Editor: Esdras Mendoza Rios

adolescenciaMAR ROJO

“Salieron de Elim y acamparon junto al Mar Rojo.  Números 33:10

El Mar de Cañas

En el hebreo sigue siendo la expresión que se ha usado desde el principio, Yam Sof o Mar de Cañas o Mar de Juncos, pero obviamente que es lo que hoy día se le llama el Mar Rojo. La Septuaginta lo llama en el griego Talace Eritram, o sea Mar de Eritrea. Hoy en día Eritrea es un país que queda al sur del Sudán y al norte de Etiopía, que da justamente sobre lo que hoy se llama el Mar Rojo; ese mar se le llamaba el Mar de Eritrea.

Así aparece en la traducción de la Septuaginta,  dos siglos antes de Cristo; y el hebreo, el texto Masorético, lo llama Yam Sof, o el Mar de Juncos o el Mar de Cañas; es el nombre con el que se le conoce en la Biblia. Claro está que esta tierra del sur de Israel se conoció como la tierra de Edom; por lo tanto, también a estas lenguas del Mar de Eritrea o del Yam Sof, se le llamaba también el Mar de Edom puesto que Edom quedaba hacia el sur de Israel. Por ejemplo, los amalecitas quedaron en el sur de la península del Sinaí, y los amalecitas también eran descendientes de Esaú; por lo tanto el sur de Israel correspondía a Edom, todo el desierto del Neguev, de manera que también se le llamaba el Mar de Edom, y como Edom también significa rojo, entonces de ahí ha venido llamándosele en una determinada vertiente el Mar Rojo. Hoy en día se le llama el Mar Rojo; en la Biblia se le llama Yam Sof.

Al sur de Egipto está Sudán y al sur de Sudán estaba Etiopía, y ahora al norte de Etiopía se independizó un país que se llama Eritrea. Antiguamente Eritrea era parte de Etiopía; hoy en día es un país independiente en nuestro siglo (el XX, ya estamos para pasar al XXI), y ese nombre, Eritrea, viene desde la antigüedad y le ha dado también el nombre a ese mar. Bien, ese mar tiene esos distintos nombres. Es interesante que ustedes se fijen en una cosa, en lo que aparece en este versículo. A veces Dios no sólo habla con palabras, a veces Él también habla con silencios. En esta jornada que estamos viendo, la del Mar Rojo o del Yam Sof, Dios habla con silencio. Es muy interesante que Dios hable con silencio. Él no quiso que se dieran muchas explicaciones, pero tampoco se quedó totalmente callado, sino que dijo: Aconteció esta jornada: Yam Sof. Salieron de Elim y llegaron al Mar Rojo.

Si ustedes se fijan conmigo en la siguiente jornada, vemos que dice el versículo 11: “Salieron del Mar Rojo y acamparon en el desierto de Sin”, o sea que Dios por el Espíritu Santo sí quiso que se supiese que hubo una jornada en el Yam Sof, en el Mar Rojo; sí quiso y por eso inspiró y dijo: Moisés, escríbelo, y sabemos que estas cosas se escribieron para nosotros y para enseñarnos a nosotros. Pero cuando tú vienes a los capítulos 15 y 16 de Éxodo, ves que allí aparece la llegada a Elim (15:27) y la salida de Elim (16:1). Leámoslo, pues, para complementar lo que vimos en Números. Éxodo 15:27 y 16:1. Leemos de seguido: 27Y llegaron a Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmeras; y acamparon allí junto a las aguas. 1Partió luego de Elim toda la congregación de los hijos de Israel, y vino al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, a los quince días del segundo mes después que salieron de la tierra de Egipto”.

Si solamente leyéramos el libro del Éxodo, no hubiéramos entendido que hubo entre Elim y el Sinaí. Ustedes lo pueden ver allí, una estación, esa estación Dios la calló en Éxodo, pero no la calló totalmente; eso quiere decir que Dios sí quiso que se supiera que hubo esa estación, pero nos quiso hablar con silencio.

El diciente silencio del Señor

A veces el silencio de Dios habla más. Fijémonos algunas veces cuando Dios guarda silencio. Ustedes recuerdan cuando estaban acusando al Señor Jesús y el Señor Jesús se mantuvo en silencio, no dijo nada, se quedó callado; sin embargo, ¡cuánto nos habla ese silencio del Señor Jesús! ¿verdad? No porque no diga nada no está diciendo nada. A veces al no querer hablar de algo, Él está queriendo decir mucho, y Él está queriendo como pasar por alto algo que aconteció, pero que no lo menciona. En muchas ocasiones Dios hace cosas así. Por un versículo de la Biblia tú sabes que algo sucedió, pero en otra ocasión el mismo Espíritu Santo vuelve y se refiere a algunos sucesos, pero calla ciertas cosas. Por ejemplo, ustedes leen el libro de Reyes y allí aparece la historia de Salomón, y cuando lees la historia de Salomón en el libro de Reyes, allí aparece la apostasía de Salomón, pero ustedes saben que la historia de Salomón, el Espíritu Santo quiso que se contara después. Cuando vuelves a leer la historia de Salomón, ya no en el libro de Reyes, sino en el de Crónicas, te das cuenta y no sólo en el caso de Salomón, sino en otros casos, que Dios no volvió a contar la cosa. Sí en Reyes, que es el libro más antiguo, Jeremías contó la historia de Salomón, pero cuando volvió el Espíritu Santo a mover a Nehemías en Crónicas, no contó lo de la apostasía, porque ya había movido a Jeremías en Reyes unos siglos atrás; Jeremías que era un profeta de la cautividad, tenía que hacer una explicación para la cautividad, entonces había que contar las cosas como eran, porque era tiempo de cautividad, había razones para la cautividad; pero cuando Nehemías, ya no era tiempo de cautividad sino de restauración; se empezó a volver a contar la historia; para la restauración no hace falta volverse a acordar de la apostasía de Salomón; sin embargo, Dios sí se acuerda de lo bueno de Salomón y se vuelve a contar la historia, la misma de Reyes, se vuelve a contar en Crónicas, pero ya no se cuenta lo de la apostasía, no se cuentan ciertas cosas.

Vemos, pues, que el silencio de Dios también habla, y generalmente cuando Dios guarda silencio no es porque no pase nada, sino porque lo que pasa es algo que no merece la pena ser recordado y por eso guarda silencio. Sin embargo, sí dijo Dios que hubo una estación en el Mar Rojo, pero guardó silencio. Entonces, como estas estaciones tienen un sentido espiritual, ¿qué será lo que significa la estación en el Mar Rojo? Fíjense en un detalle. La estación en el Mar Rojo queda entre Elim y el Sinaí.

Lo que dice justamente Éxodo 16:1 es que “partió luego de Elim toda la congregación de los hijos de Israel, y vino al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí”, de manera que hubo todo un trayecto y en ese trayecto hubo una parada intermedia, y ese intermedio consta por voluntad de Dios para enseñar una jornada espiritual, lo cual consta en Números 33:10: “Salieron de Elim y acamparon junto al Mar Rojo”, luego el siguiente dice: “Salieron del Mar Rojo y acamparon en el desierto de Sin”; es decir, que sí hubo una estación, la cual Dios pasó por alto como pasó por alto la segunda vez que contó la historia, lo que hizo Salomón o cualquier otro. Entonces, ¿cómo vamos a interpretar esa experiencia espiritual representada en la jornada del Mar Rojo? No en la del cruce por el Mar Rojo, sino el paso por el Mar Rojo cuando iban entre Elim y el Monte Sinaí. Allí hay un lugar, ustedes ven en el mapa un pequeño río y allí hay un lugar que se llama el Wadi Tabiyé, o sea el Valle de Tabiyé; es un lugar donde se puede acampar, porque hay agua y también algunos arbustos.

Pero fíjense en un detalle, a la siguiente estación, la del capítulo 16, la del desierto de Sin (Dios mediante la vamos a ver con más detalle), el Espíritu Santo le dedica bastante espacio, hay muchas lecciones que aparecen, es la estación del maná y muchas cosas acontecieron allí; sin embargo, entre Elim y la estación del desierto de Sin donde comenzaron a recoger maná, aparece esta estación. Si tiene sentido espiritual la recolección del maná y si tiene un sentido espiritual Elim, quiere decir que entre lo que espiritualmente significa Elim y lo que espiritualmente significa el desierto de Sin para aprender a recoger el maná, la estación intermedia tiene que tener un sentido espiritual. Cuando pasamos de Elim, que representa aquel oasis de Dios bajo setenta palmeras, provistas por Dios para darnos cobertura, para darnos sombra, para darnos descanso, con doce fuentes de aguas para darnos de beber y mitigar nuestra sed, y que representa, usando los números apostólicos, el doce y el setenta, representa el oasis del ministerio provisto por Dios transitoriamente, en nuestra caminata, de pronto nos encontramos después en el desierto de Sin aprendiendo cada uno, ya no bajo la sombra de las palmeras, ni con las aguas, a recoger el maná por la mañana, el que ha de comer personalmente. Fíjese que hay una experiencia espiritual intermedia entre primero estar bajo la cobertura del ministerio y después aprender por sí solo a recoger el maná; hay un espacio intermedio, una experiencia espiritual.

Espacio intermedio…la adolescencia espiritual

Al principio las personas están bajo la dirección de Dios, por el arreglo divino bajo la protección del ministerio, eso es lo que representa Elim con sus setenta palmeras, el oasis, que con los números apostólicos representa el ministerio y en la estación de nuestra caminata. Dios en algún momento de nuestra vida, a veces por varios momentos, nos coloca bajo el ministerio; no es una sola palmera, no es una sola fuente, por eso no se refiere al ministerio de una persona, sino al ministerio colectivo del cuerpo de Cristo. Eso se llama en el Nuevo Testamento el ministerio del cuerpo, el ministerio del Espíritu, el ministerio de la justificación, el ministerio de la reconciliación, el ministerio del Nuevo Pacto, que está representado allí en Elim, y entonces, estamos protegidos por Dios, por personas que encarnan el ministerio, pero en el avance espiritual Dios no quiere que nosotros bajo el ministerio, seamos toda la vida unos calienta-bancas, donde solamente calentamos el banco y oímos lo que otros tienen que decir.

Aprender a pescar

Sí, Dios quiere que oigamos a todo lo que el ministerio tiene que decir, pero eso no es lo único que Dios quiere; Dios quiere también que nosotros aprenda­mos de Dios a recoger el maná diario que vamos a comer, pero no es tan fácil, habiendo estado acostumbrados a que nos den comida, a empezar a recoger la comida diaria que viene del cielo, y esa estación intermedia entre aprender a depender de Dios, habiendo estado primero dependiendo del ministerio, es como si fuera un momento intermedio, una situación no tan fácil. Todavía no estamos recogiendo maná, y sin embargo ya salimos de Elim y estamos en el Mar Rojo, casi como si estuviéramos empezando de nuevo; ahí en el Mar Rojo hay que pescar por uno mismo, ahí en el Mar Rojo tú tienes que pescar y sacar tus peces; porque los mariscos no estaban todavía prohibidos como alimento inmundo, todavía puede ser que hasta mariscos comieran allá al lado del Mar Rojo; o sea que existe en nuestra vida espiritual una situación cuando todavía no estamos entrenados en depender directamente de Dios, ni tampoco estamos entrenados para salir de debajo de la cobertura del ministerio. Sin embargo, hay una experiencia espiritual que se llama salir de Elim. Salieron de Elim. Llegar a Elim es reconocer la providencia de Dios a través del ministerio.

Salir de Elim no quiere decir que ya no va a ver más ministros, no va a haber más pastores o evangelistas o maestros o apóstoles o profetas; siempre los habrá, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios. Hasta que todos lleguemos allá siempre habrá el ministerio, pero la vez pasada estábamos hablando que el ministerio es como una especie de andamio. Cuando se va a construir la casa, el andamio se usa al principio, mientras que la casa coge estructura, cuando ya la casa está sólida no necesita más el andamio, y comienza el proceso de quitar los andamios, pero todavía tiene andamios, y todavía no está del todo sin andamios. Está el momento de los andamios y está el momento sin andamios, pero entre con andamios y sin andamios hay un período intermedio de ir quitando los andamios.

Al principio los hermanos no saben qué hacer, siempre es otro el que dirige los cantos, siempre es otro el que enseña, siempre es otro el que evangeliza, siempre es otro el que predica, siempre es otro el que ministra y siempre estoy bajo la unción ajena; pero Dios quiere enseñarme a tener una unción propia, pero mientras aprendo a ser dirigido por la unción directa que me corresponde directamente a mí, el maná que yo recojo directamente, hay una situación intermedia donde no estamos recogiendo lo de Dios, donde estamos pescando por nuestras propias fuerzas, todavía no es del cielo. A veces nosotros nos rebelamos del ministerio y salimos a comenzar el nuestro, pero al principio todavía no es del cielo, todavía es nuestro, todavía son cosas humanas, por eso Dios las olvida, por eso Dios guarda silencio acerca de esa etapa intermedia entre estar bajo la cobertura de las palmeras y el fluir de las doce fuentes y el aprender a recoger maná por sí solo cada mañana.  Se puede recoger maná cada mañana, pero eso no se aprende tan fácil; después nos va a tocar detenernos un poco en ese capítulo que ese sí que es largo. Dios tiene muchas cosas que decir, pero enseñarnos acerca de las muchas maneras como fracasamos, de las muchas maneras como metemos la pata no hace falta hablar tanto.

El Señor no va a estar diciéndote: mira, fracasaste aquí, fracasaste allí, metiste la pata allí, volviste a meter la pata, siempre estás fallando; Dios para qué va a hablar; simplemente nos dice que entre Elim y el maná hubo algo por allá, por el Mar Rojo, cerca del mismo mar del principio; sin embargo, para qué voy a entrar en detalle, pasemos de largo, lo importante es seguir más adelante, pero no quiero que ignoren que hay una etapa de la cual no voy a hablar mucho, porque ustedes hablan demasiado de eso. Yo, Dios, no voy a hablar tanto; y simplemente nos dice que hubo una estación en el Mar Rojo y pasaron por ahí, pero no hay nada que aprender ahí; es algo del hombre, es el hombre como saliendo, es como el muchacho; el niño tiene a sus padres, luego llega a ser adulto; bueno, tiene niños, pero mientras es adolescente no es “ni chia ni limonada”; a veces le salen gallos de niños, a veces habla ronco el muchacho, otras veces al lado de la mamita, luego quiere salir de la casa y hacer las cosas a su manera, pero y cómo va a comer, dónde va a dormir; entonces vuelve otra vez a la casa, allá es donde está la comida, allá es donde está la bebida.

Aprendiendo a ser adultos

Esa es la adolescencia, está saliendo de Elim, debajo de la protección y está aprendiendo a ser adulto, aprendiendo a comer su comida y a ser dirigido personalmente por Dios, porque al principio todo se lo consultábamos al pastor. Pastor, ¿será que puedo comer morcilla (moronga) o no? Pastor, ¿será que me puedo poner pantalones o no? ¿Será que me puedo cortar la punta del cabello o no? Hermano, ¿será que puedo ir a cine o no? Todo lo preguntamos al principio, estamos bajo cobertura y todo lo preguntamos; y si el pastor es sabio no le va a contestar. Cuando el pastor no es sabio, no es maduro, le va a decir todo lo que tiene que hacer, lo va a cuadricular, así se tiene que vestir, así se tiene que sentar, así se tiene que parar, así tiene que comer, esto si se puede comer, esto no; le va a decir todo, porque no es maduro, porque lo está llevando a sí mismo, haciéndolo depender de sí mismo. Pero acuérdense que Elim es una etapa transitoria; hay que salir de Elim, hay que salir de las faldas de la mamá; eso no quiere decir despreciar a los hermanos, eso no quiere decir ser rebelde contra el ministerio.

Esa otra lección se aprende después, pero sí quiere decir que hay que aprender a ser responsable por sí mismo; el muchacho va saliendo de casa y tiene que llegar a empezar a trabajar, a estudiar, y sus primeros pinitos en el trabajo, sus primer sueldito no le da sino apenas para mantener sus hobbies y nada más. Sigue comiendo de la mamá y del papá y en la casa del papá y la mamá. Un día él va a ser papá y va a tener su propia casa y su propia esposa y sus propios hijos, y va a ser el responsable, pero todavía no; sin embargo, no es un niño, pero tampoco es adulto, es adolescente, está en una etapa de transición y en la vida espiritual también hay etapas de transición.  Fíjense, por ejemplo, aquí en la primera carta a los Corintios, capítulo 4, se revela la etapa típica de la transición; cómo piensan, cómo actúan, cómo sienten los adolescentes espirituales; porque hay adolescentes espirituales. En la Biblia se habla de bebés recién nacidos que deben tomar la leche no adulterada, y también habla de hijitos y habla de jóvenes y habla de padres y habla de ancianos; es decir, que hay bebés, hay hijitos, hay jóvenes, hay padres y hay ancianos. A los bebés, las mamis le tienen que hacer todo; los hijitos ya caminan pero están en la casa de la mami; los padres ya tienen hijos y los ancianos ya tienen nietos; pero los jóvenes están por salir de la casa. A veces tienen que llegar a las nueve, pero si quiere llegar a las diez, tiene que buscar su apartamento solito y trabajar solito y comer solito, si ya se cree tan grande. Pero no es tan grande, está en el intermedio; ese es el joven, ese es el adolescente que está saliendo de algo pero no ha llegado a algo. Entonces el adolescente de pronto piensa que es más sabio que papá y que se las puede pasar sin papá y hacer las cosas por sí mismo; entonces piensa como los adolescentes de Corinto.

¿Reinando solos?

Dice así 1 Corintios 4:8; ahí están los Corintios adolescentes. “Ya estáis saciados (para qué vamos a estar aquí debajo de estas palmeras y de estas fuentes, vamos a pescar), ya estáis ricos, sin nosotros reináis. ¡Y ojalá reinaseis (no es que Pablo no quería que reinaran, pero en serio dice: ojalá reinaseis), para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros!”; porque cuando realmente se reina espiritualmente se es inclusivo, se es respetuoso del cuerpo, se es respetuoso del resto del ministerio; pero una persona que se levanta contra el ministerio para ser él solo el único ministerio, esa persona no es madura, ese es sólo un rebelde, ese es un muchachón, ese es un adolescente, que a veces habla ronco y a veces le salen gallitos. Espiritualmente existe esa estación. A veces dice: ya estamos saciados, ya no quiero más lo que usted tiene que darnos, ya estamos saciados, y dice: “sin nosotros reináis”, es decir quiere reinar solo. ¿Qué es reinar solo? Esto lo voy a dar sin que lo sepan los ancianos, porque si lo saben papá y mamá me van a prohibir, me van a criticar, mejor hago las cosas a espaldas; nos gusta hacer las cosas solos. Empezamos ya en el ministerio y empezamos a hacer nuestros primeros pinitos, pero que no venga fulano ni zutano aquí porque de pronto me van a dañar el pastel que yo estoy preparando. De manera que somos individualistas; pero cuando ya maduras, tú mismo lo invitas: Oiga, ¿qué le parece el pastel que estoy haciendo?

Cuando has madurado, reinas con los demás, cuando eres egoísta, cuando no eres espiritual, no incluyes a los demás. “Sin nosotros reináis”, pero cuando de verdad están reinando, cuando de verdad han vencido a la carne, al yo, al ego, reinarían juntamente con nosotros, incluiría a los demás, sería inclusivo del cuerpo, no tendría ningún problema en ser examinado por el resto del ministerio. Aun Pablo que llevaba 14 años predicando fue a conversar en privado con Jacobo, con Cefas y Juan para exponerles lo que él enseñaba, por si acaso había cometido un error, que los más antiguos lo pudieran ayudar. Eso quiere decir, reinar con nosotros; pero esa actitud de esconderse, de hacer las cosas por nosotros solos, sin los otros, esa no es una actitud madura, esa es una actitud adolescente, eso lo hacen los muchachos, esa es una estación intermedia. Claro que sí tiene que aprender a desarrollar su ministerio, tiene que aprender de aquí a poco a recoger el maná por sí mismo, lo que va a comer, y tiene que aprender a determinar lo que recoge; si recogió mucho no le sobró, y si recogió poco no le faltó, porque lo aprendió con los demás, porque vive en la comunidad. Pero si vive aislado, echando pestes contra el ministerio pero a la vez sin estar en la verdadera comunión del cuerpo, esa es una estación intermedia de adolescencia espiritual. Existe esa situación espiritual; a veces no queremos que otros reinen con nosotros, queremos reinar solitos. Salimos de Elim, pero todavía no recogemos maná; si recogemos mucho otros no comen, y todavía si recogemos poco, nos quedamos con hambre porque pensamos que lo que otros recogen no es para mí; entonces esa situación intermedia está representada en esta estación entre Elim y el desierto de Sin donde se recoge el maná. Aquí no hay maná todavía y ya no hay Elim.

Hermanos, muchas personas viven en esa situación intermedia espiritual y ¿saben qué? No piensen que hay mucho que aprender de esas personas. Cuando una persona es rebelde te va a llevar a la rebeldía. Si él está en un proceso de muchacho, empieza a hablar mal de todos, pero él tampoco hace nada bueno; quiere llevarte a sí mismo, no te va a predicar a Cristo, no te va a predicar el cuerpo de Cristo, no te va a llevar al propósito eterno de Dios; se va a predicar a sí mismo, no es digno de recordarse, no es digno de ser tenido en cuenta, no hay nada que aprender de alguien que en vez de predicar a Cristo y llevar la gente a Cristo y al cuerpo, los quiere llevar a su propia opinión, a su propio experimento, a su propia hipótesis.

Porque a veces nosotros cuando empezamos a hacer nuestros primeros pininos, lo que sembramos no es Cristo, sino nuestras hipótesis; si yo soy liviano en determinada área de los pecados, voy a permitir esa liviandad a los otros, y hasta voy a predicar esa liviandad, en vez de predicar la verdad, predico mi opinión. No es todavía el pan que cayó del cielo, no es tampoco la palabra del ministerio del Nuevo Pacto; es mi propio ejercicio, mi propia hipótesis, mi propio entrenamiento; y eso existe, y Dios no podía decir que no hay eso en el camino. Sí, esa etapa existe, es una situación espiritual, pero no es nada buena, no hay nada que aprender de las personas que están en esa situación; hay que pasar lo más pronto posible a una situación más avanzada.

En Elim se demoraron bastantes días, pero aquí en el Mar Rojo fue una sola noche, como se llega de Elim al Wadi de Tabiyé donde fue aquella estación, en ocho horas, pasaron por ahí y continúan para más adelante a recibir pan del cielo cada uno; esa estación intermedia, el Yam Sof, o el Talace Eritram o el Mar de Eritrea o el Mar Rojo, Mar de Edom no es una estación que sea digna de durar mucho tiempo. Dios no quiere que nos estemos mucho tiempo en esa situación; no hay mucho que aprender cuando se está en la adolescencia; ojalá lo más pronto que se pueda madurar maduremos y empecemos a recoger maná del cielo, pero acogerlo en y con la comunión del cuerpo.

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4.- Traspasando la frontera
5.- ¡Toma tu cruz y sígueme!
6.-Ministerios en la Iglesia

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Comentarios en: "La etapa “adolescente”" (3)

  1. HOMENIC fuentes dijo:

    animémonos unos ha otros a crecer; ayudemos al niño a caminar para que cuando este crezca ayude al igual a otros niños: no permitamos que el enemigo estanque el crecimiento de la iglesia del SEÑOR: ANIMO HERMANO PROSIGAMOS A LA META: SALUDOS

    1 Corintios 13:11: Cuando yo era NIÑO, hablaba como NIÑO, pensaba como NIÑO, juzgaba como NIÑO; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de NIÑO.

    Hebreos 5:14: pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los SENTIDOS ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.

  2. […] Ramesés; segundo, Sucot; tercero, Etam; cuarto, Pi-hahirot; quinto, Mara; sexto, Elim; séptimo, Mar Rojo; octavo, desierto de Sin; noveno, Dofca; décimo, Alús; once, Refidim; doce, desierto de Sinaí. […]

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