, el cinturón y los calzoncillos; esas siete vestiduras reflejan el nuevo hombre en Cristo, vestidos de Cristo, cómo ser sacerdotes, vivir una vida santa delante de Dios; y esas vestiduras reflejan la cobertura de Cristo, cómo Cristo nos va a vestir y cómo es que Cristo nos va a constituir.

¿Qué dijo Pedro? Edificados como casa primero. Ahí están los siete enseres; sacerdocio santo, ahí están las siete vestiduras, y para ofrecer sacrificios. ¿Qué pide Dios en el primer grupo? En el primer grupo el Señor habla de doce ofrendas; Dios pide doce clases de ofrendas; esas doce ofrendas son figuras de doce aspectos de Cristo; todas esas ofrendas reflejan a Cristo, porque lo único que Dios recibe es lo que Su Hijo, Cristo, le da. Pero Él nos va a dar a Cristo para que Cristo nos constituya en ofrenda múltiple para Dios. Son doce ofrendas, todas revelando distintos aspectos de la obra de Cristo; cada una de estas ofrendas refleja un aspecto de la obra de Cristo, pero la obra de Cristo es tan profunda que Él tenía que ir revelando en figuras. Aquí solamente estamos viendo el panorama. Ya sobre estas vestiduras, sobre el arca, la mesa, el candelero, el tabernáculo.

Bueno, esas son el primer hablar de Dios, lo primero que Dios habló a Moisés en la sexta subida. Luego habló otra vez Jehová a Moisés y le dijo otra cosa. Ese es el segundo hablar; primero le habló todo esto, lo llevó al monte, le mostró el modelo, el deseo de Dios. Ahora miren cuáles son los temas de Dios; son siete temas. Después de haberles hablado de este primer tema: la casa y los diferentes sacrificios que representa el misterio de Cristo; el segundo tema de Dios es el siclo del santuario como precio de rescate, o sea la medida divina para ser rescatados, porque nosotros tenemos nuestras propias medidas. Dios nos tiene que revelar Su medida, la medida es el siclo del santuario, que es el precio del rescate. Dios tiene que revelar que la medida es la de Dios y no la del hombre, y que hay que darle a Dios lo que Dios pide, no lo que el hombre quiere; pero el hombre no puede pagar ese precio, sólo Cristo es el precio del rescate que puede hacer al hombre lo que Dios quiere que el hombre sea. Eso está desde Éxodo 30:11 al 16.

El tercer tema de Dios, después de mostrar cuál es la medida de Dios, el siclo del santuario, el tercer tema es la fuente de bronce; claro, cuando no hay medidas con la cual medirnos, pero cuando ya hay una medida ahora sí sabemos que no somos nada delante de Dios, que nosotros mismos no alcanzamos esa medida y eso se sabe en la fuente de bronce y el arrepentimiento. Ese es el tema de Dios. La fuente de bronce va desde Éxodo 30:17 al 31. “Habló Jehová a Moisés”. La cuarta vez que Jehová habló a Moisés en esta sexta subida, ¿saben cuál es el tema? El aceite de la unción. “Arrepentíos, y bautícense cada uno (ahí está la fuente) de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38). Ese es el tema de Dios ahora, el aceite de la unción.  Eso está en Éxodo 30:22-23. Después de que ya hay la unción, el quinto tema de Dios, habló Dios a Moisés y le dijo: el tema de Dios era el incienso, que son las oraciones. Eso va en Éxodo 30:34-38.

Después de que Dios reveló ya todo esto, ahora entonces hay que ponerlo en práctica y para ponerlo en práctica no es haciendo las cosas de cualquier manera. El sexto tema que Dios revela es el llamamiento, y llama a Bezaleel para que él con sabiduría prepare las cosas, llama a Aholiab para que le ayude y bajo la dirección de Bezaleel, con la ayuda de Aholiab, todos los sabios de corazón trabajaban haciéndole a Dios las cosas, solamente por llamamiento. Entonces el sexto tema, después del incienso, es el llamamiento. Eso está en Éxodo 31:1-11. Mientras oras, Dios puede llamarte.

Y el séptimo tema, el último que Dios le habló en esta sexta subida, fue la señal del sábado; es decir, la señal que habrá entre el pueblo de Dios y Dios, es que Su pueblo tiene descanso. ¡Qué cosa tremenda! Pero para tener descanso tiene que tener toda esta base anterior; no se puede tener descanso con pecado, con egoísmo, con peleas; hay que arrepentirse, humillarse, pedir perdón, hay que perdonar, hay que amar a Dios, hay que amar al prójimo, hay que saber cuál es la base, cuál es la medida, y recién entonces concluye con la señal del sábado. Ese es el séptimo tema de Dios, el descanso en Él. Dice: Esta será la señal entre vosotros y Yo. Guardaréis mis sábados, o sea viviréis en mi reposo. Esa es la señal. Quien está en Dios, está en reposo, pero eso no se alcanza de un día para otro. Dios quiere darnos reposo y reposar en nosotros, pero todo eso es un proceso; estamos tan agitados, tan locos, de aquí para allá y Dios quiere llevarnos a Su reposo.

La tribu sacerdotal. ¡Muy bien! Claro, Moisés bajó muy contento. Y mientras Dios estaba viendo la manera de llevarnos a esa comunión íntima con Él, el pueblo estaba en un desenfreno de idolatría terrible, mostrando cómo el sueño de Dios es uno y la realidad del hombre es otra. Entonces baja Moisés, rompe las tablas y sucede aquel problema y tiene que aplicar el juicio de Dios; ahí fue cuando Moisés preguntó: ¿por qué están adorando ídolos? Estaban adorando un becerro de oro al estilo de los egipcios, como si Dios no estuviera hablando, y había obrado con poder.

Entonces ¿qué tiene que hacer Moisés? Preguntar quién está por Yahveh, por Jehová, y solamente la tribu de Leví estuvo de su parte. De manera que les dijo: Vengan, pónganse a mi lado y pongan la espada, ejerciendo el juicio de Dios. Y fue desde ese momento en que los levitas fueron consagrados para servir, ya que Dios no pudo hacerlo con el pueblo; el pueblo no quería; entonces ¿quién quiere? Los levitas; por tanto de todas las tribus sacerdotales, ahora sólo ejercerá el sacerdocio la tribu de Leví, por culpa del mismo pueblo. El deseo de Dios es con todos, pero si todos no quieren, se hará con los que quieran. ¿Quién quería? La tribu de Leví era la única que quería,

7. Justicia y misericordia de Dios. Entonces, sube Moisés la séptima vez, el número 7. ¿Para qué sube?   Para interceder. Dios, qué va a decir el mundo si tú destruyes a tu pueblo, ¿qué va a ser de tu nombre?    Van a decir que no nos pudiste salvar, ni nos pudiste introducir en la tierra que quieres. Entonces Moisés convenció el corazón de Dios; no quiere decir que Dios fuera menor que Moisés y Moisés fuera más bueno que Dios, sino que aquí se revelan dos aspectos: la justicia de Dios y la misericordia de Dios. Dios es las dos cosas: Dios es justo y no puede hacerse el de la vista gorda por el pecado y tolerarlo como si nada, y permitir que destruya lo que quiera. Él tiene que hacer justicia, pero al mismo tiempo es misericordioso. Digamos, pues, que esos dos aspectos se revelan en la intercesión; la séptima subida de Moisés al monte está en Éxodo 32:30 al 33:7.

8. La gloria de Dios y la renovación del Pacto. Luego la octava subida de Moisés. Moisés consigue que Dios le revele una parte de Su gloria, y ahí es cuando Dios proclama Su nombre y dice: Yahveh fuerte, clemente, tardo para la ira, grande en misericordia; es decir, allí es cuando Dios revela quién Él es. Yahveh, Yo soy el que soy. Él es fuerte, pero qué es misericordioso, longánime. Comienza a revelar la naturaleza de Dios. Ahí es cuando Moisés baja resplandeciente, porque Moisés le dijo: Déjame ver tu gloria; si hallé gracia delante de ti, no nos dejes, ve con nosotros, nosotros no somos dignos de estar contigo, pero haz algo tú, Dios. Entonces él le dijo: Déjame ver tu gloria; y Él le dice: No me verá hombre y vivirá, Moisés; pero voy a hacer algo.

Dios proveyó una roca herida, que es figura de Cristo y en esa hendidura de la roca escondió a Moisés para que Moisés no muriera y tapó con su mano a Moisés y lo escondió en la hendidura de la roca y le mostró la espalda, y Moisés casi se muere, quedó temblando y al mismo tiempo resplandeciente. Las personas que han tocado a Dios, casi siempre mueren; quedan como muertos. Juan quedó como muerto, Job quedó como muerto, Isaías quedó como muerto. En la octava subida de Moisés, Dios proclama Su gloria. Jehová fuerte, clemente, misericordioso, lento para la ira, grande en misericordia; empieza Dios a mostrar cómo es Él.

Y Moisés quiere ver Su gloria, pero Dios le dice: No me verá hombre y vivirá; pero le provee una hendidura en la roca que representa a Cristo muerto por nosotros para poder acercarnos a Dios, con base en el sacrificio de Cristo, y allí esconde a Moisés y lo tapa con Su mano, y sólo le muestra la espalda; y casi se muere Moisés, y dice: estoy aterrorizado, temblando; y a la vez quedó resplandeciente y no podían ni mirar a Moisés. ¿Cómo sería eso? Tuvo que ponerse un velo para que lo pudieran ver.

En esa ocasión, que es la octava subida de Moisés, número ocho, es el número de la resurrección. Después de siete días, el octavo día es otra vez el primer día: el domingo, resurrección; justamente Dios renueva el pacto. Es como anunciando que había un nuevo pacto; la renovación del pacto fue en esta nueva subida. Entonces en esta nueva subida fue cuando Dios renovó el pacto, y Dios en la renovación del pacto volvió a hablar de tres cosas. La primera cosa: contra la idolatría, confirmando ese asunto, no pueden tener otro Dios ajeno, sino Yo. Yo soy un Dios celoso, no tendrás ningún otro dios. Dios enfatiza primero, contra la idolatría; lo segundo: Dios vuelve y establece las fiestas anuales, es decir, ustedes van a vivir conforme a lo que Yo les voy a enseñar; y Dios les enseña las siete fiestas, que son figura de Cristo; es decir, no tendrás otro Dios, pero la vida religiosa que tendréis está bajo la sombra de Cristo. Esas fiestas eran la sombra de Cristo, y entonces lo tercero que vuelve a enfatizar es el Decálogo.

Dios le da las tablas que había escrito, y le dice: Moisés, trae otras tablas; y volvió a escribir las tablas de la ley y se las vuelve a dar. Que se hayan quebrado la primera vez las primeras tablas y que haya necesidad de renovar el pacto es como un anti tipo de que el Antiguo Pacto o el Antiguo Testamento no sería suficiente, sino que sería necesario un Nuevo Pacto. Por eso fue que el pueblo, mientras Dios le amaba y se revelaba, el pueblo se desenfrenaba y el pacto fue quebrado; después por la intercesión se consigue la renovación del  Pacto. Eso es figura de Cristo; todo es mostrando a Cristo, todo es figura de Cristo.

9. La vida práctica del reino. La novena subida de Moisés al monte está en Levítico 25:1 y va hasta Levítico 26:46. Allí es cuando Dios, que ya había revelado lo relativo a amar a Dios, amar al prójimo, el misterio de Cristo y la manera de vivir en la comunión del cuerpo de Cristo y la renovación del Pacto, ahora Dios empieza a enseñarles la vida práctica del reino. Así como en Zorobabel primero se restaura la casa, y en Nehemías se restaura la ciudad, es la aplicación al reino, a la vida práctica, allí empieza a revelar lo del año sabático, lo del jubileo de la tierra, lo de la remisión, lo de las deudas, es decir, la vida ciudadana, es revelada bajo los parámetros de la revelación divina. Esos principios son revelados en Levítico desde 25:1 a 26:46, que también revelan algo de Cristo.

10. Las cosas consagradas a Dios. Luego la décima subida está en Levítico 27:34. Allí es cuando Dios revela las cosas consagradas. Fíjense cómo Dios va conduciendo al pueblo a establecer el reino de Dios en la tierra. Primero les enseña qué deben hacer, cómo deben tratar la tierra, cómo no deben venderla, hacer jubileo, hacer rescate, hacer remisión; pero luego, la décima vez, Dios habla de las cosas consagradas a Dios. Si alguien quiere consagrar a su Dios su tierra, si alguien quiere consagrar a Dios su casa; es decir, Dios va tomando el reino; comienza desde el monte y va descendiendo hasta llegar a tomar nuestra casa, nuestra tierra, cómo debe consagrarse a Dios y de qué manera hay que actuar respecto de lo que uno consagra a Dios, las cosas consagradas; es decir, el reino de Dios va desde el arca, desde el Lugar Santísimo, y llega hasta nuestra tierra, nuestro trabajo y todas nuestras cosas.

11. Deberes de los levitas. Por último, en el capítulo 11, o sea, la onceava subida de Moisés, está en Números capítulo 3 versículo 1. Allí aparece la onceava vez que Moisés sube al monte. Allí Dios le muestra a Moisés los deberes de los levitas; es decir cuando haya que trasladar de aquí en adelante el campamento, ya les reveló la base esencial para el reino, el núcleo esencial para el Antiguo Pacto y la tipología para el Nuevo. Ahora hay que avanzar; cuáles van a ser los deberes de los levitas, las responsabilidades de aquellos que están por Jehová. Unos son gersonitas, otros son coatitas, otros son meraritas, o sea, pertenecientes a las familias de los tres hijos de Leví, Gersón, Coat y Merari, mostrando los distintos servicios a Dios, de los que quieren cooperar con la causa de Dios, con el reino de Dios en la tierra.

Esa es la última subida de Moisés al monte; claro que nosotros al principio vimos muchas cosas, pero de todas esas cosas que nosotros vimos, que fueron reveladas, que leímos, algunas fueron reveladas en el monte, que fueron estas once subidas. Otras cosas fueron reveladas en el tabernáculo; de ahí en adelante es como si Dios quisiera morar entre Su pueblo. El pueblo estaba allá abajo, pero Dios le va explicando a Su pueblo cómo es que Él va estar entre ellos, y ellos van a ser Su pueblo, y Él va a ser uno con Su pueblo. Dios primero se revelaba en el monte, y después cada vez las subidas al monte son menores y las revelaciones en el tabernáculo son más abundantes. Sólo en el Sinaí: once meses, once subidas al monte. La perfección es el 12, pero Moisés es apenas figura, por lo tanto apenas 11, pues la perfección es la realidad de Cristo.

Ahora para terminar, Dios habló en total noventa veces en el Sinaí; dice: Habló Dios a Moisés, y una revelación completa para un tiempo durante esos meses, casi un año; después habló de nuevo y luego habló otra vez, y habló también, es decir, noventa veces Dios habló a Moisés y a Aarón. De esas noventa veces, 89 veces le habló a Moisés, de esas 89 veces que le habló a Moisés, 82 veces le habló sólo a Moisés, y 7 veces, a Moisés y a Arón; en el Sinaí. No estamos hablando de otro lugar. En esta jornada del Sinaí, 7 veces habló a Moisés y a Aarón juntos; las 7 veces que Dios habló a Moisés y Aarón fueron relativas a la autoridad que Él le delegó a Aarón y una sola vez le habló directamente a Aarón. ¿Cuándo fue que Dios le habló a Aarón? Cuando fue constituido sumo sacerdote; ahí Dios le habló directamente a Aarón. Hasta ahí Dios le hablaba a Moisés, y consagró a Aarón; entonces le habló a Aarón. Dios hablaba a Moisés y a Aarón. Cuando era revelación directa del misterio, hablaba sólo a Moisés; cuando tenía que ver algo con Aarón, hablaba con Moisés y Aarón. Noventa veces habló Dios en Sinaí; o sea que es una cosa tremenda, hermanos. Todo lo que reveló Dios en esta estación es tremendo. Vale la pena a cada una de esas cosas ponerle atención, porque vienen de Dios, muestran a Dios, nos dicen de la voluntad de Dios para Su pueblo. Todo esto es valioso porque procede de Dios.

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