¡Viaja inteligentemente!

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“Salieron del Mar Rojo y acamparon en el desierto de Sin.  Números 33:11

Salieron al desierto y murmuraron

A diferencia, hermanos, de la vez pasada que el pasaje de Éxodo respecto de Números fue tan magro, hoy es bastante abundante. Entonces, vamos allí al pasaje correspondiente en el libro de Números 11:33. Hoy llegamos a la octava estación, después de Ramesés, Sucot, Etam, Pi-hahirot, Mara, Elim y Mar Rojo. Dice Números 33:11: “Salieron del Mar Rojo”; esa palabra siempre es bienaventurada. Siempre el salir es por fin poder superar una situación; eso es lo que quiere decir salir de una estación hacia otra, de una jornada a otra; es poder superar cosas que cuando se llega allá parece que no las podríamos superar, pero al fin salió. Dice la Palabra que las salidas eran porque la nube había considerado que ya era el momento de levantarse y de conducir a su pueblo. Claro que lo conduce a otra situación de la cual también habrá que salir después; vamos saliendo y acampando, saliendo y acampando. “Salieron del Mar Rojo” y tenemos presente lo que se estudió la vez pasada, “y acamparon en el desierto de Sin”. Aquí ya la palabra desierto, es una palabra muy significativa.

El Señor mismo va dirigiendo a Su pueblo para que aprenda lecciones, no siempre fáciles. Este pasaje se corresponde con todo el capítulo 16 del libro del Éxodo. A veces parece que es poco lo que se dice en Números, pero parece que esta vez Dios tiene que decir mucho. Esta vez va a decir bastante; todo el capítulo 16 corresponde a la estación del desierto de Sin, antes del Sinaí, y se introdujeron hacia el desierto de Sin. Recuerden que ellos no iban para donde ellos querían, sino que la nube los conducía. Si fuésemos nosotros los que fuésemos a escoger las experiencias que queremos tener en nuestra vida, seguramente siempre escogeríamos experiencias placenteras y fáciles. Sólo después que se ha madurado un poco es que se le pide al Señor la gracia de poder escoger las experiencias del camino estrecho, pero eso no se aprende de un día para otro. El camino estrecho no es una teología muy popular. Entonces tengamos en cuenta que el que dirige es Dios. Vamos a Éxodo 16: 1Partió luego de Elim toda la congregación de los hijos de Israel, y vino al desierto de Sin (aquí se pasó por alto lo de la estación pasada, porque hay cosas que Dios quiere pasar por alto), que está entre Elim y Sinaí, a los quince días del segundo mes (ellos celebraron la pascua también el quince del primer mes, o sea que aquí ya va un mes de peregrinación) después que salieron de la tierra de Egipto. 2Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto; 3y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud”.

Aquí nos encontramos con un verbo desagradable: murmurar, y lo peor es que no hubo excepción, o sea que parece que en ciertas etapas se murmura; y fíjense de qué tipo eran las murmuraciones, eran murmuraciones de tipo financiero, eran murmuraciones del modo de vida, era acerca de la comida y cosas parecidas. Claro que esas murmuraciones están en el corazón, y hay que buscar a algún culpable, y ellos no se daban cuenta que estaban murmurando contra Dios, cuando murmuraron contra los que Dios había puesto; ellos no se daban cuenta de eso. La murmuración era por cuestiones económicas, de la alimentación, no creían que Dios proveería; su afán era por lo que iban a comer; nos van a matar de hambre ustedes aquí en este desierto. A veces, cuando no estábamos caminando con el Señor, a muchos les ha pasado eso, les iba muy bien en los negocios, les entraba bastante dinero y de pronto empezaron a caminar con el Señor, les fracasó el negocio y empezó a irles un poco apretado; ahí es donde viene la prueba. No es que Dios no esté  ni que nos vamos a morir de hambre; lo que pasa es que Dios nos quiere enseñar a confiar en Él, a descansar en Él.

Aprendiendo a descansar en Dios

Toda la lección que hay que aprender en este capítulo, es una lección de descanso. Aquí vamos a ver que a donde Dios quiere conducirnos por medio de las apreturas económicas es a descansar en Él. Es que antes nosotros descansábamos en lo que teníamos en el bolsillo o en la cuenta corriente; podíamos descansar en lo que veíamos, pero ahora no se ve sino desierto; ¿qué carne va a haber en el desierto, qué pan va a haber en el desierto, qué agua va a haber en el desierto? La cosa se ve difícil, entonces empiezan las preocupaciones de tipo económico: ¿Qué comeremos? ¿Qué beberemos? ¿Qué vestiremos? El Señor los llevó precisamente al desierto para alimentarlos en el desierto y enseñarles que Él es Todopoderoso para que confiemos en Él, así estemos en el desierto. Aunque nuestros ojos no estén viendo nada, aunque nuestra cuenta corriente esté baja, o aunque ni siquiera tengamos ninguna, confiemos en Dios. De manera que el problema de ellos era de ese tipo, aquí su angustia era angustia típica de los gentiles. ¿Qué comeremos? ¿Qué beberemos? Nos has sacado a este desierto Moisés, y tú también Aarón para que muramos de hambre. 4Y Jehová dijo a Moisés (miren la primera vez que Dios ve a su pueblo protestando por esto, la primera vez Dios dice así, la primera vez, no es la única vez desgraciadamente, pero la primera vez dice así): He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no”.

Esta palabra aquí “pan del cielo”, el Señor es verdadero, esto quiere decir algo. Fíjense como el Señor conduce el asunto aquí en este capítulo. Noten las frases. “Jehová dijo a Moisés: He aquí yo (ahí está donde hay que mirar) os haré llover (miren esa abundancia) pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día”. Aquí está la intención de Dios. ¿Por qué Dios permitió que el pueblo fuera conducido a esa situación? Porque Él quiere que caminemos con Él. Miren la oración que está en el Padrenuestro. Padre nuestro que estás en los cielos…,…danos hoy el pan de cada día; es decir, Jesús tenía la certeza de que cada día tenía un pan preparado por Dios, y Él le pedía a Dios el de ese día. Padre, dame el de hoy, pero nosotros queremos tener seguro el de mañana, el del próximo mes, el del próximo año, el de la vejez. ¡Dios mío! Pero el Señor quiere conducirnos a otra cosa, a no poner la confianza en las riquezas que son inciertas. Eso es lo que dice el apóstol Pablo a Timoteo: 17A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. 18Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; 19atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna”.

Fíjense que aquí el Señor dice que el pueblo saldrá; ese salir por fe en el desierto, salir al desierto, ¿a qué? a recoger el pan. “Recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe”. Esa frase. Ahí están las razones de Dios; a veces uno dice: Dios, ¿pero por qué? Aquí están las razones de Dios, para que Yo lo pruebe si anda en mi ley, o no. Ahora, cuando Dios está diciendo mi ley, o no, aquí, todavía no habían llegado al monte Horeb, todavía no habían llegado al monte Sinaí, todavía no está hablando de los diez mandamientos; el único mandamiento que aparece hasta aquí, ¿saben cuál es? Descansar; ese es el único mandamiento que Dios ha dado hasta aquí. Si usted lee desde que salieron, ¿cuál fue el mandamiento que Él les dio? Era descansar, descansar en Dios, confiar en Dios, creer en Dios, ese era el mandamiento. Después hubo que dar la ley para mostrar la condición humana y la necesidad de Cristo, pero antes de dar la ley que fue añadida, como dice el apóstol Pablo a los Gálatas, lo primero que Dios mandaba era confiar, creer, ese es el mandamiento de Dios, creer en Dios, confiar en Él.

Aquí todo el propósito de Dios es llevarnos a depender de Él con confianza de niños. Si no os hacéis como niños no podéis entrar en el reino. “Recogerá diariamente la porción de un día, para que yo los pruebe si andan en mi ley, o no”, y aquí está el primer mandamiento, aquí está la ley. 5Mas en el sexto día prepararán para guardar el doble de lo que suelen recoger cada día”. Eso quiere decir que, aunque todavía no les había dado los diez mandamientos, ellos iban a descansar el sábado; es decir, que ya les está enseñando el descanso, el reposo, la confianza, el vivir para Dios, teniendo en cuenta que Dios existe y no sólo este mundo.

Él nos hace llover pan del cielo

6Entonces dijeron Moisés y Aarón a todos los hijos de Israel: En la tarde sabréis que Jehová os ha sacado de la tierra de Egipto, 7y a la mañana veréis la gloria de Jehová; porque él ha oído vuestras murmuraciones contra Jehová; porque nosotros, ¿qué somos para que vosotros murmuréis contra nosotros?”

No fueron Moisés y Aarón quienes los sacaron de Egipto, fue Dios el que mandó a Moisés, y fue Dios el que los sacó y era Dios el que los conducía y era Dios el que les enseñaba y era Dios el que les proveía; pero ellos no veían a Dios, ellos sólo veían lo natural; no veían el que está detrás de todo, el que tiene todo poder en los cielos y en la tierra y el que tiene las riendas de todo. Ellos no lo veían a Él, veían sólo lo natural. Moisés y Aarón les dijeron, ¿qué somos para que murmuréis contra nosotros? Vosotros no habéis murmurado contra nosotros, vosotros habéis murmurado contra Dios, como si Él no fuera lo suficientemente poderoso para guardaros y proveeros; estáis hablando de morir de hambre y Dios está hablando de hacer llover pan del cielo, ¡qué diferencia! El hombre dice: moriremos de hambre, y Dios dice: haré llover pan del cielo, ¿a cuál creemos? Haré llover pan del cielo, a eso es a lo que hay que creer. 8Dijo también Moisés: Jehová os dará en la tarde carne para comer, y en la mañana pan hasta saciaros; porque Jehová ha oído vuestras murmuraciones con que habéis murmurado contra él; porque nosotros, ¿qué somos?  Vuestras murmuraciones no son contra nosotros, sino contra Jehová”.

Y ahí vemos cómo es Dios de misericordioso, porque hasta aquí Dios no le había dicho a Moisés lo de la carne; Dios le había dicho sólo lo del pan, pero Moisés le puso el postre de sí mismo. Dios le había dicho: Yo haré llover pan del cielo, pero Moisés dijo: Bueno, Dios. Tuvo tanta fe Moisés, que creyó, que le puso el postre al pan, le puso carne también. Dijo también Moisés, éste ya no fue Dios, o sea esa palabra también quiere decir además, además de lo que dijo Dios. Note cómo Dios es misericordioso y hasta lo que Moisés dijo de más, Dios lo respaldó. ¡Qué cosa tremenda! Así es Dios. ¡Oh Señor, Tú eres tan grande! Y vuelve y repite: “porque nosotros, ¿qué somos?”

9Y dijo Moisés a Aarón: Di a toda la congregación de los hijos de Israel: Acercaos a la presencia de Jehová, porque él ha oído vuestras murmuraciones”.

A ahí Moisés se apartó del pueblo y se fue a orar a Dios, ahí aparte, y le mandó a su profeta que era Aarón, que le trasmitiera al pueblo esa decisión. Uno murmura cuando uno está lejos de la presencia de Jehová; cuando uno está en la presencia de Jehová no puede murmurar; puede alabar, puede dar gracias, puede agradecer, puede exultar, pero no murmurar. Se murmura es cuando se está lejos de la presencia, como se dice de Caín. Dice en el libro del Génesis, capítulo 4, que Caín salió de la presencia de Dios, y allí fue y empezó a desarrollar sus propios planes.  Volvamos a Éxodo 16. 10Y hablando Aarón a toda la congregación de los hijos de Israel, miraron hacia el desierto, y he aquí la gloria de Jehová apareció en la nube”.

Miraron hacia el desierto, porque hacia allá se había ido Moisés, y la nube estaba ahí guardándolos y ellos ya se habían acostumbrado, de tal manera que ni se daban cuenta que la nube estaba ahí, y por eso Dios tuvo que hacer algo más en la nube y hacer aparecer Su gloria en la nube, que ya era Su presencia; hizo aparecer Su gloria en la nube. Miren, cuántas veces nos pasa eso, hermanos, que no nos damos cuenta de lo que Dios ya está haciendo, y tiene que hacer Dios alguna cosa que nos cause un poco de temor para darnos cuenta que Él estaba presente. La nube estaba y no se habían dado cuenta, y murmuraban como si Él no estuviera, como si Dios no estuviera haciendo nada; no veían lo que Dios estaba haciendo, y actuaban como si Dios no estuviera; entonces Moisés se apartó hacia el desierto, hacia la nube y Dios hizo que ahora, en la nube, apareciera Su gloria.

Nuestro Dios está cercano

Había nube en el desierto, nube para cubrirlos, nube para guiarlos, los había guiado durante todo un mes, y ellos habían ya estado tan acostumbrado y les parecía algo tan natural, que no les importó murmurar. Y es que a veces no nos damos cuenta que Dios nos está dando y cuidando todos los días, que no nos damos cuenta que es un cuidado de Él, no nos damos cuenta que es Él quien nos está cuidando; todos los días desayunamos, todos los días comemos, todos los días cenamos, dormimos, descansamos, vamos, venimos, no nos pasa nada. Por eso en esta ocasión Dios tuvo que hacer algo adicional, algo para llamarnos al temor de Dios; añadió Su gloria a la nube. Por eso dice así: 11Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 12Yo he oído las murmura­ciones de los hijos de Israel; háblales, diciendo: Al caer la tarde comeréis carne, y por la mañana os saciaréis de pan, y sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios”.

Miren el carácter de Dios, primero dijo: les haré llover pan; ellos murmuraban y Él como si no hubiera oído promete pan; ahora Moisés los reprende por haber murmurado, y Dios dice: Yo he oído las murmuraciones; pero miren lo que dice Dios: al caer la tarde, comeréis pan; miren que distinto es Dios de uno. Nosotros murmuramos y Él nos da comida, bebida, ropa y todo lo que necesitamos; todo el día estamos protestando, todo el día nos estamos quejando y Él todo el día nos está dando. ¡Qué misericordioso es el Señor! Yo he oído las murmuraciones, pero háblales, como quien dice, consuélalos, para que sepan que Yo soy Jehová vuestro Dios, ya no un Dios lejano, sino el Dios nuestro. Cuando hayamos visto que nos cuidó una y otra y otra y otra vez, ¿qué dice el Señor? Sabréis que Yo soy Jehová vuestro Dios, vuestro Dios; ya no sólo el Dios Altísimo por allá lejano, no, el Dios nuestro que va en una nube y nos da comida esta noche y mañana desayuno, que no sabíamos si íbamos a desayunar. ¡Aleluya!

El pan del cielo

13Y venida la tarde (viene el cumplimiento fiel de la Palabra), subieron codornices que cubrieron el campamento; y por la mañana descendió rocío en derredor del campamento. 14Y cuando el rocío cesó de descender, he aquí sobre la faz del desierto una cosa menuda, redonda, menuda como una escarcha sobre la tierra. 15Y viéndolo los hijos de Israel, se dijeron unos a otros (maná, manjú, que quiere decir ¿qué es esto?): ¿qué es esto? porque no sabían qué era. Entonces Moisés les dijo: Es el pan que Jehová os da para comer”.

Ahora vea el mandamiento; Dios quería que guardaran Sus mandamientos y todavía no había dado la ley. “Esto es lo que Jehová ha mandado: 16Esto es lo que Jehová ha mandado: Recoged de él cada uno según lo que pudiere comer; un gomer por cabeza, conforme al número de vuestras personas, tomaréis cada uno para los que están en su tienda. 17Y los hijos de Israel lo hicieron así; y recogieron unos más, otros menos“. Nótese que es cada día, o sea hay que recoger cada día; por eso Jesús decía en esta misma tónica, en este mismo espíritu: No os afanéis por el día de mañana, porque cada día traerá su propio afán; no os afanéis como los gentiles diciendo: qué comeremos, qué beberemos, cada día tiene su propio mal. 18Y lo medían por gomer, y no sobró al que había recogido mucho, ni faltó al que había recogido poco; cada uno recogió conforme a lo que había de comer”. Este versículo es en donde se basa el apóstol Pablo para decirle a la iglesia en Corinto, en la segunda epístola, que al que recogió mucho no le sobró, al que recogió poco no le faltó; es decir que Dios no provee pensando sólo individualmente, sino que Él provee de manera que podamos ejercer la generosidad unos para con otros. No es que Dios no provea lo que se necesita, no; Él provee de manera que podamos ejercitar la generosidad unos con otros y buscar la igualdad, como dice San Pablo, para que en este tiempo se ejercite, no es por allá en el milenio, o en el cielo nuevo y la tierra nueva. Lo dice San Pablo en la segunda carta a los Corintios, para que en este tiempo haya igualdad. Dios provee para todo lo que se necesita pero quiere que eso se reparta con generosidad.

Confianza en Dios y no en mamón

Por algo será que Dios a algunos les dio mucho, ¿por qué? Porque tenían muchas responsabilidades que cumplir.19Y les dijo Moisés: Ninguno deje nada de ello para mañana”. ¡Dios mío, qué política de seguridad social tan distinta! Nosotros aquí estamos pensando siempre es en función de mañana, pero Dios quería aprender a conducirnos en la fe en Dios. ¿Entonces qué pasó? 20Mas ellos no obedecieron a Moisés, sino que algunos dejaron de ello para otro día, y crió gusanos, y hedió; y se enojó contra ellos Moisés”. Algunos guardaron para mañana.

No estoy diciendo que no haya que ser prudente y no haya que guardar, o sea dilapidar, no, no; pero la confianza debe ser siempre en el Señor, y cuando Dios nos da para lo que hay, bueno es para eso, confiemos. “Y les dijo Moisés: Ninguno deje nada de ello para mañana”. Esto era lo que había que obedecer, este era el mandamiento; el mandamiento era de confiar en Dios y aprender a vivir cada día por fe. El problema no es guardar sino desobedecer. Cuando Dios te dice da y tú cierras tu mano…“Más ellos no obedecieron a Moisés, sino que algunos dejaron de ello para otro día, y crió gusanos, y hedió; y se enojó contra ellos Moisés”.

La confianza no debe ser en mamón, sino en Dios, y para eso es que Él lleva a Su pueblo al desierto para enseñarle a vivir diariamente en comunión y en confianza en Dios. No estoy diciendo que seamos despilfarradores, no, sino que no seamos ansiosos. No estéis todo el día ansiosos diciendo, ¿qué comeremos, qué beberemos?  Confiemos, esa es la lección de este capítulo. “Mas ellos no obedecieron a Moisés, sino que algunos dejaron de ello para otro día, y crió gusanos, y hedió”. No se lo comieron, sino que se lo comieron los gusanos. 21Y lo recogían cada mañana, cada uno según lo que había de comer; y luego que el sol calentaba, se derretía”. Esto es muy interesante, quiere decir que Dios quiere que desde temprano confiemos en Él y desde temprano actuemos en fe. Dios va a proveer hoy, pero quiere que nos levantemos temprano a recoger; ahora, si dejamos que pase el día y no recogemos del pan del cielo se nos derrite.

22En el sexto día recogieron doble porción de comida, dos gomeres para cada uno; y todos los príncipes de la congregación vinieron y se lo hicieron saber a Moisés”. Ese día no pasó nada, ese día no se dañó, no crió gusanos, no hedió, ¿por qué? porque a veces Dios provee más de lo necesario, las vacas gordas, porque llegan las vacas flacas. Lo importante es confiar en Dios. 23Y él les dijo: Esto es lo que ha dicho Jehová: Mañana es el santo día de reposo, el reposo consagrado a Jehová; lo que habéis de cocer, cocedlo hoy, y lo que habéis de cocinar, cocinadlo; y todo lo que os sobrare, guardadlo para mañana”. Dios primero los guía a confiar en Él, a descansar en Dios; no ha llegado todavía el Sinaí, no ha dicho los diez mandamientos y ya les está enseñando a descansar en Dios, a confiar en Dios. Nótese que no se trata de un reposo con irresponsabilidad; es un reposo consagrado a Jehová; es decir: Señor, descanso en ti, estoy aquí para ti, para lo tuyo, aprendo a confiar en ti por tu causa. No es un reposo de irresponsabilidad, aquí no está enseñando irresponsabilidad; por eso es que en los países comunistas prohibían leer el libro del Eclesiastés, porque ahí decía: ¿de qué le sirve al hombre todo el día trabajando y trabajando con dolores? Entonces eso al gobierno comunista no le convenía, de manera que prohibieron el libro del Eclesiastés. En vano se afanaron las naciones y para el fuego trabajaron, porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Dios. Había que guardar pero para el reposo. 24Y ellos lo guardaron hasta la mañana, según lo que Moisés había mandado, y no se agusanó, ni hedió (¿por qué? porque era guiado por Dios). 25Y dijo Moisés: Comedlo hoy, porque hoy es día de reposo para Jehová; hoy no hallaréis en el campo”. Es decir, Dios quiere que descansemos de nuestras obras, de nuestros afanes para que estemos delante de Él y le sirvamos a Él; lo que impide que la semilla dé fruto son los afanes de este siglo; esa es la parábola del sembrador. Sembró y alguna cayó en buena tierra, pero otra cayó entre espinos y abrojos; estos son los afanes de este siglo que ahogan la semilla. Entonces Dios nos conduce a la fe y nos conduce al descanso en Él para Jehová, reposo consagrado a Jehová, es reposo para Jehová, no es vacaciones, no es vagancia, no es irresponsabilidad, no; es estar dispuesto a Dios, no somos solamente animalitos, ni esclavos hacedores de ladrillos para Faraón, no; somos sacerdotes para el Dios del cielo.

26Seis días lo recogeréis; más el séptimo día es día de reposo; en él no se hallará. 27Y aconteció que algunos del pueblo salieron en el séptimo día a recoger, y no hallaron. 28Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes?” La de descansar, y cuántas veces nosotros decimos: no hermano, no puedo ocuparme en las cosas del Señor porque tengo que hacer esto primero. Sacrificamos todo lo del Señor por lo que no tiene valor; a quien sacrificamos es al Señor, y entonces, después tampoco hubo bendición. Dejamos al Señor de lado para ocuparnos en cosas que considerábamos muy importantes, y no nos salieron bien; pero cuando ponemos al Señor primero, todas las demás cosas son añadidas. ¡Amen!

29Mirad que Jehová os dio el día de reposo, y por eso en el sexto día os da pan para dos días. Estese, pues, cada uno en su lugar, y nadie salga de él en el séptimo día”. Jehová os dio, es un regalo para vosotros, Jehová piensa en vosotros; vosotros no fuisteis creados para el día de reposo, sino que Dios hizo el reposo para vosotros; Dios piensa que vosotros descanséis, que tengáis una vida sin esas angustias; esas angustias es porque no confiáis. Confiad en Dios. Jehová os dio el día de reposo; hay que estar en su lugar, no en otra cosa. 30Así el pueblo reposó el séptimo día”. Ahora, ¿saben cómo aprendía el pueblo a reposar? Por la enseñanza de Dios, salieron a trabajar, entonces tenían que descansar y no encontraban reposo. Cuando no quieren aprender a descansar, cuando en los afanes no te salen bien las cosas, entonces hay que aprender a reposar en Dios y para Dios. 31Y la casa de Israel lo llamó Maná; y era como semilla de culantro (o sea el cilantro; aquí no se acostumbra a comer sino la hojita, en Paraguay sí se come la semilla, muy deliciosa, se muele y es deliciosa), blanco, y su sabor como de hojuelas con miel. 32Y dijo Moisés: Esto es lo que Jehová ha mandado (y aquí viene el otro mandamiento antes de los diez): Llenad un gomer de él, y guardadlo para vuestros descendientes, a fin de que vean el pan que yo os di a comer en el desierto, cuando yo os saqué de la tierra de Egipto”. Miren la intención de Dios, que los nuestros aprendan también a conocer su fidelidad, a conocer cómo Él cumple Sus promesas; esto es para vuestros descendientes.

33Y dijo Moisés a Aarón: Toma una vasija y pon en ella un gomer de maná, y ponlo delante de Jehová, para que sea guardado para vuestros descendientes”. Este maná en aquella vasija es figura de Cristo, incorruptible; porque el otro se corrompía, pero éste no se corrompe. Esta vasija es el maná incorruptible, es el maná escondido, es el verdadero maná, es figura de Cristo. Ésta era la que después, cuando se hizo el arca, había que meter en el arca como testimonio de Dios, y no se corrompía; o sea, el verdadero pan que Dios nos quiere dar y darle a las generaciones futuras, es el pan incorruptible. 49Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. 50Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. 51Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo” (Juan 6:49,51). Es decir, he aquí Mi Padre os da el verdadero pan para que el que de él come no muera; o sea, el maná incorruptible. Dios no nos quiere proveer solamente lo que necesita el cuerpo, sino proveernos de alimento de incorrupción para que sea guardado para vuestros descendientes.

34Y Aarón lo puso delante del Testimonio para guardarlo, como Jehová lo mandó a Moisés. 35Así comieron los hijos de Israel maná cuarenta años (dos millones de personas en el desierto), hasta que llegaron a tierra habitada; maná comieron hasta que llegaron a los límites de la tierra de Canaán. 36Y un gomer es la décima parte de un efa”. Como quien dice, hagan el cálculo, si cada uno es un gomer, dos millones son dos millones de gomer diarios, cuarenta años para dos millones. Pero ¿qué es eso para Dios que hizo el universo, que hizo las galaxias, no va a hacer maná? Entonces, hermanos, esta lección hay que aprenderla. Dios nos llama a confiar diariamente en Él y descansar, y no estemos murmurando por asuntos de qué comeremos, qué beberemos, qué vestiremos, porque Él tiene cuidado de nosotros.

Bástele a cada día su propio afán.

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Comentarios en: "Yo soy el pan de vida." (1)

  1. […] Sucot; tercero, Etam; cuarto, Pi-hahirot; quinto, Mara; sexto, Elim; séptimo, Mar Rojo; octavo, desierto de Sin; noveno, Dofca; décimo, Alús; once, Refidim; doce, desierto de Sinaí. Número doce, etapa doce. […]

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