Editor: Esdras Mendoza Rios

¿Podrán hacer daño a otros nuestras oraciones? ¿Podrán nuestras oraciones causar  problemas adicionales o hacer que las cosas empeoren? ¡Seamos realistas! ¡Muchas oraciones no son contestadas de la forma que se pidieron! ¿Por qué no encontró trabajo el  hermano Julio? Hay gente que ora para que brille el sol, y sin embargo llueve. Hay  hermanos que oran para vivir, y mueren. Jesús y Pablo oraron tres veces respecto a  cuestiones específicas, tan sólo para que se les negaran. Piense un poco más.

¿Por qué continuar orando si uno no consigue lo que quiere? Esta es la pregunta que se hace la gente egoísta, que desea bendiciones ¡a cambio de oraciones! Hay otros a quienes —creyéndose humildes— les apena orar para tener bendiciones para sí mismos. Esta es la paradoja de la oración, el misterio profundo de la oración.

¿Qué hemos aprendido? El poder no se encuentra en la oración, sino ¡en Dios! Dios es un Dios que escucha  y contesta oraciones. La oración es poderosa porque Dios escucha y obra. Cuando buscas a Dios, obtienes guía; cuando buscas guía sin Dios, no obtienes nada.

No hay nada que sea simple acerca de la oración ¡a pesar de lo simple que ella es!

Espero que haya quedado claro que  la oración perseverante y la fe confiada son inseparables. El creyente que ora  perseverantemente, – no hay que confundirlo con hablar mucho-, lleva dentro de sí mismo una fe viva y confiada. No se podría insistir si no se creyera que se  va a ser escuchado y que, tarde o temprano, se realizará lo que se pide. Por tanto, el creyente de fe no puede ser sino el orante perseverante que se ve y se sabe más fortalecido entre más insiste porque más confía en Dios, a quien se dirige.

Se nos invita a confiar en la bondad y providencia de Dios en medio de un ambiente y unas relaciones corrompidas. En cuanto hijos de Dios tenemos el derecho de pedir su justicia cuando en nuestro mundo no existe la nuestra con la certeza de que seremos escuchados y fortalecidos en la fe y la esperanza. Esperamos confiadamente lo que aún no vemos porque ya lo hemos verificado en la persona de Jesús: en Él se nos ha acercado la justicia del  Reino de Dios como en nadie, Él es y será la mejor respuesta a nuestras insistentes peticiones.

Puede que la oración no nos haga sentir bien. Los millones de libros sobre la oración que nos inundan, testifican
acerca de “experiencias cumbre en la  oración”. Esto puede que venda libros,
pero no es bíblico. La gente de la Biblia “caía de rodillas” o “se postraba de cara al suelo”. ¡No tenían “experiencias cumbre” allí! Jesús, cuando estaba en agonía de muerte, ¡sudó gotas como de sangre estando en oración! No tuvo ninguna “experiencia cumbre” allí.

¡La oración y el “sentirse bien” muchas veces no se combinan!

La oración es sacrificio…, la oración puede terminar en sufrimiento. La oración no debería hacer que uno se sienta “religiosamente superior”.

¡Toma tiempo entrar a la presencia de Dios! Toma tiempo estudiar la Biblia; toma tiempo adorar; toma tiempo ser santo; toma tiempo orar. La oración es solamente para el desvalido, el humilde. En la oración hablamos a Dios, al Creador del universo. ¿Qué le diría uno a un rey, a una celebridad, a un héroe de renombre? ¿Qué le diría uno al todopoderoso Dios? Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí.

Yo hablo, ¡y Dios escucha!

¡Asombroso! Dios no sólo permite que suceda, sino que ¡lo ordena!

En la oración lo que debemos querer es
conocer a Dios, ¡no es usarlo! No podemos tener acceso al poder de Dios sin
tener a Dios. Esta es la cuestión.

El hombre no sabe, y no puede saber. Job tuyo que aprender esta verdad por la vía difícil. ¡El creyó que podía disputar con Dios! Se llenó la boca de argumentos. ¡Luego Dios vino! Dios hizo las preguntas. Job no pudo responder ni siquiera una de las preguntas más básicas que Dios le hizo, acerca de la vida. Job se arrepintió y aprendió bien su lección. Dios es Dios y el hombre es el hombre.

No obstante, Dios involucra al hombre en su obra. ¡Muchos creen que el cielo va a ser un eterno cuestionar en el que Dios va a estar respondiendo a las preguntas! ¡No apueste a ello!, el hallar a Dios, y lo que él quiere, es más importante que lo que queremos nosotros.

El saber por qué algunas oraciones son contestadas afirmativamente, y otras negativamente, es tener la mente de Dios. Las cosas secretas pertenecen a Dios. Los cielos son todavía más altos que la tierra. Dios es el creador; nosotros somos su creación. El comprender la oración es pretender ser Dios. Además, si el hombre lo supiera todo, ¿por qué orar? ¿Creemos en Dios, o en nuestro concepto idolátrico de la oración? Si creemos en Dios, entonces oraremos y calladamente esperaremos.

El hombre necesita a Dios… no sus explicaciones.

El éxito de la oración no está en lo que obtenemos de Dios, sino, en lo que él
obtiene de nosotros. Esta observación es crucial para nuestras vidas de oración. La oración a Dios no está diseñada para  hacernos sentir bien —está  diseñada para mantenernos en la humildad. La oración no es nunca un substituto del trabajo, ni del pensamiento, ni del estar velando, ni del sufrimiento, ni del dar. La oración es el fundamento de todos estos esfuerzos. ¡En la oración Dios hace posible que lo mejor de nosotros pueda salir!

Trágicamente, la mayoría de nosotros cree que Dios puede actuar sólo de una manera. La Biblia nos dice que algunas veces, ciertas situaciones empeoran, antes de que puedan mejorar. Esta es la verdad de la cruz. Si no hay cruz, no hay corona. Puede que Dios, incluso, haga lo opuesto a lo que esperamos. Un principio fundamental de la fe es estar preparado para lo inesperado de Dios. ¿Se le puede confiar a Dios en la oscuridad? Dios puede dar sólo donde encuentra manos vacías y abiertas. Parece ser más fácil confiar en Dios en lo que concierne a la vida eterna que en lo que concierne a la vida diaria.

Hay otros, quienes con falsa humildad, no desean “molestar a Dios”. ¡Adelante! ¡Moléstelo! ¡A los padres les gusta que los molesten sus hijos! Los padres disfrutan el mirar a sus hijos creciendo y madurando. No hay nada demasiado pequeño, ni demasiado grande, para Dios. Cualquier cosa que sea demasiado pequeña, como para orar por ella, es demasiado pequeña como para que sea una carga por la cual preocuparse.

El creer que algo es demasiado grande para Dios es falta de fe.

Extractos acerca de la oración parte 5
Extractos acerca de la oración parte 4
Extractos acerca de la Oración 2da. Parte.
Extractos acerca de la Oracion 1a Parte.

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