¡Viaja inteligentemente!

Tomado de 20 Enemigos del Matrimonio – Rodolfo Loyola

La comunicación moderna ha revolucionado al mundo, ha acercado a los países y las culturas, es de gran ayuda para la educación, la técnica y la ciencia. En fin, la comunicación es algo estupendo, pero tiene áreas de peligro si no sabemos situar bien los linderos.

Por medios de comunicación se pueden entender muchas cosas, tales como un camino, la palabra hablada, la palabra impresa, las señales gráficas o acústicas; ríos, telégrafo, teléfono, la radio, internet, medios de comunicación masivos como la radio y la televisión, etc.

Pero quiero referirme a los medios de comunicación masiva y más concretamente al cine y la televisión. Como decía una revista, la televisión es el cine en casa.

Estos medios de comunicación masiva nos han llevado a las grandes contradicciones: comunicación unilateral que es incompleta, esto hace del individuo un consumidor mudo; recibe información, desinformación, deformación, sin que él pueda manifestarse y llegar a su interlocutor.

Por otro lado, al irse perdiendo la comunicación humana por causa de la comunicación técnica, encontramos o podemos encontrarnos más interesados por lo que le sucede a los hijos de la reina de Inglaterra que lo que sucede a nuestros propios hijos. Nos puede atraer mucho más la nación vecina, pero no nos atrae nada el vecino del apartamento contiguo al nuestro. En la época de la comunicación, la juventud se está volviendo solitaria. Es usual ver a jóvenes con sus celulares y audífonos caminando por las calles o viajando en transporte público, que ni ven ni oyen a las demás personas.

Analicemos: ¿Quiénes son los profesionales de los medios de comunicación masiva?, más del 90 por ciento son agnósticos, ateos, humanistas, racionalistas, existencialistas y casi todos antirreligiosos. Para todas estas filosofías no existe un patrón moral válido para juzgar ninguna situación. Todo es tan relativo, que lo que tiene marcada importancia es el dinero; lo que se vende, lo que gusta, no importa caiga quien caiga, ni a quien se haga daño.

Los profesionales de la comunicación, tienen una ventaja sobre la juventud y la familia en general para dar sus mensajes; son expertos, se hacen famosos, se les crea una imagen sumamente atractiva, de manera que cualquier cosa que dicen o hacen, lo dicen y lo hacen bien y en situaciones psicológicamente muy oportunas y muchas veces lo que te hará más daño como cristiano lo dice un personaje con el que simpatizas y te identificas.

Mucha gente sigue y trata de imitar lo que hacen las estrellas del cine y la televisión y éstos crean modas, y no sólo en lo que respecta a la forma de vestir, sino que van más allá, llegando a crear modas incluso de formas de comportamiento.

Detrás de Elvis Presley y los Beatles (por citar algunos) han quedado montones de vidas destrozadas. El espíritu anticristiano que reina en estos medios es tal, que cuando en una película sale, por ejemplo un pastor, casi seguro que es o acaba siendo, un embustero, un borracho o un adúltero. Suelen ponerle una voz de hipócrita bien repelente, de manera que si un creyente es un poco incauto queda humillado y dañado.

Hay miles y miles de siervos de Dios que se consumen en el servicio, en el anonimato, hombres limpios que viven rescatando vidas destrozadas por el vicio y el pecado; pero éstos no interesan, no son noticia, son normales.

Se usan también, en estos medios, las famosas muletillas o frases clave, que no encierran ningún hecho concreto probado, pero que suelen impactar a las posibles víctimas. Por ejemplo: “ya se sabe”, “está comprobado que…”, “es un atraso pensar que”, “hoy nadie cree que…”, “según fuentes bien informadas”, “no cabe la menor duda…”, “antes se creía que…”, “pero…es bien sabido que”, etc. etc. y todo esto puede ser totalmente inconsistente, pero usado con astucia y mala voluntad, da su fruto.

“La televisión es un instrumento terrible que literalmente nos debe hacer temblar: con él se puede construir o destruir la conciencia de los seres humanos. El poder de la televisión es tan inmenso que un Estado Totalitario puede hacer lo que quiera de un pueblo. Si cualquiera tuviese en sus manos la televisión de un país, podría hacer un pueblo budista, vegetariano o racista. Es evidente que se promueve en el alma de los televidentes esa tendencia natural al mal que, desgraciadamente, forma parte de la condición humana. Si está bien hecha es una auténtica escuela de violencia y el aliado más poderoso de la alienación del hombre contemporáneo; es de los peores vicios de la sociedad de consumo”. D. Ernesto Sábado

No repetiremos con el poeta que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, pero al menos, hace unos años teníamos un cine y una televisión que era para entretener y divertir y, aunque sabemos que “los finales felices”eran un piadoso engaño, sin embargo, no constituían una amenaza para las familias.

No me considero un puritano ni un retrógrado. Tengo los ojos bien abiertos. Tengo preocupación por los efectos dañinos que ya está haciendo en las familias la “todopoderosa” pequeña pantalla. El apóstol Pablo dijo: “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”.

Las parejas de los filmes y telenovelas  de hoy rara vez se casan; ésa no es la moda, sino que con toda normalidad, la más virtuosa y encantadora criatura del elenco se acuesta con quien le apetezca, como algo muy natural. Nacen los niños sin padre y nadie se extraña ni lo reprocha. La permisividad y el relativismo es tal, que las escenas amorosas, con desnudos incluidos, rayan casi en la pornografía; pero como se está transmitiendo en horario “familiar” entonces no puede ser malo ¿será?…

“Lo mejor hecha de todos los tiempos”, dijo con cierto cinismo un cantante de rock. El vocabulario usado en el cine actual y en la televisión no tiene linderos; a falta de originalidad, van las peores palabras “oportunamente dichas”. Aun en el propio hogar se pueden recibir verdaderos atentados contra el amor, los buenos sentimientos y la paz.

He aquí algunos consejos para no “depender” de la televisión:

1. Hacer un serio análisis para ver quién manda en casa, la televisión o los televidentes. ¿Quién posee a quién? ¿Controlamos o somos controlados?

2. Procurar mejorar las relaciones familiares:

a). Orando a Dios, juntos, los unos por los otros.

b). Interesarse por el deporte, el trabajo o los asuntos sentimentales de los demás de la familia.

c). Ver juntos los programas escogidos y discutir o dialogar acerca de las actitudes dudosas de personajes.

d). Si los niños son pequeños, se les debe ir enseñando a hacer diferencia entre la realidad de la vida y la mentira del cine.

e). Promocionar juegos familiares sanos, donde los padres enseñen jugando a perder y no hacer trampas.

f). Promocionar la lectura de buenos libros en casa, no solamente de orientación cristiana, sino también seculares que los hay, y muy buenos, y con entrañables buenos ejemplos de amor, heroísmo, lealtad, etc.

g). Estar preparados para hacer valer, con buen criterio, nuestra opinión sobre los medios de comunicación y poner cada cosa en su lugar.

Gracias a Dios, porque estos medios también se usan para predicar el Evangelio y compartir a Cristo con otros.

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