¡Viaja inteligentemente!

El Diezmo.

Con relación a la practica de diezmar, existen básicamente dos corrientes dentro de los cristianos, una que establece que toda vez que vivimos bajo el nuevo pacto, no estamos obligados a diezmar pues esto fue parte del antiguo pacto y por tanto aplica lo establecido por Pablo quien dijo “cada uno dé cómo propuso en su corazón, no con tristeza ni por necesidad porque Dios ama al dador alegre” (2 a Corintios 9:7). Y por otro lado están quienes consideran que el diezmo debe formar parte de la vida cristiana de los creyentes bajo el nuevo pacto partiendo del hecho que Jesús dijo: “Mas ¡ay de vosotros, fariseos! que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza, y pasáis por alto la justicia y el amor de Dios. Esto os era necesario hacer, sin dejar aquello” (Lucas 11:42)  La frase: “sin dejar de hacer aquello” o significa “sin dejar de diezmar”.

En mi opinión personal ambas posturas merecen mi absoluto respeto, y sin pretender hacer polémica alguna, o un estudio profundo, les ruego me permitan exponer mi punto de vista y experiencia personal sobre este asunto esperando que les resulte de bendición.

Recuerdo que por casi cinco años, me negué rotundamente a diezmar, puesto que pensaba que el diezmo era el “gran negocio de los Pastores”, y cuando escuchaba alguna predica donde se mencionara Malaquías 3:8 “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas.”, yo era de las personas que abiertamente decía, que es imposible robarle a Dios, puesto que Dios es el dueño, amo y Señor del universo y que todo es de Él; Adicionalmente decía que Dios no necesitaba de mi dinero para que la obra evangélica continuara, y así en ese orden de ideas, me limitaba a ofrendar “como propuse en mi corazón”.

Por otro lado al igual que la gran mayoría de mis hermanos y amigos, sentía que no había salario que me fuera suficiente, así que nadaba en un mar de deudas. En repetidas ocasiones cuando íbamos de compras al supermercado fue necesario dejar en la caja registradora diversos artículos pues sencillamente no nos alcanzaba el recurso económico para pagar. Situaciones como está me hacían pensar lo siguiente: “¿cómo es posible que siendo yo hijo del gran Rey, del Dios Todopoderoso dueño del universo, no gane yo lo suficiente para sostener a mi familia con decoro?, ¿Por qué Dios no me bendice como bendice a otros?, En fin, así una serie de pensamientos similares a los que escucho hoy día de muchos de mis hermanos cristianos. Así las cosas me encontré un pasaje bíblico que había leído muchas veces sin descubrir parte de su significado y me refiero al la parábola de los talentos en Mateo 25:14 al 30 que dice en el verso 15: “A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad;…” el Señor repartió seis talentos, conforme la capacidad administrativa de cada cual, pasado el tiempo el Señor regresa a hacer cuentas con sus siervos por los talentos encomendados, recuerde que los dos primeros duplicaron sus talentos y el ultimo temeroso, lo enterró y así mismo le devolvió al Señor el talento tal y como lo recibió. Este pasaje me enseñó entre otras cosas, que los hijos de Dios somos administradores de los bienes del Señor, puesto que nada es nuestro, y que Él nos da en administración tanto como seamos capaces de administrar, en otras palabras, el que mejor administra, más tiene.

Ahora bien, el concepto de administrar los bienes de Dios, no solo se refiere al dinero, sino también a los talentos y dones espirituales, no podemos pasar por alto que nos debemos a Dios por completo, sin embargo no tocaré ese tema ahora. Pues bien, volviendo al dinero, me pregunte ¿cómo enseña la Biblia que debo ofrendar?, ciertamente ya sabía que “era según lo hubiese propuesto en mi corazón”, pero ¿era suficiente?.

El apóstol Pablo enseño: “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas.” (1 Corintios 6:12) La frase: “según haya prosperado”, me dio la clave, pues ¿cómo calcular la prosperidad?, ¿Existe acaso alguna fórmula simple de entender?, Hoy tengo estudios en finanzas y administración y lo entiendo muy bien, pero de ninguna manera es necesario tener este tipo de preparación para comprenderlo, y en aquel entonces por supuesto que yo no lo tenía, así que una vez mas el Espíritu me llevó al antiguo testamento para estudiar el diezmo, y analice lo que significa el diezmo.

En principio el diezmo, es la décima parte de un todo, así que de 10, el diezmo es 1, de 100, son 10, de 1000 son 100 y de 10,000, son mil, en todos los casos entregando el diezmo, uno conserva la mayor parte, siguiendo los ejemplos, entrego 1 y conservo 9, entrego 10 y conservo 90, entrego 100 y conservo 900, entrego 1000 y conservo 9000, observé que siempre conservo la mayor parte o sea el 90 porciento de un todo, esto me hizo dar cuenta que Dios nunca ha sido gravoso, y que el ejercicio del diezmo, no-tenia la finalidad de quitarme algo, sino de enseñarme a compartir con el Señor de las ricas bendiciones económicas que Él mismo me da, así mismo aprendí que el diezmo tenía la finalidad de sostener a la tribu de Leví (Nehemias 18:21-28, Hebreos 7:9)quienes no recibieron tierra por heredad y les fue conferido el ministerio del sacerdocio entre el pueblo judío, en otras palabras, el diezmo era para el sostén de la iglesia y sus ministros. Hoy día nuestras iglesias necesitan del mismo sostenimiento al igual que los Pastores, misioneros y ministros que trabajan de tiempo completo en la obra evangélica.

Finalmente comprendí que aquella tan buscada fórmula para calcular la prosperidad, ya había sido dada por Dios, “el diezmo”, de tal forma que comprendí que mi ofrenda mínima debía ser precisamente la décima parte de mis ingresos, o sea que el diezmo es lo mínimo que yo debo ofrendar a Dios, y toda la cantidad que rebasa el diezmo se constituye en ofrenda. Nada de esto se contrapone con la frase: “cada uno de cómo propuso en su corazón” pues me ha quedado claro que como cristiano mi corazón debe “proponer” por lo menos el diezmo de mis ganancias.

Les confieso que después de casi 5 años sin diezmar no fue fácil, en principio practiqué el siguiente ejercicio: cada vez que recibía mi salario, o cualquier otro tipo de pago por ganancia, apartaba inmediatamente el diezmo (hasta el día de hoy), pues consideré que así como la empresa me descuenta impuestos y demás conceptos, yo adicioné uno más, “el diezmo”, así que dejó de ser parte de mi presupuesto, pues ya había sido apartado para el Señor. Muchas veces estuvimos mi esposa y yo tentados a echar mano del diezmo para cubrir ciertas urgencias, pero nos reprimimos de ello gracias a Dios, y pasado el tiempo el Señor que siempre ha sido fiel sigue cumpliendo su promesa contenida en Malaquías 3:10: “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde“. Ciertamente el Señor derrama bendiciones hasta que sobreabunden. No soy millonario y ni siquiera soy rico, pero los días aquellos en que las deudas y los apuros económicos nos quitaban el sueño se han quedado muy, muy atrás, pues el Señor me ha bendecido con lo suficiente para sacar adelante a mi familia sin estar sufriendo el peso de las deudas, y comprendo que no “tengo más” porque no tengo esa capacidad delante de Dios y he aprendido también que contar con la vida y la salud son ya bendiciones más que ricas.. “¿no es la vida mas que el alimento y el cuerpo mas que el vestido?” (Jesús en Mateo 6:25).

Así en mi concepto muy personal, no considero que el diezmo sea una obligación sino más bien un verdadero privilegio y motivo de gozo, pues he aprendido y visto las ricas bendiciones de Dios quien no se queda con nada.

Aporte del Hno. Gustavo.

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